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25 marzo 2012

ALONSO RUIZ FLORINDO CARMONA (1753-1793)

Bienvenidos. La riqueza de un pueblo la crea sus personajes. En este blog se encuentran la mayoría de ellos


Hijo de Alonso Ruiz Florindo y de María Rosa Carmona, nació el domingo 7 de octubre de 1753:
“(…) En ocho días del mes de octubre de mel setecientos cincuenta y tres años yo don Alonso de Lor theniente de cura, Baptise a Alonso Joseph hijo de Alonso Ruiz Florindo y María de Carmona su mujer nacieo El domingo siete de dho mes fueron sus padreinos don Thomas Gadeo Diacono y doña Catalina su hermana”.

Alonso Ruiz Florindo Carmona, foto reciente del interior de la Parroquia Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía.


Se formó al lado de su padre, con el que debió mantener intensos contactos laborales. Como ya es habitual no hay noticia del contrato de aprendizaje, lo que puede explicarse por no ser necesario al instruirle su propio tutor. Este periodo formativo transcurriría a lo largo de la década de los sesenta, pasando, sin solución de continuidad, a la oficialía, de manera que a mediados de la siguiente década estaba en condiciones de examinarse de maestro.


Su obra de mayor envergadura, el pósito, pone de manifiesto un giro en el estilo, con lo que hay que pensar en el influjo de algún agente externo. Tal vez la estancia en Sevilla, en vísperas del examen de maestro, a principios de los setenta, le ofreció una oportunidad para forzar la evolución estilística que en esos años empezaba a hacerse patente en la arquitectura española.
De cualquier modo no abandonó totalmente en su producción los caracteres fijados por la práctica constructiva familiar.


En su carrera hay que señalar el paso por las localidades del El Arahal y Palma del Río, donde pudo haber participado en algunas obras. Su mujer procedía del Arahal y es posible que la conociera en la localidad mientras anduvo ocupado en alguna obra, aunque en la dote manifestara ser de Fuentes. Eran los primeros años setenta. Una década más tarde se encuentra afincado en Palma del Río, dedicado también a obras de arquitectura.


En 1771 se casa con María Fernández, hija de Diego Fernández y de Ana Martín:
“En la villa de fuentes en domingo veinte y ocho días del mes de Abril de mil setecientos setenta y un año Yo Don Andrés Alonso del Corral cura de la Yglesia Parroquial de Santa María la Blanca de dha villa auiendo precedido las tres Canónicas Moniciones que manda el Santo Concilio de Trento y lo demás dispuesto por dho en virtud de mandamiento del Señor Licenciado Dº Josept de Aguilar y Cueto juez de la Santa Yglesia de Seuilla y Su Arzobispado dado en dha en esta ciudad en quince días de dho mes por ante Dº Antonio de la Varrera y no auiendo resultado y pedimento alguno despose a Alonso Ruiz Florindo natural desta vila hijo de Alonso Ruiz Florindo y María de Carmona su mujer con María Fernández natural de la villa del Arahal hija de Diego Fernández y de Ana Martín su mujer defuntos casado en dho Arahal fueron testigos Andrés de Carmona, Joseph Fernández y Juan Ruiz Florindo todos y los contrayentes vecinos destqa villa fho ut supra”.

Con dote otorgada por los tíos de la referida, valorada en 1.010 reales y 17 maravedíes.


Su carrera fue muy corta pero intensa. Gozo de las más importantes prerrogativas profesionales de la época. Por la avanzada edad de su padre y de su tío Cristóbal y el desplazamiento de su tío Antonio, quedo un hueco que supo aprovechar para vincularse con el municipio. Su temprana muerte trunco estas expectativas.

En 1792 adquiere media casa en la calle Hurtado, donde tendrá su morada, se la compra a los herederos de Juan de la Milla en 1792 por 1550 reales.

En 1793 su mujer vende a Francisco Fernández Alvesitas en 2.500 reales media casa con “el cuerpo de la calle de teja y la cosina cubierta de palma”. Lorenzo Ruiz Florindo es testigo.

Como es habitual, su dedicación a la albañilería fue complementada con actividades agropecuarias. En 1793 se encuentra enfermo, y apodera a su mujer para que teste en su nombre, lo que hace de inmediato en el mismo año, la muerte debió producirse en junio de 1793, y el cargo de alarife municipal quedó vacante hasta ser asumido en enero de 1795 por Lorenzo Ruiz Florindo.

OBRAS:

En 1785 ostenta el título de maestro mayor de obras de Fuentes, y entre 1791 y 1792 aparece nombrado por dos veces “maestro de arquitecto con real aprobación”, lo que delata quizás algún nexo con el mundo académico.


Además, al menos entre 1791 y 1793 ejerce como alarife municipal, efectuando numerosas visitas, entre otras las casas de María Hidalgo en calle San Sebastián, apreciada en 1872 reales y la de Juan Antonio Pérez en la calle Serjarilla, de 1804 reales.

Más importantes son las casas de los herederos de don José Fernández de Peñaranda y Gamero, hizo el aprecio acompañado del carpintero de Lorenzo Caro (valorada en 29.342 reales), y la del patronato de legos de los Fernández de Peñaranda, en la calle San Sebastián.

En 1792 aprecian otra de grandes dimensiones, también dependiente de un Fernández de Peñaranda concretamente de don Alonso, poseedor del patronato de legos a que pertenecía, estaba en calle San Sebastián, y fue valorada en 13.106 reales. Se encontraba en muy mal estado: “ruinosa, particularmente cavallerisa y cosina”; por ser fabrica muy antigua. Esta posesión fue rematada en don Fernando Llera en 13,126 reales.

Con Lorenzo Caro tasa una casa que se encuentra en la plaza de abajo, esquina ha Hurtado, perteneciente a Sebastián Márquez.

Conclusión de la iglesia parroquial Santa María la Banca (1780-1784)
Está documentada la intervención de Alonso en la torre en 1784, dirigiendo las operaciones de sustitución de una vieja campana, que finalmente fue izada en abril de 1765. También se ocupo de la colocación de la nueva campana de la torre en 1784.
En virtud de este dato podemos atribuirle las obras de conclusión de la iglesia, que tuvieron lugar en la década de los ochenta.


Alonso Ruiz Florindo Carmona, portada lateral de la iglesia parroquial Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía, correspondiente a la última ampliación. 1780- 1784.


En 1780 se realiza la reforma de la portada en el hastial del edificio, de apilastrado dórico, pero no exenta de licencia en la gruesa moldura de líneas ondulantes a modo de frontón, con pináculos y remate. Esta aparece como una versión barroca de la fachada manierista del templo, cuya composición parece remitir a la cooperación paterna.
Un año más tarde se hace la portada lateral del costado de la Epístola. Es ésta de una ejecución mucho más sumaria, de acuerdo a las indicaciones del maestro mayor, Antonio Matías de Figueroa. Figueroa limita expresamente en su informe la actuación del alarife, ordenando su ajuste al orden toscano y la ausencia de adornos.

Alonso Ruiz Florindo Carmona, interior de la iglesia parroquial de Fuentes de Andalucía.

Estas operaciones hablan de la dialéctica a la que se ajusta la arquitectura de Alonso “el menor”. Por una parte está el influjo de las obras de su padre y abuelo, dada a la libre interpretación de los elementos clásicos al servicio de la libertad compositiva y ornamental. Por otra, el tono más ponderado de la arquitectura finisecular, preludiada por la obra de los últimos maestros mayores del arzobispado y por el ambiente cultural de la época.

Alonso Ruiz Florindo Carmona, iglesia parroquial de Fuentes de Andalucia.

Obras en Palma (1784-1785)
Entre 1784 y 1785 se encuentra avecindado en la Palma del Río. Con esta escueta referencia se refiere a la villa de Palma del Río, donde es probable que interviniese en algunas de las operaciones constructivas que no cesarán en esa localidad hasta fin de siglo. Sería interesante relacionar la presencia de Ruiz Florindo en Palma con objeto de finalizar el pórtico de acceso al templo parroquial, sugestiva obra de ladrillo cortado a modo de arco triunfal, y en la que se ha visto la posible acción de maestros de la comarca ecijana.

Obras en el Ayuntamiento (1790)
En 1790 efectúa diversas reformas en el ayuntamiento de Fuentes, con la colaboración del alarife José Fernández Ruiz, entre otras la renovación de las vigas podridas. “Estando a la vista en la presente sala capitular el derrubio que han causado las aguas que se introducen por los balcones y que de ello es temible su ruina”, se manda al referido alarife y al carpintero Lorenzo Caro que tomen parte en su reparación.


El pósito y la carnicería (1790-1791)
En su condición de maestro alarife rehízo el edificio del pósito y carnicería, siendo ésta su obra más destacada. Una grave falla estructural provocó la grieta que el propio Alonso aconsejó remediar con la demolición del edificio. Las obras tuvieron lugar durante el año 1790, con un coste de 82.546,31 reales.
A tenor del texto incorporado a la fachada, hay que entender que hasta 1791 no se dan por concluidos los trabajos:
“Se hizo esta obra siendo Corregidor de esta villa el Sr. Licenciado D. Miguel de Padilla Infante y se construyó por el maestro Alonso Ruiz Florindo Carmona. Año de 1791”.

Alonso Ruiz Florindo Carmona, portada del Pósito y Carnicería. (1790-1791).

El edificio fue tan bien acogido por los promotores que hizo al arquitecto merecedor del nombramiento de depositario del pósito de granos y de la fideldad de carnicerías en agosto de 1791.
Con ello le reconocían su inteligencia y pericia. En planta el edificio comprende dos crujías perpendiculares, siendo la de calle la más importante, con dos pisos, el bajo, cubierto con bóvedas de arista sobre columnas, al modo tradicional de la distribución de tal tipología arquitectónica.
El diseño de la fachada muestra las posibilidades de la evolución del estilo familiar en fechas tan tardías del XVIII, contrariamente a las desnaturalizadas creaciones que veremos de su tío Antonio Ruiz Florindo en Osuna y Puerto Real.


Alonso Ruiz Florindo Carmona, fachada del Pósito y Carnicería. 1790-1791.

El ritmo compositivo de la fachada es irregular por la disposición de las pilastras toscanas. Estas la fragmentan en porciones desiguales, dos más amplias donde se abren las puertas, una algo menor situada a un extremo que pretende establecer un cierto equilibrio, y dos en posición intermedia.
Entre ellas y a modo de orden gigante se introducen dos portadas gemelas, quizás para acceso a áreas reservadas a la doble función de carnicería y pósito del edificio.
Muestran la característica superposición de planos de pilastras como fingido soporte, y el resalte del entablamento correspondiente a ellas y a la clave, adornada con colgante pinjante. Se remata su tectónica con un frontón partido, cuya parte central se eleva a modo de edículo curvilíneo.
Este elemento altera la sobria articulación de la fachada, y junto con los consabidos remates de portada y vanos en forma de jarrones dotan a la composición mural de un atractivo dinamismo.


El uso de este diseño abierto de frontón aparece sobre las mismas fechas en la casa de la calle Santa Clara de Marchena (1796). De similares características son las espadañas que rematan el portal del hospital de la Caridad de Arcos, que además, en coincidencia con la obra fontaniega son gemelas.


Un anuncio de las modas vigentes en la época es el uso de los triglifos del friso, una opción de la arquitectura de fines de siglo.

Arquitectura doméstica (H. 1790)
Pudiera atribuírsele una casa de la calle Lora del Río, en cuya portada se advierten síntomas de redefinición del sentido ornamental, con el frontón abierto y un peculiar almohadillado que veremos en el segundo cuerpo de la iglesia de la Merced de Osuna. 
No hay muchos elementos de juicio para hacer una atribución firme de la casa n° 2 de la calle Carrera.

Alonso Ruiz Florindo Carmona, casa de la calle Carrera número 2 H. 1790.

Es una construcción de volúmenes más sencillos a pesar de que en la sutileza de líneas de su portada se aprecia un mayor cultismo. El balaustre procede del código arquitectónico bajorrenacentista y no es despreciado como elemento tectónico ni por los Ruiz Florindo ni por la albañilería del área ecijana en el XVIII; durante la segunda mitad de la centuria se utilizó en diversas ocasiones.


Antonio Matías de Figueroa empleó el balaustre en el tambor de la cúpula de San Pedro de Peñaflor, aunque el fuste posee como la ortodoxia manda unas formas más irregulares. La portada de la misma iglesia guarda cierta semejanza compositiva con la de la casa, sobre todo a nivel del entablamento.


También la torre de las marroquíes de Écija, de 1760, está ornamentada con balaustres, muy irregulares. Sin embargo, este elemento adquiere un sobresaliente protagonismo en la articulación de la fachada de esta casa.


De hecho, conforma la tectónica de los soportes de su portada y de la esquina de la mansión con la calle San Sebastián, que hábilmente dota de expresividad el maestro al introducir un gran balaustre a manera de chaflán.

El autor pudo haberse servido de algún modelo como el que Juan de Arfe propone en su obra “Varia Conmensuración”. Una pieza compuesta por un fuste troncocónico partido en dos por un jarrón. Aquél tiene una sección decreciente pero regular en toda su longitud y el jarrón toma forma acampanada. Las dos porciones del fuste o, como Sagredo le llamaba, “varicéfalas”, son iguales.

Alonso Ruiz Florindo Carmona muere en 1793, mientras goza de una gran demanda; sobre esas fechas estaba realizando obras para varios clientes distinguidos de la localidad, entre ellos el administrador de las rentas del marquesado, don Martín Armero, que había encargado al maestro la dirección de obra de unas casas de su propiedad.

Alonso Ruiz Florindo Carmona, portada del Pósito y Carnicería 1790-1791. Foto tomada a en la década de los años cincuenta


FUENTES CONSULTADAS:
* Internet.
* "Fuentes de Andalucía y la arquitectura barroca de los Ruiz Florindo", escritos por Francisco Ollero Lobato y Fernando Quiles García.
* Archivos municipales de Fuentes.

26 febrero 2012

CRISTOBAL RAMÓN RUIZ FLORINDO (1724-1786)


Cristóbal Ruiz Florindo fue el segundo hijo de Juan. Conocemos los datos más singulares de su biografía. Nació el viernes 25 de agosto de 1724:
«En la villa de fuentes a sábado veinte y seis día del mes de agosto del mil sett veinte y quatroa yo Don Bartolomé Retamal y Pilares theniente cura de la Yglesia Parroquia de Santa Maria  la Blanca de dha la villa exorzize catequice y baptize a Xptonal Ramón hijo de Juan Ruiz Florindo y de Marina del Corral sylexma mujer declaro la partera auer nacido en veinte y cinco de dho mes fueron sus padrinos Domingo Martín y María de Carmona mujer de Domingo...».
Se caso en junio de 1745 con María Teresa Rodríguez, hija de Andrés Martin Rodríguez y de María López Florindo, fueron testigos don Francisco Vallejera Navalón (corregidor de Fuentes de Andalucía), don Lope Fernández de Peñaranda y don Marco González de Mendoza (Alguacil Mayor de Fuentes de Andalucía). No tuvieron hijos.
El marques de Fuentes le vendió hacia 1758 unas casas de morada en la calle Mayor, que habían pertenecido a su padre, por 5.467 reales. Poco antes se había desprendido de unas medias casas en la misma calle, a favor de Martín Lara, por 800 reales. Aunque al menos entre los años 1767 y 1772 vive en la calle Lora, esquina a la calle Mayor, al lado de su hermano Antonio.
En 1757 recibe su traspaso de dos años el cortijo del Cochino, en el término de Marchena
Su primera esposa muere en 1763, otorgando a Cristóbal su testamento.
En 1778 fallece la que seria su segunda esposa Isabel Josefa Hidalgo de Morales, con la que tuvo al menos un hijo, Antonio, que siguió carrera militar, en 1777 es sargento del regimiento de Infantería de Saboya. En ese año recibe una parte de la casa que su madre había dejado en herencia. La casa se encontraba en la calle Cruz de Valenzuela.
Una tercera mujer le sobrevivió, Juana Ruiz Castaño, quien hace testamento en nombre del difundo en 1786. A la muerte dejo unas casas en la calle Mayor, así como muebles, ropa de vestir y una tienda de especería. Juana Ruiz Castaño murió unos meses mas tarde. Tampoco tuvo hijos con esta mujer.
Cristóbal Ramón Ruiz Florindo murió en mayo de 1786, siendo enterrado en el cementerio de la ermita de San Francisco de Asís por no haber sitio en la parroquia Santa María la Blanca, la muerte le sobrevino inesperadamente, por lo que dejo pendiente muchos asuntos y entre otros el testamento.
En esas fechas su situación económica era precaria, como demuestra la mención a su pobreza en el registro de su defunción. Su familia debió cubrir sus gastos, pagando su padre, Juan Ruiz Florindo en 1787 lo adeudado por la renta del cuarto de la Palmilla.
La trascendencia de este maestro en el ámbito de la arquitectura del momento es muy relativa. El hecho de ser el “alter ego” de su hermano Alonso le privó de actuar de manera independiente y anuló su propia personalidad artística. Su nombre figurará siempre al lado del de su hermano, pero también de manera secundaria.
Debió de formarse con su padre, pero sobre todo con su hermano Alonso, a quién ayuda en la tarea de construcción de la iglesia de San Francisco en la década de los cincuenta. Antes de 1764 trabaja de forma independiente realizando la casa de María Vidal, mujer de Luis Hidalgo, sobre un solar concedido a la salida de la calle Mayor.



De 1768 data una petición elevada al cabildo municipal para obtener permiso con el que construir uno o varios molinos harineros en terreno de propios. El municipio acepta su petición, incluyéndole una serie de condiciones. En el reparto de las tareas relacionadas con la reforma de la iglesia parroquial, a este mismo maestro le correspondió la ampliación de la iglesia con la nave sur añadida antes de 1769.
Sin duda tal oferta se debió en parte al hecho de que su hermano Alonso se encontraba saturado de trabajo con la contratación de las obras de las casas capitulares. En abril de 1767 Manuel de Perea Díaz, en nombre de la fábrica, señalaba que una de las paredes se hallaba muy maltratada, y la sacristía:
« (…) con motivo de haverse aumentado el vesindario y ser la Yglesia extrecha se experimenta expecialmwntte en los días clásicos quedarse mucha parte de los fieles fuera sin poder entrara a la asistencia de los Divinos oficios (...)».
Se pide la ampliación aprovechando la obra al menos de media nave:
ݏ«con que se completa las cinco por componerse de quatro naves y media».
Pedro de Silva manifestaría que:
« (…) es de advertir que a el lado opuesto de la Nave de el evangelio esta executada nuevamente la misma extensión en aquella Nave (...)».
Por lo tanto conviene se haga:
« (…) se reduce a avrir dos arcos con una columna de material mui robusta en medio, que recibe las dhas mudar la puerta colateral afuera labrar la pared exterior sacada de cimientos (...)».
Lo mismo que la extensión de la del Evangelio. La obra costó un total de 20.000 reales.

En 1771 su hermano le otorga poder para que actúe en su nombre siempre que las circunstancias lo requieran, al ser “de la misma facultad”, y, como diría el propio Alonso:
« (…) de quien por su abilidad ttengo enttera satisfacción».
La confianza que tiene depositada en su hermano es total, hasta el punto de permitirle cerrar tratos en su nombre:
« (…) y si nesesario fuese la ebaquación de algún nuevo tratado la formalase y concluía».
Ejerció como alarife municipal al menos durante los años 1764 y 1779. En cumplimiento de ese cargo le correspondió apear diversas propiedades públicas y privadas. En compañía de García Fernández Caño apreció en mayo de 1759 y en marzo de 1761 las casas de Alonso Conde en calle Cerrajeros en 5400 reales. Tiene 28 años y el otro 50. Con la misma compañía aprecio en marzo de 1761 otra cosa de Alonso Conde situada frente a la plaza, que hacia esquina a la calle del Toril, valoradas en 5400 reales.

En 1761 con Bartolomé Naranjo tasa en 5300 reales las casas de Juan Becerril. En mayo de 1764 le sustituye su hermano Alonso en el cargo de alarife y como tal inspecciona el sitio que Lorenzo Caro tiene para labrar casa de teja en la calle San Sebastián, de 49 varas de largo por 11 de ancho.
Ese mismo año hizo obras en casas de don Juan Magai, “una sala y una alcoba para habitar”, no teniendo con que pagar, acordó con el hacerlo a plazo.
En 1778 informa del estado de las medias casas que Ana Ruiz, mujer de Jerónimo Gamero, tiene en la calle Mayor, valorada en 3087 reales.
Entre 1770 y 1771 aprecia obras en el pósito.


Internet.El libro “Fuentes de Andalucía y la arquitectura barroca de los Ruiz Florindo” de Francisco Ollero Lobato y Fernando Quiles García.Archivos parroquiales.Archivos municipales del ayuntamiento de Fuentes de Andalucía.


27 enero 2012

ALONSO RUIZ FLORINDO (1722-1786)

         
            Fue el mas notable de los miembros de la dinastía Ruiz Florindo, mas incluso que el propio Antonio Ruiz Florindo.
Alonso Ruiz Florindo es el maestro alarife de mayor personalidad; imprime a sus obras mayor riqueza ornamental, prodigando el estípite, que con el tiene modalidades muy diversas y especificas.
Nació el 25 de octubre de 1722, siendo bautizado el 27 de octubre de 1722 (libro XIV de Bautismos, folio 12 v). Hijo de Juan y de Marina del Corral. Consolido su formación con su padre, durante la década de los treinta, teniendo además el posible asesoramiento del que será su suegro, el maestro carpintero Andrés de Carmona (Andrés Carmona es el mismo que firma con Alonso Ruiz Florindo el proyecto de las Casa Capitulares en 1763).
La toma de contacto con el medio artístico fue importante si no decisiva. Según el Catalogo Alonso trabaja con su padre entre 1739 y 1740 en la reconstrucción del portal y el campanario de la iglesia de San Francisco. De aquí se deduce que estaría trabajando con 17 años. Con esa edad Alonso Ruiz Florindo debía ser oficial de su padre y estaría legalmente incapacitado para ejercer por cuenta propia, además de encontrase todavía poco preparado. Indudablemente este dato tiene el interés de asegurarnos el alto grado de responsabilidad de Juan en la evolución formativa de su hijo. Ello se pone de manifiesto en el apabullante endeudamiento estilístico de éste con aquél.
Sabemos que antes de 1750 Alonso ya se encontraba en Sevilla, donde estuvo trabajando en la albañilería, como consta en su carta de examen. Esta experiencia debió ponerle en relación con los tipos decorativos propios del uso del ladrillo.
Alonso conoce estando en Fuentes y durante su juventud al maestro del arzobispado José Rodríguez, que proyectó las obras de terminación de la torre de la iglesia parroquial en 1942. El influjo sevillano debió continuar, cuando en época de madurez conociese personalmente a alguno de los maestros mayores diocesanos, Pedro de Silva y Ambrosio de Figueroa, con los que demostraría a posteriori cierta afinidad estilística. Inevitablemente trato a Pedro de Silva, a cuyas ordenes estuvo trabajando en la ultima ampliación de la parroquia de Fuentes, entre los años 1767 y 1778.
Alonso Ruiz Florindo, a diferencia de su padre, sabía leer y por lo tanto estaba capacitado para interpretar textos escritos. He podido saber que al menos poseía algunos libros técnicos. En su testamento dio cuenta de dos libros, uno en francés del que desconozco mas dato y otro el Tosca.
En torno a 1746 se plantea la independencia profesional, al casase con María Rosa Carmona y se instalan en una casa de su propiedad, construida sobre solar adquirido en la calle Huertas esquina con la calla Guijarrosa (Calle Estrella). En 1746 había recibido un solar de medias casas en dicho lugar, que vendió en 1755 a Alonso López Pilares, le costo 300 reales.
Hasta 1750 no obtiene el titulo que le acredita como maestro albañil y le permite ejercer libremente, firmando proyectos y conduciendo obras.
El examen lo efectuó en Sevilla probando su aptitud ante los alcaldes del oficio el 16 de agosto de dicho año. Para esa fecha Alonso Ruiz Florindo aparenta menos edad de la que tenía. Según el examen, era de buen cuerpo, blanco de rostro, de pelo rubio y con el defecto de ser “torpe de oído”. A partir de estos momentos inicia una rápida carrera que le convierte en el más importante alarife local del momento.
Este progreso laboral se nota en el incremento de la actividad mercantil e inmobiliaria, porque adquirió un nuevo solar en la calle Convento, en el 1754; una casa en la calle Mayor, en el año 1756 y media mas en la calle Lora en el año 1761 a Cristóbal Martin y le cuesta 800 reales; y también compra una tienda de tejidos a Juan Casaurbán Labanaque, vecino de Écija, obligándose al pago de 20.994 reales liquido, en tres plazos de 3664,32 reales. En seguridad del pago hipotecario sus casas de la calle Mayor, la ofrece como deposito.
Ya en 1753 es propietario de unas casas en la calle Huerta esquina a Guijarrosa, de las que venden media en 1755 a Alonso López Pilares, por 2000 reales, creo que posiblemente sea la misma casa que habitaba, y que le sirvió en 1755-1757 para fiar a su padre en una obligación de pago.
Mejoro su posición económica invirtiendo en ciertos negocio, en 1757, fiado por Andrés Carmona, se obligo, como toldero, ala venta de 680 fanegas de sal. También usufructuaba la alcabala del jabón, que poseía por arrendamiento del marqués de Fuentes.
Como ha ampliado sus negocios se instala en una casa de más calidad en la calle Mayor, aunque es posible que no abandone la de la calle Huerta, que tenia vivienda baja y granero. Que se la había comprado a María Carmona y a los herederos de Lázaro de Carmona en 3000 reales, estaba situada entre la de los herederos de don Pablo de Escalera y la de Tomas Alberto.
A comienzo de la siguiente década respalda a don Miguel Bautista Caro en un traspaso de cortijos.
En sus avances tuvo una destacada participación su propio padre, al implicarlo en las mismas empresas en las que tomó parte, cuando todavía era bastante joven e inmaduro.
Esta apresurada madurez le permitió adquirir una solida formación incluso antes de ser maestro titulado. Tal es así que apenas dos años después de obtener el titulo toma un aprendiz, Jerónimo Lora, y algo mas tarde, sobre el 1757 otro aprendiz Sebastián Conde, que le hace un contrato de 3 años y le da un jornal de dos reales y medio.
Los últimos años de su vida Alonso Ruiz Florindo, los pasa pleno de actividad laboral. Hasta su fallecimiento continúo ejerciendo como alarife municipal, realizando varios aprecios. En 1785 se le encarga la dirección de una ambiciosa obra de embellecimiento de las calles de Fuentes, sufragada por los señores don Fernando, don Antonio María Escalera y don Fernando de Aguilar, para mantener y ocupar a los braceros en paro por las lluvias. Alonso Ruiz Florindo arregló la calzada existente en las calles Mayor y Huerta, y dejo expedito el camino de Fuentes en el noroeste del pueblo.
Alonso Ruiz Florindo, que fue el más afamado de ellos, fue enterrado en Fuentes  el día 15 de agosto de 1786, acompañado su cuerpo por todo el clero de Fuentes. Fue enterrado en el convento de las padres Mercedarios, y su esposa, María Rosa Carmona, murió el 5 de septiembre de 1795 y se enterró en la parroquia Santa María la Blanca.


SUS OBRAS
Obras en al torre de la parroquia (1756-1757)
El análisis de la producción de Alonso a lo largo de su primera década de maestría demuestra una experiencia y capacidad creativa muy alta, sin duda fruto de una formación sumamente completa. En estos años trabaja como responsable en obras de enorme envergadura, que lo hacen el alarife más apreciado en el ámbito de la construcción local. Su buen hacer será refrendado con el nombramiento a fines de los años cincuenta como alarife del concejo, alternando el cargo a partir de ese momento con su hermano Cristóbal.


A consecuencia del terremoto de Lisboa se hizo preciso remozar la parroquia. En ese año, tras el paso por la parroquia del maestro mayor de obras Tomás Zambrano y el parecer de los alarifes de las villas de Osuna, La Campana y Écija, la fábrica parroquial nombró a Alonso como director de las obras de reparación de la iglesia, especialmente de la consolidación de la torre como elemento más perjudicado. La elección de Alonso supone la demostración de la confianza en la labor profesional del joven maestro. En torno a 1756 el maestro Alonso hizo las obras de consolidación, en las que invirtió la mayor parte de los 15.000 reate que costó la reforma total47.
Posteriormente, entre 1756 y 1757, remató la inacabada torre, sobre fuste antiguo, que había perdido como consecuencia del movimiento sísmico el remate que había proyectado en la década de los cuarenta el maestro Mayor de Obras arzobispal José Rodríguez. Para ello sustituyó el característico remate en chapitel o aguja trazado por Rodríguez por una terminación más compleja, con varios cuerpos geométricos superpuestos, en concreto una base troncocónica sobre ochavo, linterna cilíndrica y remate final.
El resultado desde el punto de vista volumétrico, aunque original, es muy tosco, con una ostensible falta de unidad entre el cuerpo de campanas y el resto, y parece un intento de acercamiento a los diseños de Diego Antonio Díaz para tales terminaciones. Destaca sin embargo la labor decorativa, basada en el estípite y la azulejería policroma, al estilo de las soluciones dadas por la arquitectura astigitana a estos tipos constructivos. La obra parece suponer un ensayo de usos estructurales y sobre todo decorativos de lo que será la producción posterior del maestro.


La ermita de San Francisco (1752-58)
Las reparaciones que durante toda la primera mitad del siglo se habían efectuado sobre la vieja fábrica fueron a todas luces insuficientes. En 1718 Andrés Martín Chaparro había realizado una leve intervención, y Juan Ruiz Florindo, entre octubre de 1739 y junio de 1740, otra de mayor envergadura que consistió en la construcción de un nuevo campanario, reedificación del portal y consolidación de los tejados.

Esta última intervención, ha desorientado a los historiadores que han analizado la ermita y mediatizado el estudio de la producción de los Ruiz Florindo. Sin embargo, es preciso advertir que en los años centrales del siglo se derriba la ermita para proceder a su reconstrucción, con lo que desaparecen los testimonios de las intervenciones previas. Sin duda debió ser éste anhelo de la Hermandad del Cristo de la Humildad desde la primera mitad del siglo, como se desprende del pleito promovido por estos años para verificar el patronazgo sobre el templo por parte de la casa señorial de Fuentes.
Desde 1751 se procede a la edificación de la nueva iglesia, a cuenta de diferentes aportaciones de instituciones y particulares. Las obras principales no concluyen hasta 1758, fecha en la que se habían gastado ya más de 50.000 reales en diversos apartados.
El maestro encargado de las obras fue Alonso, ocasionalmente ayudado por su hermano Cristóbal. Como resultado de las obras se levanta un templo de tres naves, cubierto con cúpula en el crucero y bóvedas de cañón en el resto.


El escaso desarrollo de los brazos del crucero en relación con la anchura del cuerpo de la iglesia hace pensar en una reforma del proyecto original de planta en cruz latina con única nave, que quizás la buena financiación de las obras hizo posible sobre la marcha. Tras el testero plano del Altar Mayor se levanta el camarín del Cristo de Humildad, posiblemente resto de la antigua capilla, tal como su composición, con columnas salomónicas como soporte, y el difícil encaje de sus elementos con el resto de la fábrica parecen indicar.
En relación al ornato, Alonso desarrolla sobre las paredes laterales de la nave central una variación sobre el orden jónico, con friso cajeado y decorado con motivos geométricos y amplio fileteado como cornisa.

Si bien la adopción de este orden pudo deberse al conocimiento de los interiores de iglesias sevillanas como la parroquial de Umbrete o la más cercana ermita de Jesús Nazareno de Lora del Río, ambas proyectadas por el arquitecto Diego Antonio Díaz, lo cierto es que la incorporación de las cajas del friso constituye un logro personal que recuerda los usos compositivos de edificios manieristas o protobarrocos como la capilla del hospital de las Cinco Llagas o la iglesia del Sagrario de Sevilla.
En cuanto a la decoración de yeserías, ésta se extiende a modo de baquetón orlando fajas de la nave central y claraboyas, y sobre todo cubriendo el desarrollo de las pechinas y la media naranja, donde se distribuye en las características tramas de yeso hacia la linterna, equilibradas con las ondulantes molduras horizontales que circundan la bóveda.
Tanto su traza, que combina la línea mixtilínea con detalles de roleos, como su acabado son de una altísima calidad. En cuanto al exterior del edificio, bajo la línea de cubierta del crucero se cierne un entablamento de orden dórico con metopas decoradas por florones, aparentemente soportado por originales pilastras de pinjantes invertidos.
Destaca la fachada, abierta en un hastial que salva la diferencia de nivel de las naves con el remate mixtilíneo de su testero.

La portada, con el reiterado esquema de cuerpo y ático, contrapone a la aparente desnudez de su parte principal, de pilastras jónicas aviteladas, con la exuberancia ornamental de la calle superior, basada en el uso del estípite y el juego de planos de su entablamento.
La capilla de San Francisco evidencia las posibilidades creativas de Alonso Ruiz Florindo, poniendo de relieve ante todo sus conocimientos técnicos pero también su capacidad inventiva.
En estas fechas Alonso, esta dando varios pasos en la conformación del estilo ornamental, comenzando atenuarse la rigidez geométrica de algunos decorativos, como es el caso del entablamento exterior de la ermita de San Francisco.
Mientras trabaja en la ermita afronta dos encargos de arquitectura domestica en Fuentes: las casas n 8 de la calle Lora del Río y n° 7 de la calle Fernando Llera y Díaz.


Casa de la calle Fernando Llera y Díaz, 7 (1753)
La casa perteneció a la familia Fernández de Peñaranda con la que los Ruiz Florindo tuvieron muchos contactos. Fechada en 1753, representa un paso adelante en la evolución del estilo personal de Alonso, puesto que a él ha de atribuirse sin duda la obra.
Sobresale del conjunto la portada, de la que se ha dicho que “es importantísima, dinámica, bien compuesta, riquísima de motivos, capaz por sí sola de acreditar al citado artista”.

Anterior a la ermita de San Francisco, muestra un mayor grado de desarrollo formal, que se pone de manifiesto en la complejidad compositiva del marco y a la vez en la concreción de los elementos decorativos. Alonso evoluciona hacia una puesta al día de su repertorio ornamental: Mientras que el cuerpo superior de la portada de la ermita de San Francisco se asemeja a las creaciones de la retablística del momento, la de la casa de los Fernández de Peñaranda aún se remite a las complejas formas del manierismo europeo. Los estípites constituyen referente más claro. Los capiteles, que más recuerdan precedentes de la Grecia arcaica por la simplificación de las formas, y todos los fragmentos significativos del fuste, componen un estípite que a la vez delata las líneas fundamentales de un balaustre, con el jarrón central. Predominan las formas curvas y concéntricas en espirales y pinjantes.
El arco rebajado ondeado forma parte del léxico constructivo del XVIII, con obras tan señaladas como el del palco del Príncipe en la plaza de toros de Sevilla, obra de Vicente de San Martín, y otros procedentes del campo de la retablística. En el caso que nos ocupa parece una versión más abstracta del arco de la portada del convento de San José de Fuentes, que se le atribuye a su padre.
El quiebro del entablamento llega a un extremo no alcanzado hasta el momento, con una fractura escalonada de la línea horizontal complicada con los múltiples elementos ornamentales añadidos (fig. 8).
Con ser la portada el punto focal de la fachada, no es el único lugar donde se sitúa la decoración. Alonso cuido en todo momento de evitar la descompensación ornamental, de manera que todas las ventanas voladas se decoran con tejaroces coronados por pináculos y una serie de pinjantes estarán equilibrando los espacios vacíos.

La línea de separación de los dos pisos está muy marcada, enriquecida a tramos con los citados pinjantes y desplazada en otros por la elevación de los tejaroces de las ventanas inferiores.
El patio se abre tras el zaguán, a eje con la portada, y responde a las características del modelo empleado en Fuentes.


Casa de la calle Lora, 8 (1755-1760)
Las analogías del cuerpo superior de la portada principal de la ermita de San Francisco con la de la casa de la calle Lora del Río, así en el tratamiento del festón, el uso del arco trilobulado, la configuración de estípites y de entablamento, además de la plástica de la decoración foliar, permite atribuir esta casa a Alonso Ruiz Florindo y fecharla a fines de la década de los cincuenta.

Posee las características propias de la arquitectura dieciochesca del lugar, con su mirador en planta superior a nivel de la fachada, que abre sus vanos a la calle y al patio principal.
Este espacio interno también es muy significativo, con la superposición de un cuerpo inferior con arcos trilobulados sostenidos por columnas dóricas y otro superior con carpaneles sostenidos por columnas toscanas.
La portada reúne las características de la producción de Alonso, con algunos elementos personales. Así por ejemplo las ménsulas colocadas en el friso del cuerpo superior, que se convierten en aporte fundamental en otros edificios y que están diseñadas como un híbrido de canecillo.
Posiblemente esta portada supone un paso más en la andadura decorativa de Alonso hacia lo lignario y el influjo del campo de la retablística.



La de los Albornoz y otras casas ecijanas
Basándose en los mismos antecedentes Sancho Corbacho relaciona con la producción de Alonso la decoración de los cuatro vanos que abren al patio de dicha casa. Tanto si se trata de obra personal del propio maestro, como si es fruto de la influencia, las semejanzas se perciben especialmente en la composición que recuerda a la de la casa de la calle Lora del Río.

No es habitual, en cambio, en la arquitectura fontaniega conocida tales ornamentos dispuestos en torno a vanos de patios, puesto que las crujías de patios suelen estar formadas por galerías con arquerías en plantas altas y bajas.
Hay otras casas en Écija, como la casa de los Orduña, cuyo parecido se advierte en el patio; o la casa de la calle Aguabajo.
Aparte de estas obras habría que mencionar algunos trabajos que se han podido documentar, pese a no quedar rastro material de ellos, como el que hizo en 1763 en la casa de Francisco Fernández y María Inés Caro en la calle Cruz de Fuentes de Andalucía. En realidad labores menudas sin más relevancia.


           Obras desde 1760
La obra fontaniega de Alonso, en especial su intervención en la reconstrucción de la ermita de San Francisco, debió otorgar a Alonso un protagonismo absoluto sobre la arquitectura local. En la plenitud creativa su carrera tomará un nuevo rumbo que le vino dado por herencia. Sucedió a su padre en la titularidad de alarife del municipio, ostentando el cargo en alternancia con su hermano Cristóbal.
Desde fines de los años cincuenta asiste al municipio en las tareas propias del oficio, en principio con bastante irregularidad al ser su hermano Cristóbal el que ejerció como tal durante más años.
En 1765, en compañía del carpintero Juan Adalid y el platero Mateo de Lara de Córdoba, es elegido para apreciar los bienes del mercader don Juan Antonio Magai. Sus casas fueron apreciadas en 15.700 reales.
Además como alarife publico intervino durante años en los apeos de edificios civiles.
En 1764 determinaba, en ausencia de su hermano Cristóbal, el sitio para labrar una casa de teja en la calle San Sebastián.
En los años sucesivos apreciara diversos inmuebles, pertenecientes a Juan Antonio de Aragón (1765), Gabriel Pérez (1766), Antonio Fariñas en calle Flores (1766) junto con el carpintero Juan Adalid tasándola en 6659 reales, Antonio González en calle Carrera, por 6426 reales (1766), Sebastián de Orbaneja en calle Santa Lucia en 1766, valorada en 2402 reales; Antonio de Flores en calle Carrera en 1767 junto al carpintero Bartolomé Naranjo por 4000 reales; herederos de Antonio Muños en 1771 en calle Huerta, Manuel de los Reyes (1765) y Francisco de León en 1783 en calle Caldereros en 1868 reales, aquí le asiste como carpintero Jacinto García.
Las lagunas van disminuyendo, y a partir de 1771 ocupa de una manera habitual dicho cargo, siendo sustituido puntualmente por Juan y Cristóbal. En 1786 compartió con Juan el cargo de alarife. En estos años se titula varias veces maestro de obras.
Pero sobre todo tuvo una destacada actuación en los edificios públicos. En 1758 hacía obras en el Pósito por valor de 5000 reales. Igualmente, el cabildo municipal le encarga el proyecto de las nuevas casas consistoriales en 1768.
Desde la década de los 60 Alonso es contratado para dirigir la mayoría de las obras de ampliación de la iglesia parroquial de Fuentes.
Pero su fama traspasó los límites de su pueblo para extenderse por toda la comarca de la campiña sevillana. Intervino en las obras de edificación de la iglesia de la Misericordia de El Arahal. Más tarde recibe el cargo de Maestro Mayor de las obras de la nueva población de La Luisiana, correspondiéndole la ingente tarea de adaptar los servicios y facilitar habitabilidad de la población para sus colonos.
Igualmente, a él se debe la importante obra del puente sobre el arroyo Madre de Fuentes, entre los términos de La Monclova y Écija, sobre el que transitaba el camino real hacia Madrid.
Su prestigio le permitió ciertas licencias; el cabildo fontaniego esperó para ver terminadas de su mano las obras del ayuntamiento, pese a sus continuas ausencias. Celoso de su proyección, se hace nombrar “arquitecto” en las escrituras públicas, y pide el reconocimiento de su labor profesional cuando ve sus intereses atacados, como en el caso de la obra del puente sobre el arroyo Madre.
Su obra avanza en el camino marcado por la reconstrucción de la ermita de San Francisco. Sus diseños decorativos poseen un mayor equilibrio y un menor abigarramiento. Se eliminan casi por completo los motivos vegetales, con predominio de lo tectónico y anicónico, siendo el estípite el elemento más sobresaliente. La rocalla se incorpora al ornamento a fines de los años sesenta.

La Iglesia del hospital de la Misericordia en El Arahal
El hospital fue levantado de nueva planta junto a una ermita de fábrica medieval desde 1743, gracias al capital de un rico indiano, Juan Leonardo Malo Manrique, agradecido a los titulares de la hermandad por su salvación milagrosa.

La construcción se interrumpió por problemas económicos, y la nueva iglesia no se inauguró hasta 1761, fecha en la que aún se trabaja para realizar las yeserías de la media naranja que vuela sobre el crucero y las obras de terminación de la torre. Que fue llamado atendiendo a su magnífica carta de presentación de la ermita de San Francisco. La labor de yeso de la cúpula es parecida a la de la ermita fontaniega. Por otro lado, el cuerpo de campanas y el remate de la torre remiten también a los usos constructivos de Alonso.


El campanario se abre con un único vano trilobulado en cada frente, flanqueado por arcaicas pilastras salomónicas, e insertado en un orden caracterizado por el uso del estípite en ladrillo cortado. Asimismo, el juego de volúmenes de ochavo, base troncocónica y linterna con que se remata la obra parece una versión, más lograda en proporciones y verticalidad, que la torre parroquial de Fuentes.


Dentro del patrimonio arquitectónico de El Arahal ha sido relacionado con este estilo popular del ladrillo decorativo la llamada capilla de la Vera-Cruz. En efecto, en el exterior de este edificio destaca la potente portada de acceso, configurada por cuatro balaustres de extraordinaria limpieza de líneas sustentados por pedestales de cantería, dispuesto el par más extremo al sesgo con respecto a la línea de fachada. El uso de este elemento en la ordenación de la portada lleva a sus últimas consecuencias la libertad creativa en el foco artístico de la campiña sevillana.
Si al exterior prevalecen las formas de los alarifes de Fuentes, en el interior se pone de manifiesto, además, la asimilación de las novedades que se producen en la arquitectura tardobarroca de nuestra región. Así el cornisamiento se alabea y dinamiza a través de un trazado mixtilíneo, muy acusado también en la traza de los óculos que recuerda a los diseños borrominescos.

Tales aspectos permiten datar la construcción de esta pequeña capilla en una fecha posterior a la iglesia de la Misericordia, probablemente en el último cuarto del siglo, y por lo tanto vincularla a Alonso Ruiz Florindo de Carmona, quien tuvo vínculos con esta localidad.


La primera ampliación de la iglesia parroquial (1764-1765) y otras agregaciones
Entre 1764 y 1765 Alonso Ruiz Florindo dirigió la ampliación de la iglesia parroquial de Santa María la Blanca por el lado norte, incrementándola en una nave de anchura similar a la adyacente. Se pensó por la fábrica parroquial en abrir además dos nuevas capillas, una bautismal y otra del Sagrario, y un cuarto para uso particular de los curas64 (fotografías 26 y 27).
Alonso realizó la obra con un alto grado de autonomía creativa. La nave se cubrió con bóveda de cañón. Lo más destacado de la obra fue la puerta lateral del templo, construida en ladrillo cortado. Guarnecida por dos columnas a cada lado sobre alto pedestal, la portada carece de entablamento, salvo una ligera cornisa. La inventiva de Alonso se limita a lo tectónico, como se observa en el diseño del frontón, muy pequeño y elevado sobre un plano de límites mixtilíneos, invadiendo incluso el vuelo del techado.

Igualmente, las columnas a los lados, tras un amplio resalte prismático, rematan en los característicos jarrones. La puerta parece una variante del modelo de puerta decumana de Serlio, muy utilizado en la obra de los ingenieros militares del XVIII. Su principal atractivo radica en la fuerza expresiva del ladrillo cortado y avitelado, desnudo de decoración y con una clara intencionalidad monumental.




La intervención de Alonso en las obras de la iglesia continúa desde 1767, con la construcción de la sacristía, cuarto contiguo, almacén y lugar común. Estas dependencias se construyen tras la cabecera del templo, sobre una superficie donada para tal fin.

El arquitecto arzobispal Pedro de Silva realizó el proyecto, teniendo como maestro de las obras al alarife fontaniego. Estos espacios de uso litúrgico se dignificaron mediante la concentración decorativa en el mobiliario y paramentos murales. Alonso diseñó las yeserías que anima la bóveda de la sacristía en forma de una moldura mixtilínea que incluye en su interior motivos de rocalla y vegetales. La talla es plana y destaca la tendencia al esquematismo de las formas. Las obras se prolongaron hasta 1771.


El ayuntamiento (1766-1772)
El terremoto del año 1755 dejó muy maltrecho el antiguo edificio capitular. En consecuencia, en cabildo municipal del 15 de marzo de 1763 se toma la decisión de nombrar dos arquitectos que levanten la planta y el alzado de una nueva casa. Don Lope Fernández de Peñaranda, que a la sazón ocupa interinamente el puesto de corregidor, le trasladó el encargo a los alarifes Alonso y Andrés de Carmona el 20 de julio de ese mismo año. Éstos presentaron su propuesta el día 27 con un presupuesto de 65.940 reales. Dicho proyecto fue remitido al Real y Supremo Consejo de Castilla para su aprobación en 1766. El 3 de diciembre lo estudiaba Ventura Rodríguez quien emitía una opinión adversa al mismo:
“La traza no está con la claridad e inteligencia que es menester para explicar la forma del edificio, pues no corresponde la planta con la elevación, ni ésta con las condiciones, ni las condiciones con la tasa, de que resulta una suma confusión y deformidad.”

Si bien es cierto que se producen incongruencias en el proyecto al no coincidir los datos aportados por los diversos documentos, no son más que cuestiones de forma que ocultan la oposición de Ventura Rodríguez a los planteamientos estéticos del edificio, con una densidad ornamental nada agradable a sus ojos.
En respuesta, ofrece su nueva versión con un presupuesto que asciende a 77.000 reales, que es enviada al Consejo en mayo de 1767, en donde obtiene el visto bueno y la petición de que sea llevada a cabo una subasta para su adjudicación. A la misma se presentaron Alonso Ruiz Florindo e Ignacio Moreno, Maestro Mayor de los Reales Alcázares de Sevilla, aunque quedó sin adjudicar por la objeción que se hizo al uso de la piedra como material de construcción, dado que la carencia de la misma en el término encarecería mucho la obra.
De manera que fue devuelto el proyecto con la referida indicación, a lo que Ventura Rodríguez contestó aceptando la modificación en octubre de 1767, sugiriendo el nombre de Ignacio Moreno como el del más capacitado de los arquitectos interesados en la obra.
El 19 de febrero de 1768 fue rematada definitivamente la construcción de las casas capitulares en Alonso Ruiz Florindo por 68.000 reales, después de haberse hecho la consiguiente oferta pública en la localidad y en los pueblos colindantes.
Previo al contrato de obra hay un acuerdo firmado por Alonso Ruiz Florindo y don Beltrán de Benauta el 1 de marzo de 1768 por el que fija las condiciones de agregación de una propiedad aneja. Una casa propiedad de don Andrés y don Miguel de Carmona Tamariz, vecinos de Alba de Tormes, cuyo solar fue valorado en 11.000 reales, a pagar la mitad por los contratistas, por aprovechamiento de los materiales del derribo que ascendía a la misma cantidad.
La obligación para ejecutar las obras según los planos de Ventura Rodríguez, arquitecto Mayor de la Corte, tiene fecha del primero de diciembre de 1768.
En enero de 1771 solicita el maestro el pago del primer tercio de la obra, 22.666 reales. En mayo de 1771 se paga el segundo tercio de la obra, quedando pendiente el resto que se le abonará al año siguiente.
El edificio fue construido bajo diseño de Ventura Rodríguez con modificaciones de Ignacio Moreno. El director de las obras fue Alonso Ruiz y las concluyó en 1772.
Ignacio Moreno introduce reformas en la distribución espacial, teniendo en cuenta la concurrencia de todas las partes, pues el resultado se asemeja a lo propuesto por cada uno de los maestros que, en el fondo, no difería mucho.
La regularidad de este espacio facilitó su organización y dio lugar a que las tres propuestas tuvieran soluciones semejantes. Alonso ejecutó su propio proyecto distributivo que apenas se apartaba del resto.
La puerta principal, situada junto al vértice derecho de la fachada, conducía, tras un zaguán, a una escalera que llevaba a las estancias principales, de las que estaba más inmediata la sala capitular en cuyo muro derecho se abre la sala de secretos y la del archivo.
Como el dibujo de la planta no dejó especificado si esta compartimentación era en el bajo o en el alto, ha dado lugar a confusas interpretaciones.
El diseño de Moreno ofrecía una mayor independencia del módulo carcelario. En planta baja, pero con acceso por la otra puerta, situada en el ángulo opuesto de la misma crujía, estaban las dependencias carcelarias, con una distribución similar. El ayuntamiento había hecho consultas en 1769 sobre la posibilidad de dedicar la primera pieza de la planta baja a sala capitular baja. Ignacio Moreno giró visita para estudiar la petición, de sus conclusiones el Consejo de Castilla determinó denegarla y mantener esta dependencia como prisión para presos de clase.
Cristóbal Ruiz Florindo, hermano de Alonso, se hizo cargo de gran parte de la edificación, puesto que el adjudicatario tendrá en esas mismas fechas otras ocupaciones inexcusables.
El resultado de este trabajo es un edificio desornamentado cuya única concesión a la decoración proviene de la tectónica. Como toda la producción de Ventura Rodríguez a partir de 1760, que entra dentro de un periodo que se ha dado en llamar “funcionalista”, una evolución hacia la pureza arquitectónica y el abandono del añadido decorativo.

Las líneas cenadas del cuerpo prismático de este edificio refuerzan la aparente compacidad volumétrica. Por otro lado el seriado y la regularidad de huecos establecen un paralelismo de edificio con la arquitectura doméstica. El equilibrio no obstante impera y obliga a señalar un marco similar al portal del extremo opuesto. El ritmo continuo de los huecos produce cierta monotonía. Los únicos elementos ornamentales son los remarcos dispuestos en dos y tres niveles de profundidad y las ménsulas y placas bulbosas que sostienen los balcones, como derivación del modelo barroco empleado bajo los balcones y la placa clasicista de sobredintel. El sistema utilizado para enriquecer plásticamente los vanos, con la superposición de planos, recuenta las soluciones que los seguidores de Tosca están empleando en Valencia, como ocurre con la iglesia del Temple, de Miguel Fernández (1761).
Ventura Rodríguez no dispuso el uso de esas placas bubosas sanadas bajo los balcones y entre ménsulas. Parece ser una novedad introducida por Alonso o su hermano Cristóbal, a imitación de otros pedestales usados en la arquitectura civil sevillana.
Por último, el dibujo del alzado, adjudicado a Alonso Ruiz Florindo, muestra las formas desarrolladas por la arquitectura de la comarca ecijana durante el XVIII.
Recordemos en este las obras que se realizan por estos años en las casas miradores de la plaza mayor de Écija, o la construcción del ayuntamiento de Lora del río. El proyecto de Ruiz Florindo y Carmona divide la superficie mural mediante elementos verticales, pilastras, y horizontales, cornisamento. A su vez, su diseño dispone dos unidades diversas: una caracterizada por los vanos cerrados por una rica guarnición mixtilínea, y otra resuelta en una loggia, a la manera tradicional para las casas consistoriales de la tierra, abierta en arcos, con balcón en el piso superior, y estípites como simulado soporte. El aspecto lignario, a tono con la evolución que experimenta la arquitectura del maestro, bien pudo ser intensificado por las indicaciones del alarife carpintero y familiar Andrés Carmona; parece reducirse el aparato vegetal en la decoración, y aparece la rocalla, un fragmento de significación formal que había soslayado hasta el momento.


Otras obras públicas
Como maestro inteligente en cañerías, en 1764, le fue encomendada por el ayuntamiento la inspección y la solución a los problemas de agua que sufría el pueblo, una tarea de la que años más tarde se denunciarían ciertas deficiencias de ejecución. Se decía que una de las cuatro esquinas de la fuente se había resentido, a lo que el maestro repuso el problema era debido a una puesta en marcha anticipada. Esta cuestión salía a relucir a la par que era encargada la limpieza de la fuente a Cristóbal.
Intervino en 1771 en el aterraplenado del terreno a la salida del arco del palacio, con un costo estimado por Cristóbal Ruiz Florindo en 3.000 ó 4.000 reales.
En 1769 se remató en Alonso la obra del puente sobre el arroyo de la Madre, de que se habían seguido autos en Écija. Con tal motivo apodera a su yerno don Beltrán de Benauta y Abadía para firmar la obligación. Tuvo algunas anomalías que obligaron al artista a presentarse ante los tribunales.

En 1772 daba poder a Antonio Pellicer para que le defendiera de las acusaciones que pesaban en su contra por demasía en la construcción del puente, exponiendo las causas, principalmente haberse aumentado contra su voluntad en algunas de sus dimensiones, elevación y longitud.
El puente se encontraba en el arrecife que recorría los términos de la Monclova y Écija, sobre el arroyo de la Madre. Posiblemente la obra quedó enmascarada con los sucesivos arreglos del camino real, sobre todo con las obras realizadas en la segunda mitad del siglo XIX, que son las que parecen apreciarse bajo la mole de hormigón colocada en los años noventa de este siglo. Madoz, que pudo conocer la obra de Ruiz Florindo, lo describe como un “buen puente”.


Alonso, arquitecto de la Nueva Población de La Luisiana (1771)
En 1771, mientras andaba ocupado en la conclusión del ayuntamiento de Fuentes, le fue encomendada una tarea de gran envergadura, la dirección de las obras que se llevaban a cabo en la cercana población de La Luisiana.
En mayo de ese año facultaba a su hermano Cristóbal para que le sustituyera en caso preciso en los trabajos de Fuentes, dado que su dedicación a la gran empresa de la Nueva Población le ocupaba mucho tiempo. Ejercía como Maestro Mayor de la misma: “esttándolo [nombrado] ttambién ttodas las obras de la Real y nueva población de la Luisiana como maestro maior de ella”.
Cabe preguntarse el grado de responsabilidad creativa que tal nombramiento acarreaba sobre la arquitectura de la localidad.

El cese, en agosto de 1770, de la mayoría de los ingenieros militares que habían dirigido hasta el momento la construcción de las Nuevas Poblaciones, obligó a contratar a los arquitectos civiles de las comarcas colindantes. Así ocurrió en La Carolina, donde pasó a trabajar Jorge Barbery.
Por tanto es posible que Alonso Ruiz Florindo fuera nombrado en esas circunstancias. Poco antes de 1769, el propio Intendente Olavide había solicitado, a los maestros radicados en Fuentes y otras poblaciones cercanas, la asistencia técnica para acelerar el proceso constructivo de la nueva población.
Los nuevos Maestros Mayores tenían encomendada la dirección de obra, y sólo en casos muy determinados, en el de aquéllos que estaban facultados, podrían proyectar.
Por otro lado, el urbanismo de La Luisiana estaba definido ya a principio de los setenta. Se conocen los nombres autores del macroproyecto urbanizador de toda la comarca, pertenecientes a los ingenieros reales Simón Desnaux, Casimiro Isaba y José González Terminar.
En definitiva, el papel que Alonso Ruiz Florindo pudo jugar en la Nueva Población se reduciría a la conducción de las obras ya iniciadas y en todo caso, dada su capacidad, podría haber diseñado algunos edificios. Es muy posible que diera planos para la casa de Postas, construida antes de 177587, lo que coincide con la fecha de nombramiento en el cargo. El edificio es de planta rectangular con separación de la zona de hospedaje que gira en torno a un patio de dos plantas con arcos de medio panto. La portada repite las formas utilizadas en la comarca, con decoración de clave y pinjantes, aunque en un tono sobrio, como corresponde a la ocasión constructiva y la tipología edilicia.

La iglesia de Fuentes, es un edificio rectangular de tres naves que emplea las columnas como soporte. Ha sido relacionada con las creaciones de la comarca de Écija, sobre todo debido al rico perfil de la cúpula.
Este edificio muestra un repertorio ornamental y un concepto del espacio cercanos al rococó. Sobresale la diafanidad del cuerpo de iglesia, recuerdo propio del arte centroeuropeo, donde los ámbitos eclesiales son despejados por efecto de la amplitud espacial, el acertado manejo de los focos de luz y sobre todo la esbeltez de los soportes. En La Luisiana no sólo se recurre al adelgazamiento de los fustes columnarios, sino que también se abren óculos en el propio presbiterio. El ornamento también es trasunto de ese barroco tardío europeo: he ahí las formas vegetales de las pechinas.
La fachada no puede ser estudiada por ser obra contemporánea, fruto de una reforma efectuada en nuestro siglo. En fotografías antiguas puede verse que en su estado primitivo estaba compuesta por un pórtico que antecedía al resto, con un arco de medio punto sin mayor ornamento, y que la espadaña estaba decorada por pilastras de fuste liso.
El compromiso de Alonso Ruiz Florindo en la construcción de las Nuevas Poblaciones pudo llevarle a trabajar a otros núcleos vecinos a La Luisiana, aunque la falta de documentos que confirmen este punto debe hacernos mover en el terreno de la hipótesis.
En este sentido Rivas Carmona ha relacionado el repertorio ornamental de los edificios de las nuevas colonias de la parrilla cordobesa con la actividad de maestros del área ecijana, mencionando expresamente las similitudes formales con la obra de los Ruiz Florindo en construcciones de la villa de La Carlota como el palacio de Intendencia, la iglesia parroquial o el propio cementerio de esta localidad.



FUENTES INFOMATIVAS.-
Internet.
El libro “Fuentes de Andalucía y la arquitectura barroca de los Ruiz Florindo” de Francisco Ollero Lobato y Fernando Quiles García.
Archivos parroquiales.
Archivos municipales del ayuntamiento de Fuentes de Andalucía.