HOMENAJE A UN HOMBRE SENCILLO
De los primeros recuerdos que, de mi niñez guardo en mi memoria, quiero atraer una serie de imágenes tuyas, Antonio, que me ayuden a expresar con palabras una semblanza de tu agradable humanidad.
Antonio Jiménez Rabadán, “Antoñito el de las Gaseosas”. Como todo el pueblo de Fuentes te conocía, desde que allá por los años cincuenta ayudabas a tu padre en el negocio familiar repartiendo gaseosas y sifones; primero, con un carro tirado por un burro, después, con un motocarro. Ya desde entonces podíamos gozar de tu agradable sonrisa. Esa fue una constante en tu vida, ofrecer amabilidad y simpatía, dones de los que generosamente te dotó Dios y que gozamos quienes contigo hemos tenido la dicha de convivir.
De la evolución de la técnica te aprovechaste poco, nada te sacó de tus tradicionales medios de locomoción, cuando, por cambio de actividad profesional, dejaste las gaseosas para dedicarte a la reparación de radios y televisores, sólo precisaste un simple ciclomotor, jamás tuviste coche.
Fuiste esencialmente un hombre sencillo, de naturaleza rural; nunca sentiste ambición por mejorar, si ello suponía tener que dejar tu pueblo.
Comunicativo, de aspecto corriente pero bastante culto, ávido lector de toda prensa que pasaba por tus manos; te gustaba mucho la música, sobre todo la zarzuela y el tango (echamos de menos tu voz en el coro de la parroquia); poseías amplios conocimientos sobre cine, este arte suponía tu afición favorita junto al fútbol, (contigo ha perdido el Betis a uno de sus más leales simpatizantes).
Antonio Jiménez Rabadán, “Antoñito el de las Gaseosas”. Como todo el pueblo de Fuentes te conocía, desde que allá por los años cincuenta ayudabas a tu padre en el negocio familiar repartiendo gaseosas y sifones; primero, con un carro tirado por un burro, después, con un motocarro. Ya desde entonces podíamos gozar de tu agradable sonrisa. Esa fue una constante en tu vida, ofrecer amabilidad y simpatía, dones de los que generosamente te dotó Dios y que gozamos quienes contigo hemos tenido la dicha de convivir.
De la evolución de la técnica te aprovechaste poco, nada te sacó de tus tradicionales medios de locomoción, cuando, por cambio de actividad profesional, dejaste las gaseosas para dedicarte a la reparación de radios y televisores, sólo precisaste un simple ciclomotor, jamás tuviste coche.
Fuiste esencialmente un hombre sencillo, de naturaleza rural; nunca sentiste ambición por mejorar, si ello suponía tener que dejar tu pueblo.
Comunicativo, de aspecto corriente pero bastante culto, ávido lector de toda prensa que pasaba por tus manos; te gustaba mucho la música, sobre todo la zarzuela y el tango (echamos de menos tu voz en el coro de la parroquia); poseías amplios conocimientos sobre cine, este arte suponía tu afición favorita junto al fútbol, (contigo ha perdido el Betis a uno de sus más leales simpatizantes).

Así te recordamos durante gran parte de tu vida, alegre y risueño, hasta que la vida te mostró la cara negra llevándose tras una larga enfermedad, a la mujer de toda tu vida. Aún así hacías de tripa corazón y tratabas de ofrecer un gesto agradable.
Pero ya nada fue igual, tu mente estaba fuera de tu entorno y tu mirada fija hacia arriba, inamovible. Sólo entonces accediste a dejar tu pueblo.
Y de la forma más rapada y sencilla, sin darle importancia a tu propia vida, llenaste tu alma de tu Fuentes, tu pueblo, y recordando tus tiempos de futbolista, nos hiciste a todos un regate y nos pusiste en tu particular pantalla: tu “FIN”.

“Sencillamente vivió,
sencillo fue al despedirse.
Rogó a Dios le ayudara a irse
y junto a su Amparo subió”.
Estas fotografías fue hecha por Antonio Jiménez en Fuentes de Andalucía, Sevilla (España). Cayó una intensa nevada el 2 de febrero de 1954. Desde entonces no ha vuelto ha nevar, y es que en esta zona de España se alcanzan temperaturas de más de 45ºC en agosto.


Eloy Mórente
Libro de Feria 1998
