Don Francisco Armero Fernández de Peñaranda nace en Fuentes de Andalucía el 3 de mayo de 1803, y no como dicen algunas enciclopedias en el 1804. Sus padres eran don Antonio Armero y doña María de los Dolores Fernández de Peñaranda. El niño fue bautizado en la parroquia de Santa María la Blanca, cuya ceremonia la ofició el vicario y cura don Cristóbal Martín Hornillo y Lora, siendo los padrinos don Francisco Fernández de Peñaranda y doña María Micaela de Sevilla, abuelos maternos; y como testigos los abuelos paternos, don Martín Armero y doña Agustina Almazán. Al niño le pusieron de nombre Francisco José de la Cruz, pero todos lo conocerían como Curro.
El ambiente familiar en que se educó don Francisco Armero influirá de manera decisiva en su trayectoria militar y en su formación religiosa. Fue el mayor de catorce hermanos. Las primeras letras las aprende viendo el ir y el venir de los ejércitos que intentan, ya sin ninguna esperanza, seguir conservando los restos de las colonias americanas de un Imperio que se va debilitando.
El niño Francisco Armero ve cómo los franceses se van de Fuentes mientras entraban los partidarios de Fernando VII al son de las campanas de la parroquia y de los conventos; con un ejército popular reunido en la plaza mayor de Fuentes (paseíto de la Arena), en el cual los soldados van sin botas y los tratos de avituallamientos y caballerías tienen que hacerse a la manera de los fontaniegos: con un apretón de mano y promesas en firme que hay que cumplir.
Su padre, don Antonio Armero, es nombrado concejal en un Ayuntamiento absolutista y en un Pleno del año 1818 tuvo la siguiente intervención:
«Ante V.A. con el mâs profundo respeto expongo que cerca de dos mil Vezinos que forman su Población, se ven privados de la agradable ê interesante ventaja de tener agua potable dentro de sus calles, ô en sus Exidos, que por ello no solo han padecido de siempre en su persona y tambiên en los muchos ganados de sus pingües labores, y dilatados tráficos, y aun sufre, lo mismo la Caballerîa del Estado, que continuamente pasa por ella, como Pueblo de Etapa.
Que teniendo necesidad de traher al Pueblo el agua potable desde cierta distancia de êl, y de llevar â estos Aguaderos las bestias, le es muy costoso, pierden de ganar en otras ocupaciones ûtiles, y aun ofende a las costumbres pûblicas la reuniôn de los dos sexos en despoblado de dîa y de noche, por lo que propongo al Ayuntamiento que deseando poner termino â tantos perjuicios y llenando su primer dever en procurar el bien, y precaver el mal â estos Vezinos, se traigan aguas potables en el Exido del Pueblo.
Por todo lo qual, suplico se sirva concederme su permiso para traer las aguas potables â el Exido del Pueblo segûn ê expuesto».
Su padre, don Antonio Armero, es nombrado concejal en un Ayuntamiento absolutista y en un Pleno del año 1818 tuvo la siguiente intervención:
«Ante V.A. con el mâs profundo respeto expongo que cerca de dos mil Vezinos que forman su Población, se ven privados de la agradable ê interesante ventaja de tener agua potable dentro de sus calles, ô en sus Exidos, que por ello no solo han padecido de siempre en su persona y tambiên en los muchos ganados de sus pingües labores, y dilatados tráficos, y aun sufre, lo mismo la Caballerîa del Estado, que continuamente pasa por ella, como Pueblo de Etapa.
Que teniendo necesidad de traher al Pueblo el agua potable desde cierta distancia de êl, y de llevar â estos Aguaderos las bestias, le es muy costoso, pierden de ganar en otras ocupaciones ûtiles, y aun ofende a las costumbres pûblicas la reuniôn de los dos sexos en despoblado de dîa y de noche, por lo que propongo al Ayuntamiento que deseando poner termino â tantos perjuicios y llenando su primer dever en procurar el bien, y precaver el mal â estos Vezinos, se traigan aguas potables en el Exido del Pueblo.
Por todo lo qual, suplico se sirva concederme su permiso para traer las aguas potables â el Exido del Pueblo segûn ê expuesto».

Don Francisco Fernández de Peñaranda, abuelo materno, quería meter a su nieto por los caminos trillados de la tradición, porque él como otros parientes, sirvieron en la Marina, y en agosto de 1819 don Francisco Armero empieza a estudiar la carrera naval; terminando los estudios en el departamento marítimo de San Fernando.
Embarca en Cádiz el día 1 de agosto de 1822 en la corbeta “Aretisa”, destinada al Norte de España a perseguir el contrabando y haciendo varios viajes por
distintos puertos europeos.
Tomó parte en la defensa de Cádiz, combatiendo en la batalla “Trocadero”, entre el cruce de Puerto Real y Puerto de Santa María, contra el Duque de Angulema que al mando del ejército francés denominados “Los cien mil hijos de San Luis”, trataban de cercar y conquistar la plaza de Cádiz.
Entre 1820 y 1823 tuvo lugar una insurrección en las colonias americanas. Fernando VII nada hizo por reformar el ejército ultramarino, y en 1824 envió al ejército para tratar de salvar lo imposible mediante su esfuerzo agónico. Don Francisco Armero, formando parte de la tripulación del navío “Asia” salió a la mar el 13 de enero de 1824, en unión del bergantín “Aquiles”, dirigiéndose a las Malvinas; hicieron escala en el puerto de “Egmont”, en octubre remontaron el cabo de Hornos y fondearon en San Carlos de Chiloé, batiendo a la flota peruano-colombiana como comandante de bandera. Desde el puerto de San Carlos de Chiloé al puerto del Callao sufrieron un duro temporal, que desarboló al navío “Asia” en los mástiles, destacándose don Francisco Armero en las maniobras precisas. Siguió las operaciones hasta que la capitulación del Ejército de Tierra significó la pérdida del virreinato del Perú, que duró cuatro días consecutivos de luchas.
distintos puertos europeos.Tomó parte en la defensa de Cádiz, combatiendo en la batalla “Trocadero”, entre el cruce de Puerto Real y Puerto de Santa María, contra el Duque de Angulema que al mando del ejército francés denominados “Los cien mil hijos de San Luis”, trataban de cercar y conquistar la plaza de Cádiz.
Entre 1820 y 1823 tuvo lugar una insurrección en las colonias americanas. Fernando VII nada hizo por reformar el ejército ultramarino, y en 1824 envió al ejército para tratar de salvar lo imposible mediante su esfuerzo agónico. Don Francisco Armero, formando parte de la tripulación del navío “Asia” salió a la mar el 13 de enero de 1824, en unión del bergantín “Aquiles”, dirigiéndose a las Malvinas; hicieron escala en el puerto de “Egmont”, en octubre remontaron el cabo de Hornos y fondearon en San Carlos de Chiloé, batiendo a la flota peruano-colombiana como comandante de bandera. Desde el puerto de San Carlos de Chiloé al puerto del Callao sufrieron un duro temporal, que desarboló al navío “Asia” en los mástiles, destacándose don Francisco Armero en las maniobras precisas. Siguió las operaciones hasta que la capitulación del Ejército de Tierra significó la pérdida del virreinato del Perú, que duró cuatro días consecutivos de luchas.

Desde el puerto de Quince el navío “Asia” se dio a la vela el 5 de enero de 1825 con rumbo a las Islas Filipinas. La tripulación, por falta de pagos y escaseces a bordo, se sublevó, y en la noche del 10 de marzo se negó a virar el cabestrante. El Alférez don Francisco Armero se lanzó sable en mano contra los amotinados y, al verse perdido, se arrojó al agua y se refugió en los barrones del timón, pudiendo así llegar a Filipinas, donde desembarcó más que extenuado.
De nuevo en España, fue trasladado a la corbeta “Descubierta”. Ascendió a Teniente y lo trasladaron a bordo del bergantín “Guadalete”.
El 2 de Febrero de 1830, se desencadenó un temporal imponente. Para aliviar la presión del viento, el Teniente don Francisco Armero Fernández de Peñaranda dispuso calar los masteleros de juanete, y al ejecutar la orden el gaviero mayor, don Jaime Mono, cayó al agua. Don Francisco Armero con cuatro voluntarios y él de timonel, embarcan en un bote y, después de una lucha titánica, logró salvar al gaviero, con grave peligro de su vida. Por está acción, se le concedió la Cruz de Marina de la Diadema Real (Cruz del Mérito Naval).
Después de otros servicios de mar y de guerra y cuando mandaba el cañonero “Leopoldino”, asistió con el buque y con su compañía de desembarco a toda la campaña del Cantábrico contra los carlistas. En 1835, ayudó con su pericia al levantamiento del primer sitio de Bilbao.
Sitiada de nuevo Bilbao por los carlistas como símbolo y capital de su causa, don Francisco Armero recibió el encargo de tender un puente sobre el río Nervión y su afluente el Galindo para el paso de las fuerzas isabelinas, venciendo a las tropas legitimistas al mando de Tomas de Zumalacárregui.
Obteniendo don Francisco Armero, por su heroica actuación la concesión de la primera Gran Cruz Laureada de San Fernando, y fue nombrado, en el mismo campo de batalla, Coronel de Infantería de Marina, esto ocurría el 6 de enero de 1836.
Fue nombrado Capitán de Fragata porque el día 14 de diciembre de 1836, don Francisco Armero, dejó el cañonero “Leopoldino”, que mandaba, y en un bote se puso a la cabeza de la columna, saltando el primero sobre el muelle de Luchana y se apoderó de la batería enemiga, emplazándola a la falda del monte de las Cabras. Gravemente herido en un muslo, don Francisco Armero siguió sosteniendo con sus gritos el ímpetu de los soldados y al terminar la memorable jornada fue retirado al hospital. Mediante juicio contradictorio, del que fue fiscal el jefe de Estado Mayor, general Oras, se le concedió la segunda Gran Cruz Laureada de San Fernando, de Marina.
Para que pudiera convalecer de su herida se le dio el mando del apostadero de “Nervión”. A principio del año 1837 determinó el jefe del Ejército el traslado de sus tropas por mar a San Sebastián, embarcándolas en Portugalete. El Capitán de Fragata don Francisco Armero, con una actividad y unas dotes de mando excepcionales, logró embarcar treinta batallones de infantería, dos mil ochocientos caballos, artillería y bagaje.
Tres años más tarde ascendió a Brigadier. Con la rapidez que seguía la serie de hechos heroicos pasó don Francisco Armero por todos los grados de la Armada Eran unos años de total dedicación y entrega a la labor militar y ningún ascenso fue otorgado sin una escrupulosa revisión de méritos.
Uno de los aspectos más significativos en la vida del militar fontaniego fue la actuación en la primera guerra carlista. Bloqueando la costa catalana, al mando de las fuerzas de Cataluña, el 21 de febrero de 1840 dominó la sublevación, entrando en las ciudades de Tolosa y Amposta por las bocas del río Ebro, ganando la distinción de usar la Insignia de Preferencia.
Al terminar la Guerra Civil su vida cambió de golpe, como aconteció con otros muchos militares en aquella etapa. Los éxitos comenzaron a significar escalones importantes hacia la política, y fue nombrado Ministro de Marina.
En agosto de 1843 don Francisco Armero fue nombrado Capitán General del Departamento de Cartagena y se le concedió la Cruz de Isabel la católica. Más tarde sería designado para Capitán General de Andalucía.
El triunfante alzamiento antiesparterista decide la mayoría de edad de la reina Isabel II, que comienza en 1843 su reinado a los trece años. El día 2 de febrero de 1844 González Bravo, como Presidente del gobierno, asciende al empleo de Teniente General del Ejército, con igual graduación en la Marina de Guerra, a don Francisco Armero, por conveniencias políticas.
En mayo de 1844 daría paso a un gobierno del general Ramón de Narváez, sustituyendo en el Ministerio de Marina a Pérez de Castro por don Francisco Armero y Fernández de Peñaranda, encargándole también de las carteras de Comercio y Ultramar. Fue nombrado así mismo Capitán General de Madrid, contribuyendo a sofocar el primer movimiento socialista de mayo del mismo año en la capital de España y la sublevación militar de Sevilla.
Sitiada de nuevo Bilbao por los carlistas como símbolo y capital de su causa, don Francisco Armero recibió el encargo de tender un puente sobre el río Nervión y su afluente el Galindo para el paso de las fuerzas isabelinas, venciendo a las tropas legitimistas al mando de Tomas de Zumalacárregui.
Obteniendo don Francisco Armero, por su heroica actuación la concesión de la primera Gran Cruz Laureada de San Fernando, y fue nombrado, en el mismo campo de batalla, Coronel de Infantería de Marina, esto ocurría el 6 de enero de 1836.Fue nombrado Capitán de Fragata porque el día 14 de diciembre de 1836, don Francisco Armero, dejó el cañonero “Leopoldino”, que mandaba, y en un bote se puso a la cabeza de la columna, saltando el primero sobre el muelle de Luchana y se apoderó de la batería enemiga, emplazándola a la falda del monte de las Cabras. Gravemente herido en un muslo, don Francisco Armero siguió sosteniendo con sus gritos el ímpetu de los soldados y al terminar la memorable jornada fue retirado al hospital. Mediante juicio contradictorio, del que fue fiscal el jefe de Estado Mayor, general Oras, se le concedió la segunda Gran Cruz Laureada de San Fernando, de Marina.
Para que pudiera convalecer de su herida se le dio el mando del apostadero de “Nervión”. A principio del año 1837 determinó el jefe del Ejército el traslado de sus tropas por mar a San Sebastián, embarcándolas en Portugalete. El Capitán de Fragata don Francisco Armero, con una actividad y unas dotes de mando excepcionales, logró embarcar treinta batallones de infantería, dos mil ochocientos caballos, artillería y bagaje.
Tres años más tarde ascendió a Brigadier. Con la rapidez que seguía la serie de hechos heroicos pasó don Francisco Armero por todos los grados de la Armada Eran unos años de total dedicación y entrega a la labor militar y ningún ascenso fue otorgado sin una escrupulosa revisión de méritos.Uno de los aspectos más significativos en la vida del militar fontaniego fue la actuación en la primera guerra carlista. Bloqueando la costa catalana, al mando de las fuerzas de Cataluña, el 21 de febrero de 1840 dominó la sublevación, entrando en las ciudades de Tolosa y Amposta por las bocas del río Ebro, ganando la distinción de usar la Insignia de Preferencia.
Al terminar la Guerra Civil su vida cambió de golpe, como aconteció con otros muchos militares en aquella etapa. Los éxitos comenzaron a significar escalones importantes hacia la política, y fue nombrado Ministro de Marina.
En agosto de 1843 don Francisco Armero fue nombrado Capitán General del Departamento de Cartagena y se le concedió la Cruz de Isabel la católica. Más tarde sería designado para Capitán General de Andalucía.
El triunfante alzamiento antiesparterista decide la mayoría de edad de la reina Isabel II, que comienza en 1843 su reinado a los trece años. El día 2 de febrero de 1844 González Bravo, como Presidente del gobierno, asciende al empleo de Teniente General del Ejército, con igual graduación en la Marina de Guerra, a don Francisco Armero, por conveniencias políticas.
En mayo de 1844 daría paso a un gobierno del general Ramón de Narváez, sustituyendo en el Ministerio de Marina a Pérez de Castro por don Francisco Armero y Fernández de Peñaranda, encargándole también de las carteras de Comercio y Ultramar. Fue nombrado así mismo Capitán General de Madrid, contribuyendo a sofocar el primer movimiento socialista de mayo del mismo año en la capital de España y la sublevación militar de Sevilla.
Posteriormente, en 1848 fue nombrado Comandante General del Apostadero de La Habana, donde desarrolló una importante labor, logrando hacer fracasar la expedición del cabecilla Navarro López, al que persiguió personalmente hasta Cayo Hueso, a bordo del vapor “Pizarro”. En La Habana don Francisco Armero cayó enfermo de gota.
Entre 1854 y 1863, España vive la década dominada históric
amente por un nuevo grupo político: La Unión Liberal. El general don Leopoldo O´Donnell, líder de este partido, agrupó a los militares moderados indispuestos con Bravo Murillo. La época de la Unión Liberal se abre, sin embargo, con un vaivén de dos bienios: uno progresistas (1854-1856) con el general Espartero, duque de la Victoria, y otro moderado, como si no hubiese pasado nada (1856-1857), con el general Ramón de Narvaéz. El general don Leopoldo O´Donnell es de nuevo árbitro de la política, sustituyendo al general Ramón de Narvaéz por su amigo don Francisco José Armero y Fernández de Peñaranda a la presidencia del gobierno; cargo que desempeñó a lo largo de un año. Algunos historiadores dicen que fueron días, mientras que la Historia de España apenas habla de este período. En el 1858, O´Donnell sustituye a nuestro personaje en la dirección del gobierno, quedando don Francisco Armero con el cargo de Director General de la Armada.
El 3 de junio de 1858 un gran incendio destruyó el Altar Mayor del Convento de las Madres Mercedarias de Fuentes de Andalucía. Don Francisco Armero pide ayuda a la reina Isabel II, y ésta le dona al convento 80.000 reales vellón (ver foto, donde se refleja la petición de ayuda de don Francisco Armero a la reina Isabel II [este óleo se conserva en el convento de las Madres Mercedarias de Fuentes de Andalucía]).
Entre 1854 y 1863, España vive la década dominada históric
amente por un nuevo grupo político: La Unión Liberal. El general don Leopoldo O´Donnell, líder de este partido, agrupó a los militares moderados indispuestos con Bravo Murillo. La época de la Unión Liberal se abre, sin embargo, con un vaivén de dos bienios: uno progresistas (1854-1856) con el general Espartero, duque de la Victoria, y otro moderado, como si no hubiese pasado nada (1856-1857), con el general Ramón de Narvaéz. El general don Leopoldo O´Donnell es de nuevo árbitro de la política, sustituyendo al general Ramón de Narvaéz por su amigo don Francisco José Armero y Fernández de Peñaranda a la presidencia del gobierno; cargo que desempeñó a lo largo de un año. Algunos historiadores dicen que fueron días, mientras que la Historia de España apenas habla de este período. En el 1858, O´Donnell sustituye a nuestro personaje en la dirección del gobierno, quedando don Francisco Armero con el cargo de Director General de la Armada.El 3 de junio de 1858 un gran incendio destruyó el Altar Mayor del Convento de las Madres Mercedarias de Fuentes de Andalucía. Don Francisco Armero pide ayuda a la reina Isabel II, y ésta le dona al convento 80.000 reales vellón (ver foto, donde se refleja la petición de ayuda de don Francisco Armero a la reina Isabel II [este óleo se conserva en el convento de las Madres Mercedarias de Fuentes de Andalucía]).

En 1861 hay una tremenda revuelta dirigida por Pérez del Álamo, con el propósito de destronar a la Reina e instaurar la República, pero con más acento social que político: quema de archivos, asesinato de personas influyentes... La reina Isabel II constituyó un Gabinete de Notables, siendo designado ministro por quinta vez don Francisco Armero para desempeñar las Carteras de Marina y Guerra, cesando en estos ministerios en 1865. Había alcanzado ya el grado de Capitán General de la Armada.
Como prueba de su experiencia marinera queda algunos recuerdos: “Numancia”, primer buque acorazado que don Francisco Armero preparó y dispuso su viaje a Filipinas; la instalación del Colegio Naval Militar en San Carlos; el impulso del Observatorio de Marina; fundación de la Escuela de Condestables en San Fernando; la reorganización de los Arsenales; así como la instalación de agua en La Carraca desde San Carlos.
El día 22 de febrero de 1862, en atención a sus servicios, la reina Isabel II le concedió el título de Marqués de Nervión, con Grandeza de España.
Falleció en Fuentes de Andalucía el día 2 de julio de 1866. El féretro llevaba cuatro cintas de distintos colores correspondientes a las órdenes de San Hermenegildo, San Fernando (Diadema Real), Carlos III e Isabel la Católica, que obtuvo con sobra de méritos.
El 9 de Agosto de 1866 se dispuso el traslado de los restos al Panteón de Marinos Ilustres, que se llevó a cabo en 1872 y recibió definitiva sepultura en un magnífico mausoleo costeado por la familia y sobre el que consta la siguiente inscripción:
«Don Francisco Armero y Fernández de Peñaranda, primer marqués de Nervión, Capitán General de la Armada. Grande de España de primera clase, senador del Reino. Nació en el 3 de Mayo de 1803 en Fuentes de Andalucía. A su voluntad y energía se debió en gran parte el establecimiento de la Marina de Guerra y la nombradía que ha recobrado entre propio y extraños. Falleció el 2 de julio de 1866 en Fuentes de Andalucía. Su viuda e hijos al dedicarle este monumento piden fervorosamente para el alma del ilustre marino el reposo de los justos en el seno de Dios».

Documentación facilitada por Juan Ruíz, Manuel Álvarez Palmero y Madres Mercedarias de Fuentes de Andalucía.