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12 marzo 2006

ILDEFONSO GÓMEZ URBÁN (II)


Pasa luego al colegio de San Benito (Sevilla) como maestro asistente. Aquí le sorprende la Guerra Civil. Hay todavía testigo de las reiteradas visitas al General Queipo de Llano para interceder por nuestros paisanos hechos prisioneros. Visita a menudo el Hospital Central; su celo sacerdotal por los enfermos le ocasiona serias complicaciones. A punto están los milicianos de darle muerte. La intervención de algunos vecinos de Fuentes que lo conocen como salesiano le salva.
Sigue don Ildefonso entregando su juventud con ardor apostólico en Arcos de la Frontera, Triana y Ecija. En 1941 lo nombran catequista consejero de Carmona en los años difíciles de la posguerra. De aquí pasa a San José del Valle con el cargo de Vicepárroco. Vuelve de nuevo a Arcos para continuar después en Jerez, Utrera- Consolación, Granada, Algeciras, Sevilla- Macarena, Utrera- Consolación y establecer definitivamente su morada en medio de la juventud pobre de Sevilla, donde le sorprende la muerte.Estando en Jerez recibió, más de una vez a su madre doña Manuela Urbán, acompañada de su hermana, Dolores Urbán; las dos habían enviudado muy jóvenes, las dos tenían 4 hijos y las dos vivían en la calle Estrella; estaban muy unidas las dos familias. Iban en tren desde Fuentes a Jerez y como la estación de Jerez estaba algo alejada de la población, los Domecq mandaban un carruaje, para que llevaran a las dos hermanas hasta el convento de los salesianos, para visitar a don Ildefonso Gómez.
Tres puntos neurálgicos de Sevilla polarizan la atención de don Ildefonso: Hospital, Capitanía y Estación de autobuses del Prado. De forma que cualquiera que venga de Fuentes, enfermo, recluta, a buscar pisos o tramitaciones oficiales, puede estar seguro de encontrarlo en alguno de estos sitios o colgado del teléfono en el Hogar de San Fernando. Este menester le granjea el título de “Cónsul de Fuentes en Sevilla”. Pero es más, se las ingenia para que a nadie le cueste nada.
Se preocupa de todo el mundo. Quien quiera que tenga un problema del tipo que sea y se lo confié al “Cura de la gallina”, porque a la familia de su madre la conocían en Fuentes como “la Gallina”, puede estar seguro de encontrar solución.
—Dígame los quintos que tiene en lista.Le dicen al verlo entrar en las dependencias militares, también de ahí el nombre de “el Cura de los soldados”.

Don Ildefonso visita mucho Fuentes, viene a visitar a su familia y a sus compañeros salesianos. Por la Casa de los Salesianos de Fuentes pasan como directores don Rafael Tormo, don Ricardo Acuña, don José Novoa y don Rafael Infantes; contándose entre los salesianos más recordados don Ángel Caballero, don Francisco Olmedo, don Ubaldo González, don Tomás Aranda y 20 más que pasaron por la obra, supieron hacer presente el carisma de Don Bosco en los niños fontaniegos y en la población de Fuentes. Pero el talón de Aquiles de la fundación de los salesianos en Fuentes, desde sus comienzos, fue la escasa dotación de medios y de alumnos. En la visita de inspectoría de 1945, don Florencio Sánchez anota la existencia de tres clases con una matrícula de 185 alumnos nominales de los que sólo son efectivos 118 el día de su visita, miércoles 20 de junio.Las dificultades del alumnado por el desarrollo de la enseñanza pública; dificultades económicas por lo exiguo del capital fundacional, el aumento del coste de la vida y el pago de profesores seglares, al no poder ser atendidas solamente por salesianos. Todo ello hace que en determinado momento resulten inviables. Hay fuerte absentismo de los alumnos en las épocas de recolección; se vive una penuria de recursos; se monta el bachillerato libre con pocos alumnos.En los años sucesivos se plantea la continuidad de la Fundación, hasta que en octubre del 1948 el último director, don Rafael Infantes, devuelve todos los bienes de la Fundación al Patronato. Ese día don Ildefonso está muy triste.Ha concluido una obra de 18 años que ha producido abundantes frutos en el pueblo de Fuentes de Andalucía.


El domingo 7 de julio de 1957, don Ildefonso está en Fuentes como Orador Sagrado en la primera misa que dirá su sobrino, también salesiano, don Antonio Gómez Ruiz, cuyo Padrinos Eclesiásticos serán: don José Ojeda, párroco de Fuentes y don Salvador Hernández, director del Hogar de San Fernando en Sevilla. Los Padrinos de Honor serán: su padre don Ramón Gómez Urbán y su madre doña Rosario Ruiz Milla.
Pertenece al capítulo de hechos consumados la renuncia a la Fundación en 1968 por parte de la Congregación salesianas. Y es, asimismo una realidad también, la aceptación de la misma por la Compañía de Jesús, en 1970 para montar una Escuela Hogar de Formación Profesional. Se celebra una reunión en el Puerto de Santa María el verano pasado. Allá que va don Ildefonso. Todo parece aconsejarle el abandono de tal pretensión, pero no cede un ápice.

Doña Rosario Ruiz Ramos, viuda de Sánchez Ibangüen y Corbacho regala al pueblo de Fuentes un edificio para una fundación benéfica. Monta un centro educativo para atender, en lo posible, a todos los niños dispersos por la comarca. Levanta un edificio grande, céntrico y dotado de bonita iglesia. Lo pone en manos de los salesianos, A lo largo de varios lustros el espíritu salesiano va penetrando hondamente en las familias fontaniegas. Aún hoy la devoción a María Auxiliadora sigue viva a pesar de los años transcurridos desde el cierre de la casa por imperativos del reajuste de las obras salesianas de Andalucía.

Esta es la espina que lleva clavada don Ildefonso “el Cura de la gallina”. La idea de la vuelta de los salesianos a Fuentes se hace en él una obsesión. Es la mayor de todas sus ilusiones.El pueblo entero es testigo de las atenciones solícitas de don Ildefonso, orientaciones, solución a problemas... Un vecino de Fuentes, declarado desertor es condenado a muerte en un consejo de guerra. La pronta intercesión de don Ildefonso ante la esposa del coronel le salva. Si llega la Pascua pasa por las distintas familias para facilitar el cumplimiento pascual de los mayores. No se niega a nadie. Pronto está para prestar sus servicios ministeriales. Nada de visitas protocolarias. No tiene enemigos. Y es de destacar la confianza ilimitada puesta en Dios, padre bueno, y cómo la sabe inculcar en los casos más difíciles.Entre las anécdotas que cuentan sus amigos figura la siguiente: “De vuelta del campo, tan entrañable para él, en compañía de don Juan Guzmán, regresan subido en un borriquillo. Por lo visto el asno, que no viene muy a gusto con los jinetes, se pone a dar saltos hasta dar con ellos en el suelo. Vaya tela..., esto es vergonzoso, morir de la caída de un burro. Si fuera de la caída de un caballo”.
“Doy gracias a Dios por el bien que me ha permitido hacer en estos 25 años y le pido perdón por las omisiones que me reprocha mi conciencia”. (Bodas de Plata sacerdotales).

Al hacer, como todos los años, la planificación de la temporada del verano, don Ildefonso Gómez Urbán, muestra no sólo falta de interés por pasar unos días de reposo en la soleada Colonia de Jabugo, sino, por el contrario, una obsesiva aversión. El pretexto que aduce constantemente es que no puede ausentarse de Sevilla porque importantes asuntos requieren de continuo su presencia.No hay recurso humano que logre convencer. De este modo sus continuas idas y venidas por la ciudad se prolongan durante los meses del estío. Finalmente, la temporada veraniega de Jabugo termina. Nos volvemos a encontrar todos de nuevo en Sevilla. Observamos que don Ildefonso va perdiendo color y peso visiblemente. Se lo hacemos observar. No obstante no pierde el buen apetito. Le hacemos notar la conveniencia de potenciar más su régimen culinario. En vano. Sigue tomando lo mismo. Y, sin novedad, transcurre la primera semana de septiembre.El martes 11 de septiembre. De “Motu Proprio”, se hace análisis de sangre en el laboratorio de la Beneficencia Provincial:—He estado en el médico y me ha recetado estas medicinas, me dice a las 10. Espere un momento que regrese don José Manuel y enseguida las tendrá, respondí.

Con normalidad transcurre la cena. Sobre las 10,15 de la noche oímos golpes fuertes y espaciados en la puerta posterior del despacho. Nos encontramos el Jefe de Estudios y un servidor confeccionando las listas de alumnos del nuevo curso. Es don Ildefonso.—Que llamen al médico de urgencia, me encuentro muy mal.

Así se hace. Con un pequeño retraso llega el médico. Lo examina detenidamente y receta unos medicamentos. Siente angustia por quedarse solo. Le advertimos que si nota algún malestar durante la noche toque en el tabique. Así lo hace varias veces acudiendo el joven salesiano que duerme en la contigua habitación.

El miércoles 12 de septiembre de 1973, a los 73 años de edad, 47 de profesión religiosa y 38 de sacerdocio; por la mañana se le sube el desayuno. Come con buen apetito. Se limpia y arregla la habitación. Sobre las 11 llega el médico del Hogar. No nos previene de nada grave. A los veinte minutos el practicante también del Hogar, le pone las inyecciones. Para alcanzar una mejoría. Se encuentra más tranquilo. Le aconsejamos dormir un poco, ya que la noche anterior la ha pasado mal. Dejamos la habitación a media luz. A los diez minutos entrega su alma a Dios.

Termino estos breves apuntes biográficos concediéndole el tercer titulo “El Santo”. Todos los chiquillos se lo dicen. Hasta puede que no conozcan su verdadero nombre, pero todos a una por “El Santo” le identifican. Así de sencillo es. Incluso alguno más atrevido, pero no menos cariñoso, escriben su nombre en el polvo de los cristales del coche de la funeraria que lo lleva al cementerio de Fuentes de Andalucía, su pueblo.La figura de don Ildefonso Gómez Urbán pertenece ya a la Historia de los salesianos y a la Historia de Fuentes.

RECORDANDO A DON ILDEFONSO
De Encarnación González Rodríguez

Del cielo cayo una estrella
y en la tierra germino
se llamó “San Ildefonso”
por que así lo quiso Dios.

En Fuentes de Andalucía
fue donde este hombre nació
proponiéndose una meta
es la de servir a Dios.

Su familia necesita
de su ayuda material
y la ilusiñon de su vida
tardaba cada vez más.

Hasta que llego la hora
del servicio milita y
al terminarlo, su sueño
se hicieron realidad.

El día que canto misa
nunca lo pudo olvidar
porque unido a su alegría
la pena llevaba ya.

Fue la muerte de su padre
que lo iba a apadrinar
y Dios quiso que en el cielo
padrino tuviera ya.

Hizo mucho por el pueblo
por toda la Humanidad
enfermos y desvalidos
niños en particular.

Y con María Auxiliadora
que fue su faro y su guía
fundaron los salesianos
en Fuentes de Andalucía.

Si en algún hogar de Fuentes
algún problema tenían
buscan a don Ildefonso
porque el lo resolvería.
Por eso el pueblo de Fuentes
nunca lo podrá olvidar
a este, su san Ildefonso
que al cielo nos llevara.


Fuentes de información: Fragmento del comunicado editado por la revista salesiano “Hogar de San Fernando” en calle don Fabrique, 59, Sevilla. Internet; y sobretodo su familia. Y recuerdo como una página íntima, inolvidable para mí, ciertos diálogos con don Ildefonso, siendo yo niño.

ÁLBUM DE FOTOS

Partido de futbol entre los salesianos y los trabajadores de la residencia. De izquierda a derecha: portero, arbitro (don Ildefonso) y capitan. Jabugo 12 de septiembre 1965.

Con el cardenal Bueno Monreal, en la Casa San Fernando (Sevilla)

En el día de su ordenacion sacerdotal

Con Monseñor Bueno Monreal, en el Hogar de San Fernando.

Estampa de las bodas de plata sacerdotales de don Ildefonso.

Don Ildefonso en el año 1963.

Jerez de la Frontera, Torre del Oratorio, año 1950.

En la primera misa de su sobrino don Antonio Gómez Ruiz, don Ildefonso era el Orador sagrado, 7 de julio de 1957.

Recordatorio de sus bodas de plata.

En la plaza de Jabugo, detras la párroquia, 15 de agosto de 1965.

Sevilla 1968.

En el homenaje al salesiano don Rafael Infante en Fuentes, el 9 de mayo de 1971.



1 comentario:

Unknown dijo...

Era mi tio-abuelo D.E.P. Buena persona y mejor corazón. Gracias por la biografía, es un fiel reflejo del amor que tenía por su pueblo y sus paisanos.