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08 septiembre 2008

JUAN RUIZ FLORINDO


Juan, el iniciador de la interesante serie de obras de la familia, era hijo de Cristóbal Ruiz Florindo y de María Domínguez de León. El registro de este matrimonio casado en 1695 esta en el APF libro desposorios IV, 1695-1750, folio 2v, textualmente dice lo siguiente:

“En la vª de fuentes en tres días del mes de Julio de mil y seis cientos y nobenta y cinco años yo el Licenciado Francisco Páez Cordero cura mas antiguo de la Yglesia parroquial de Santa maría la Blanca de esta dicha villa abiendo presidido Las tres canónicas monisiones que manda el Santo Concilio de Trento y lo demás dispuesto por derecho y abiendo confessado y comulgado ya sabiendo la doctrina christiana despose por palabras de presenter que hasen berdadero matrimonio a xptobal Ruis florindo natural de la villa de palma hijo de Antonio de Carmona Adalid y de Ana de Santiago con maría de león naturad de esta dicha villa hija de Antonio domínguez y de menzia Ruis defunta siento testigos miguel duran, Francisco nuñes y Andrés de Vargas todos vesinos de esta uilla y lo firme ut suprae ttº”

El niño Juan Ruiz Florindo nació el lunes 26 de enero de 1699 en Fuentes. Fue bautizado el sábado 31 de enero, constando en la parroquia de Fuentes la siguiente inscripción:
“En la villa de fuentes en treinta y uno días de el mes de henero de mil seis sientos y nobenta y nuebe años yo el Licenciado Francisco Paes Cordero cura más antiguo de la Iglesia Parroquial de Santa Mária la blanca de dha villa exorsise cathequise y baptista Ju hijo legitimo de zptoual ruiz florindo y de maría de león su mujer declaro la partera ayer nasido en veinte y seis días de el dicho mes fue su padrino Juº de los Santos a quien auise las obligaciones y espiritual parentesco todos uesimos de esta villa fecho ut supra” (APF libro XII de Bautismo, fol 16r)".

Su padre procedía de Palma del Río, donde había nacido en la década de los setenta del XVII, no sabia ni leer ni escribir, y se había afincado en Fuentes antes de concluir el siglo, ejerciendo sólo circunstancialmente como albañil.
Como es habitual Juan emprendería la carrera profesional con su padre, quien le instruiría a la manera tradicional, mediante una colaboración activa como ayudante. Este aprendizaje a pie de obra fue esencial para su formación, que amplió con cierto esfuerzo intelectivo y perceptivo realizado desde sus años de juventud. Juan no supo escribir y que en estas condiciones se mantuvo a lo largo de toda su vida, con lo que difícilmente podría acudir a las fuentes escritas en busca de inspiración y prestamos formales. Sorprende descubrí que con un conocimiento plenamente experimental y el escaso aporte de un maestro más dado a los negocios mercantiles que a la construcción, tuviera Juan una producción de estimable calidad.
La documentación le presenta como un activo tratante de ganado con intereses inmobiliarios. Gozó de una estimable situación económica que le permitió sobresalir de entre sus conciudadanos. Aunque se sabe que fue albañil titulado, en ningún momento hemos encontratado alusiones directas al desarrollo de esa profesión. En 1712 así consta en una compra de casa, y en 1716 sale fiador de Hermenegildo Pérez, su vecino, que está en prisión.
Sin duda la capacidad económica le permitió derivar su actividad hacia otros negocios al margen de la construcción. El nivel de conocimiento fue el convencional entre maestros de esta categoría, facultado para trabajos elementales y por supuestos lejos de empeños intelectuales. Era analfabeto y en cierta ocasión confesaba su ignorancia en estos términos:
«Y porque el dho nombran (de depositario de grano del posito) lo tengo azeptado, y no sé leer ni escribir, ni tengo intelixª para las dependencias modesta del negocio mi Para dar las quentas del tiempo de mi depositº y para ello tengo hablado con Andrés mª Chaparro mª de albañil veª desta villa para que como persona yntelexente en mi nombre corra con la admª y cobranza del dho Posito».

Debió de obtener el titulo de maestro en las mismas fechas en la que contrae matrimonio, en el año 1719, puesto que en ese año puede mantener una posición económica suficiente para casarse con María Fernández del Corral.

Su acta matrimonial literal es la siguiente:
«En la villa de fuentes a dies y seis días del mes de julio de mil setecientos y diez y nueve años yo dº Sebastián de Góngora Gutiérrez cura de la Yglesia Parroquial de Sª María la Blanca de dha uilla auniendo presendido las tres canónicas monisiones, despose por palabra a Juan Ruiz Florindo hijo legitimo de Xptonal Ruiz florindo i de María Domínguez de león su lejitima muger con María fernandez del Corral hija legitima de alonso Fes difunto y de Marina de Carmona del Corral su lejitima mujer fueron testigos Pedro de la Barrera Sachistan menor, Miguel de lenon i franº Conejero, todos vesiº de esta dha uilla.»

Como ocurriera con su padre efectuó otros negocios al margen del ejerció profesional, haciendo acopio de bienes inmuebles, además de mantener una cierta actividad agropecuaria. Juan en compañía de su mujer y otros individuos, recibe en arrendamiento del concejo, justicia y regimiento de la villa, los reales derechos de cuatros unos por ciento, pertenecientes a la rentas del viento, fruta, pescado, y cabalgaduras, por un años, por 2600 reales.
Se obliga con una casa pequeñas en calle Hurtado y plazuela que sale a la calle Mayor de ella, linda con casa de Hermenegildo Pérez y otras de José Muñoz. No sabe escribir. Firma todos los documentos de arrendatario de impuestos: del jabón. O la de las alcabalas del viento fruta, pescado y cabalgaduras por 5000 rs.


Tenia casa en la calle Hurtado y también en la de San Sebastián, Juan Ruiz Florindo vivía en una casa de la calle San Sebastián, lindando con la de don Miguel de Vega Tortolero.
El análisis de la producción arquitectónica de Juan Ruiz Florindo está dificultada por al falta de documentación relativa a las que sería sus obras principales. De cualquier manera el estudio detenido de lo atribuido a su producción permite formar un conjunto creativo de cierta homogeneidad.
Por los documentos manejados se puede establecer un periodo de actividad segura desde mediados de los años 30 a mediados de los 40, aunque su trabajo debió ampliarse hasta el final de sus días.

Trabaja en 1736 a las órdenes de los Fernández de Peñaranda, en el molino del conde de Palma, situado en la calle Molinos, cuya reforma le encarga don Lope. Este dato permite aventurar la hipótesis de que la casa de la calle Carrera nº 1, también perteneciente a la misma familia fue construida en esos años por el mismo maestro.

En 1740 hace la casa de don Isidoro de Ojeda en la plaza, una obra que, a tenor de la documentación, era de poca entidad. Dos años más tarde participa en la construcción del cortijo del Tarazanil.
Junto al carpintero García Fernández Caño firma diversos pagos en relación con la obra de esta fina, propiedad de don Pablo de Escalera y Maldonado y situada en el término de Carmona.
Juan Ruiz Florindo construyó en esos años varias casas de albergue de los trabajadores, evidentemente funcionales y de escasa relevancia arquitectónica, toda vez que estaban techados con palma.

Durante el mismo año trabaja en el molino que el conde de Oñate tiene en la calle Molinos. La escasa envergadura de esa obra no permite identificar su actividad ni rasgos de estilo propios.
La ausencia de obras documentadas ha dado lugar a que la producción de Juan Ruiz Florindo se sostenga por un sutil juego de atribuciones. A partir del portal de San Francisco, cuyo cuerpo inferior, Sancho Corbacho le otorga por exclusión, hace suya dos vivienda particulares, de las que todavía existen una.

La casa nº 1 de la calle Carrera es una de las mas sobrias de la serie de edificios que constituyen la aportación de los Ruiz Florindo, fue construida para la familia Fernández de Peñaranda. En principio en su concreción volumétrica recuerda una arquitectura palacial de mayor empaque, con un eje resaltando que señala la crujía de acceso. Se cruzan las líneas verticales que componen el mirador y la portada con las horizontales de la globalidad del edificio. Aglutina todos los elementos tradicionales de las casa urbana sevillana, con el zaguán a eje con el patio central que sirve de distribuidos de las estancias principales, tipo ajustado a al evolución dieciochescas de esta arquitectura. No posee apeadero. El mirador de gran potencia, tiene las características de los de la capital, aunque con un cierto toque culto, dado el uso de las pilastras almohadilladas que producen un aparente efecto de vibración en el muro.


La otra casa que Sancho Corbacho atribuye a Juan Ruiz Florindo ha sido destruida, se encontraba en el número 35 de la calle San Antonio (calle La Matea). Esta casa exhibió la más antigua de las portadas monumentales de la población. La fachada y la compasión de la portada guardaban una estrecha relación con las de la casa de la calle Carrera, introduciéndose en la teutónica del portal el uso de la pilastra almohadillada que aquélla exhibía en su mirador. La portada de esta casa mantiene unos vínculos formales muy estrechos con la portada del convento de San José, con el empleo en el cuerpo inferior, de la cornisa quebrada y el arquitrabe compartimentado mediante metopas sostenidas por pinjantes. Además el festón posee un singular encintado que recuerda el que tiene aquella puerta.

Tenemos documentado como alarife publico en 1749, año en el que anduvo trabajando en “la Fuente de la Reina”. Posiblemente haya que ampliar el periodo de actividad con cargo a los fondos públicos por unos años. En 1753 aprecia un solar con pozo, perteneciente a la capellanía fundada por María Ruiz, situado en el arco de Sevilla, tasándolo en 700 reales.

Juan Ruiz Florindo estuvo trabajando en la iglesia de San Francisco, situada a las afueras de la localidad, en el año 1740, fecha en que recibe 2877 reales por reedificar su portal y su campanario.

  Sin duda su gran aportación en el terreno de la arquitectura religiosa, será la portada del convento de San José, obra definitivamente concluida en 1737, ya que en septiembre de ese mismo años, el ayuntamiento reseña la contribución efectuada a favor de la fiesta organizada por los mercedarios en la dedicación del nuevo edificio.


Entre 1733 y 1749 redacta tres testamentos. En ellos alude a cuestiones convencionales, entre otras las alusivas a sus hijos, María, Cristóbal, alonso Juan y Antonio. En el segundo de ellos dará cuenta de su buena situación económica.

Falleció el día 12 de noviembre de 1753, sorprendiéndole la muerte, porque sólo una semana antes firmaba una compra de grano. Su testamento decía lo siguiente:
«Pido ser sepultado en Santa María La Blanca, en sepultura de mi abolorios.
250 misas rezadas.
Tiene algunas deudas pendientes por jumentos.
Le debe a Sebastián mende 250 reales, reto de una casa.
Cunso se caso aportó un capital de 800 reales y recibió una dote de 600.
Nombra como albaceas a su padre Cristóbal y a su tío antonio de Carmona.»
Unos años más tarde es enterrada su mujer, quien previamente había otorgado testamento por poderes a su marido.





FUENTES INFOMATIVAS.-
Internet.
El libro “Fuentes de Andalucía y la arquitectura barroca de los Ruiz Florindo” de Francisco Ollero Lobato y Fernando Quiles García.
Archivos parroquiales.
Archivos municipales del ayuntamiento de Fuentes de Andalucía.

27 julio 2008

JOSÉ RODRÍGUEZ ESCOBAR

Año de 1986. El viernes 3 de octubre de este mismo año era enterrado en el cementerio de Sevilla, don José Rodríguez Escobar. Su féretro estaba cubierto con la bandera verde y blanca, la bandera de Andalucía, mientras tanto, en Fuentes de Andalucía, ese mismo día, se vivía la monotonía de un día más.
Don José Rodríguez Escobar había venido al mundo noventa y cuatro años y dos meses antes, en Fuentes de Andalucía, a las cuatro de la madrugada del viernes 19 de agosto de 1892, en la calle San Miguel, número 17; era el penúltimo de trece hermanos; siendo alcalde de su barrio (que no del Ayuntamiento, del cual era don José María de Llera y Díaz), don Antonio López Romero. Su hermano mayor don Juan Rodríguez Escobar fue concejal por el partido Liberal desde el 1890 al 1905, (de los que tenemos datos) eran Manuel, Concepción, Encarnación y Cristóbal.
Don José Rodríguez Escobar es bautizado en la parroquia de Santa María la Blanca, y sus padres, don Justo Rodríguez González -Justo el de La Caña- y doña Encarnación Escobar Lora -ésta de treinta años de edad-, los dos naturales de Fuentes, le pusieron el nombre de: José, Alfonso, Luis del Sagrado Corazón de Jesús. Aunque él firmó siempre José.
Sus abuelos, por línea paterna, eran don Cristóbal Rodríguez Fernández y doña Concepción González Pilares; y por línea materna, don Francisco Escobar Lora y doña Catalina Lora Escobar, los cuatro, naturales de Fuentes de Andalucía.

Nuestro protagonista histórico se ilustra en Fuentes y sus padres procuran que consiga lo que ellos no pudieron tener. A la edad de catorce años sube al tren y se traslada a Écija, para trabajar en una tienda de tejidos cuyo mostrador era su mesa para seguir estudiando. Cuenta que los dueños del establecimiento, para ahorrar corriente eléctrica, le quitaba la bombilla (bujía) cada noche.

Después, otro trabajo en la Línea de la Concepción. Pero cuando nuestro paisano, don José Rodríguez cumple diecinueve años muere su padre, don Justo y toda la familia se trasladan a Sevilla.

Don José Rodríguez Escobar, que ve el sufrimiento y la trashumancia de los jornaleros, empieza a interesarse por la expulsión de los moriscos, abordará su pensamiento político y beberá en la realidad concreta de Sevilla y sus pueblos. Por esta fecha es cuando conoció a don Blas Infante. El andalucismos armó su cabeza y sus deseos, una primera síntesis, un primer criterio. Se relacionaban vivencias infantiles, datos muy duros de sus trabajos de salir a flote, hallazgos culturales, sueños, enfados y proyectos en que Andalucía reclamaba y motivaba.

Don José Rodríguez sigue de muy cerca la Asamblea de Ronda, celebrada en enero de 1918, donde se acordó la bandera y el emblema de Andalucía, y la Asamblea Andalucista de Córdoba en 1919, donde se hallaba el que más tarde sería su colaborador, Don Blas Infante y gritaría:
«¡Viva Andalucía libre, que es el grito de las gargantas jornaleras!», (Complot en Tabladas, página 67).

En 1924 se casa con doña Ana Cañón Antequera de la que tuvo once hijos: Justo -el mayor fallecido a sus 11 años-, Agustín, Encarnación, Mercedes, José, Ana, Conchita, Manuel -que estuvo varias veces en Fuentes dando mítines en las primeras elecciones en el 1977, por el entonces P.S.A.-, Francisca, Matilde y Aurora.

Es un auxiliar contable en una industria de la madera, con domicilio en la calle Oriente de Sevilla. Ha alcanzado un estatus social, trabajando en el Crédit Lyonnais. La contabilidad fue su profesión. Fue luego administrador y socio por más de sesenta años, de don Félix Bazo Nájera. Desde esta posición, él podría haber renunciado a toda su preocupación, o sea, la de una Sevilla empobrecida. Pero como era «amigo de todas las revoluciones» se vincula al movimiento del nacionalismo andaluz al que dedicará sus fuerzas, recursos, estudios y escritos hasta su muerte.
Asiste al Ateneo de Sevilla, por primera vez, donde oye una alocución andalucista pronunciado por don Mario Méndez Bejarano:
«(…) La tierra más fértil de España está cerrada al trabajo, los toros se engordan en las tierras que se niegan a los hombres forzados a emigrar (…)».
Así se da cuenta de que el Andalucismo estaba lejos de estar muerto.
La fundación en 1931 de las Juntas Liberalista rompe con el apoliticismo de don José Rodríguez Escobar. Los Liberalitas son invitados a unirse al Partido Republicano Federal, en donde ha ingresado don Blas Infante Pérez de Vargas.
La Junta Liberalista de Andalucía era una institución ínter partidista (no anti-partidista) con independientes. Venía a ser un pacto indestructible fundado entre miembros de diferentes partidos y de ninguno.

En marzo de 1933, noticiaron una sinopsis de sus ideas en tres puntos: los tres signos liberalista.
• Gestionar que cada hombre piense con su propia cabeza acerca de los asuntos públicos.
•Que sea cual fuera el partido al cual pertenezca, ponga por encima de la disciplina dimanada de un jefe o de un reglamento, su propia disciplina espiritual.
•Trabajar generosamente por la restauración y libertad de Andalucía para que ésta llegue a ser por sí, pero no para sí, sino para España y la Humanidad"

Incluso, en 1931, las Juntas Liberalista inician una campaña a favor de la construcción de una mezquita en Sevilla:
«No con ánimo de hacer profesión o confesión de una religión determinada, sino con el objeto de afirmar la libertad y pluralidad religiosas, elementos de síntesis de la Historia de Andalucía».
Para ello, elaboran un cuestionario para los lectores:
-— ¿Qué lugar de Sevilla sería el más a propósito (sic) para situar el templo musulmán?
-— ¿De cuáles medios pudiéramos valernos para allegar los necesarios recursos?".

A partir de este momento don José Rodríguez Escobar colabora estrechamente con don Blas Infante para lograr la implantación por ley de una solución al problema de Andalucía: la tierra.

En mayo de 1931, el Gobierno estableció la «Comisión Técnica Agraria para la solución al problema de los latifundios». En dicha Comisión se encontraban los señores Díaz del Moral, don Pascual Carrión, B. de Quirós y don Blas Infante. El proyecto de la Comisión, según dice Malefakis «posibilitaba arraigar en tres meses un número de familias campesinas no inferior a 60.000».

El jueves 11 de junio de 1931, en el diario El Sol, don Blas Infante hace unas declaraciones donde afirmaba que «todo latifundio andaluz es ilegal en su origen, y tenemos que devolver al campesino andaluz la tierra que le fue arrebatada por derecho de conquista. Mire a Europa: en el siglo XIX, quince naciones monárquicas hicieron la reforma territorial y no sucedió nada».

Muchas veces don José escribiría artículos en el diario «Sol».
A través de los Centros Andaluces primero y de las Juntas Liberalista más tarde, nuestro paisano, don José Rodríguez Escobar promociona Andalucía como unidad distinta y viva; un pueblo debe ser culto e ingenioso, trata de conseguir su liberación por medio de la fuerza cultural y renovadora. En gran parte de las actividades motivadas desde estas entidades, sus publicaciones, sus charlas y llamadas, se intenta conseguir la deseada concienciación del pueblo andaluz

Don José Rodríguez Escobar, ante la inoperancia gubernamental, quería la reforma de la agricultura por decreto, y como su compañero y amigo don Blas Infante dice en la página 50 de la obra citada más arriba: «porque mientras los conejos discuten, llegan los perros».

La oposición de fuerzas reformistas de izquierda y partidos de derecha, sumada a la ausencia de un partido fuerte que le apoyara, provocó el boicot a este esperanzador proyecto, por el que tanto se esforzó don José Rodríguez Escobar.

El jueves 4 de junio de 1931 se convocan elecciones para las Cortes Constituyentes. Por la provincia de Sevilla se presentan cinco candidaturas: republicano-socialista con don Diego Martínez Barrios a la cabeza (por cierto, este señor estuvo algunas veces por Fuentes en compañía de su amigo don Manuel Muñoz Conde). La lista radical-socialista con Victoria Kent. La de Acción Nacional con Bullejos y Adame y la lista Republicana Revolucionaria Federal Andalucista, apoyada por don José Rodríguez Escobar. Éste trabajaba en la campaña electoral, e incluso uno de los candidatos, Rexach, sobrevoló Fuentes en una pequeña avioneta, arrojando octavillas en las que se incitaba a los campesinos fontaniegos a tomar la tierra. La lista la encabezaban don Ramón Franco, don Blas Infante, don Pascual Carrión, don José A. Balbotín y don Pedro Vallina -este último era médico y lo apoyaban mucho los anarquistas-. El resultado fue la victoria de la lista encabezada por don Diego Martínez Barrios, que en Fuentes barrió a las demás; y en segundo lugar, la Republicana Revolucionaria F.A., que en Fuentes también fue la segunda votada.

Siempre se dedicó a su trabajo y a su política, su hijo don José Rodríguez Cañón lo recuerda:
«Fue un padre a la antigua. Nunca se ocupó de nada relacionado con los niños; cuidados que dejaba en manos de mi madre, que se ocupaba de la casa y de todo lo referente a la casa y los niños, incluido papelote y problemas escolares. Eso implica que nunca riñó a ninguno de nosotros, y todo le queríamos pues cuando se ocupaba de nosotros era para, por ejemplo, echar un “pelón” lo que consistía en meterse la mano en el bolsillo y tirar al suelo cuantas monedas pequeñas tenía en el bolsillo para que cada uno de nosotros cogiese las que pudiese.
Él disfrutaba y recuerdo una vez que tiró un “pelón” un día en que acababa de llegar el pedido de la Cooperativa estando encima de la mesa todos los cartuchos (entonces no eran bolsas de plásticos) él tiró su “pelón” y nosotros queriendo ir a por las monedas dimos con la mesa y varios paquetes fueron al suelo mezclando garbanzos con harina, lentejas y azúcar.
Mi madre estaba en un estado, que era para verla. Recuerdo que le decía:
-—Eres un niño más. Yo no puedo con ellos y tú vienes todavía a liar más las cosas.
Fue siempre un hombre aficionado a los periódicos, casi como vicio. Recuerdo en mis principios de fumador, que lo hacía a escondidas por ser una falta de educación hacerlo delante de los padres, tropezar con él por la calle con mi cigarro en la mano y decirle.
— ¡Usted perdone! Y no darse cuenta de que era su hijo. Era un hombre distraído».
No fue don Blas Infante el único de las Juntas Liberalista que murió de un tiro. En Écija, don Manuel Lucero; en Jaén don Pedro Pino; en Málaga, don Fernando Estrada; en Granada, don Enrique de Salamanca; en Jerez, el señor Chacón Ferrant y don Adolfo Santibáñez; en Córdoba, don Fidel Fernández, don Manuel Medina, don García Nielfa. En Utrera, don Antonio Rufino y don Julio Tirado; en Algeciras, don Enrique Suárez; en Cádiz, el señor Rodríguez Matre; en Sevilla, los señores Ariza, Puelles y Pérez Gironés.
El resto de los andalucistas se escondieron o se exiliaron. Don Juan Álvarez Osorio, don Emilio Lemos Ortega y nuestro paisano, don José Rodríguez Escobar que desde el 2 de mayo de 1978 integradas en el P.S.A.-P.A.

Después de la guerra civil en tres puntos se centró su atención: su familia, su profesión, y su afición cultural —el Ateneo de Sevilla—. Fue su contador, uno de los socios más activos y asiduos, uno de los contertulios más fieles. Se relacionó con todos los inquietos intelectuales sevillanos de El Cenicero y El Tranvía. Allí en el Ateneo recibía con noble sed de informaciones y regalaba anécdotas para las que tenía particular gracejo -—como buen fontaniego—.

Cuando se encontraba por Sevilla, con alguien que decía ser de Fuentes siempre lo saludaba diciéndole:
—Mu güenas paisano.
Fuese de la clase social que fuese, ese era el tratamiento que le daba.

Algunas veces publicó en las páginas del diario El Sol. Tenía en archivo artículos periodísticos de su interés. Cuando le propusieron ser Rey en la Cabalgata que organiza el Ateneo de Sevilla, declinó la coronación. Su sencillez no permitía ese honor. Pero las conferencias, la biblioteca, las excursiones y visitas del Ateneo eran su deleite.
A principio de los años setenta, en Sólo de Andalucía, establecimiento de don Fernando Repiso en la calle Hernando Colón, dedicado a la artesanía andaluza, se reunía la directiva de la Junta Liberalista de Andalucía. Don José Rodríguez Escobar era uno de sus fundadores con don Blas Infantes, junto a don Juan Álvarez Osorio Barrau, don Emilio Lemos Ortega, también fundadores, y los últimos adheridos, el profesor don Manuel Ruiz Lagos y el escritor don José Luis Ortiz de Lanzagorta, se reconstruía la organización con que don Blas Infante encaró en 1931, aquella transición de Monarquía a Republica. Allí colaboraba don José Rodríguez Escobar.
Don José Rodríguez fue respetado en el período franquista por ser un padre de familia, ya que tenía once hijos. Nunca fue incomodado por sus ideas políticas, aunque llegada la democracia, en 1977, se descubrió que la policía le había hecho una ficha en la que aparecía escrito:
«José Rodríguez Escobar, rojo separatista que no ejerce en la actualidad actividad revolucionaria alguna».

En los años de la transición política en Sevilla, en manifestaciones, conferencia, declaraciones ante la prensa y desde luego en todas las convocatorias del Ateneo, andaba don José Rodríguez Escobar, siempre venerable, con mirada absorta: todo un interés llamativo. Sus cabellos blancos alborotados, su severo traje oscuro, su figura quijotesca se rejuvenecía por el afán con que se interesaba por todo. Cualquiera diría que le iba la vida en las decisiones y posturas que iban tomando los políticos del momento. Sin embargo, don José Rodríguez Escobar vivía los centrales de su 80 años. Hasta qué punto nuestro juvenil paisano era capaz de seguir aquel nido de grillos: don José Rodríguez Escobar era sordo y su mano se abría ampliando el pabellón auditivo mientras giraba su cabeza buscando las voces.

El jueves 2 de octubre de 1986, tras una larga enfermedad, debido a una caída que le produjo una lesión en la cabeza, muere en Sevilla nuestro paisano, don José Rodríguez Escobar, el hombre que difundió las ideas democráticas y apostó por una opción ideológica que él mismo definiría como «regionalismo andaluz».

Fuentes consultadas:
Su hijo don José Rodríguez Cañón.
Su nieta doña Ana Martínez Rodríguez.
Un artículo escrito por el jesuita don Enrique Iniesta Coullaut-Valera, para el Ateneo de Sevilla, dedicado a las personas que marcaron los últimos 50 años de esa institución.
Hemeroteca de Sevilla.
Archivos parroquiales y municipales de Fuentes de Andalucía.
Internet.
El libro "Complot en Tabladas" de don Blas Infante.

10 junio 2008

DON PEDRO GIL DE LA SIERPE Y ROMERO


Don Pedro Gil de la Sierpe y Romero "Tesorero de la Corona en Acapulco"

Hace unos años recibí un correo de Sebastián Reyes Egea, en el cual me facilitaba la dirección de una página Web. El hallazgo del correo y de la dirección no me sorprendió, porque se que en informática Sebastián Reyes Egea es un genio. Gracias, Sebastián, por tu ayuda. A raíz de esta página he ido buscando hasta poner en claro algo, sobre un nuevo personaje nacido en Fuentes y que llegó a ser un personaje internacional. La página sobre la que nos informó Sebastián Reyes Egea es:
http://www.andalucia.cc/sierpe/mexico/mexcapitulotres.htm
El caballero portugués don Pedro Rodrigo Méndez Silva, genealogista, geógrafo y cronista de Felipe IV, iniciaba en 1634, la confección de una inmensa obra terminada once años más tarde y titulada: “Población general de España: sus trofeos, blasones y conquistas heroycas, descripciones agradables”, editado en Madrid, en el año 1645, hace la siguiente descripción de Fuentes:
«Plantada en un llano, quatro legua de Ecija esta la villa de Fuentes, fertilísima de pan, vino, azeyte y frutas; con habitación de setezientos vezinos, una parroquia, y un convento de frailes Mercenarios, y otro de monjas de la misma orden.
Haze por armas las de sus dueños, en escudo azul cinco flores de lis doradas y las calderas de Guzmán jaqueadas de oro, y roxo a la orla.
Fue poblada en el«Plantada en un llano, quatro legua de Ecija esta la villa de Fuentes, fertilísima de pan, vino, azeyte y frutas año de 1375 por un caballero, de nación francés, que vino a España acompañando a Monsen Beltrán de Claquin Gran Condestable de aquel Reyno, en servicio del Rey don Enrique el Segundo de Castilla, contra el Rey don Pedro su hermano, donde tomo principio la casa solar de Fuentes. Escobeca del Marquesado, cuyo titulo dio el Rey don Felipe el Terzero a don Gómez de Fuentes y Guzmán».

Nace don Pedro Gil de la Sierpe y Romero, en Fuentes de Andalucía, sobre el año 1640 aproximadamente, según el Archivo General de Indias.
Hijo legítimo de don Juan Gil de la Sierpe y Vargas y doña Catalina Rodríguez Romero, fue bautizado en Fuentes de Andalucía, según consta en el folio 30 del libro de bautismo número siete de la parroquia. Al parecer el matrimonio tuvo otra hija a la que pusieron el nombre de la madre: Catalina, nacida en el 1645 aproximadamente, también en Fuentes de Andalucía, muriendo en México en el año 1710. El lunes 12 de noviembre de 1668, contrajo casamiento con don Juan de Mesa Cervantes en la Catedral de la Ciudad de México.

Don Pedro Gil de la Sierpe y Romero, es sobrino de don Álvaro Gil de la Sierpe de Vall, doctor en Leyes, Oidor de la Real Audiencia de Canarias y Alguacil Mayor de la Casa de Contratación de Sevilla. También es primo de don Juan Antonio Romero de la Sierpe, capitán de la galeota “Santa Elvira” que transporta al jesuita Juan María Salvatierra a la Baja California en 1697, lo deja en la bahía de San Dionisio y el sábado 25 de octubre de 1697, funda “El Real de Loreto” y la misión de “Nuestra Señora de Loreto Conchó”, cabeza de todas las misiones de la alta y baja California.

Don Pedro Gil de la Sierpe y Romero, es nieto del Licenciado don Diego Gil de la Sierpe y Díaz de Liaño, caballero de Cádiz y uno de los rehenes de Robert Devereux, conde de Essex. Oidor de la Real Audiencia de Santo Domingo, Gobernador y Capitán General de Venezuela.
En el año de 1652, la familia Gil de la Sierpe y Rodríguez Romero se marcha de Fuentes de Andalucía, pasando a vivir a Nueva España, lo que hoy conocemos como México.

El jueves 3 de febrero de 1669, nuestro personaje, don Pedro Gil de la Sierpe y Romero, se casa con doña Dionisia de la Vera, en la Catedral de Puebla de los Ángeles, en México. La ciudad de Puebla de los Ángeles, que actualmente se llama Puebla de Zaragoza, se encuentra situada entre Ciudad de México y Veracruz, a 120 Km. de México y 300 Km. de Veracruz; su clima es templado y agradable.

Don Pedro Gil de la Sierpe y Romero, en el año 1672 es designado Escribano Real y Notario de las Indias en Nueva España (México). En 1677 es designado Tesorero Real de Veracruz, principal puerto de Nueva España en el Golfo de México. Veracruz fue fundado en 1519 por el conquistador Hernán Cortés.

Los colonos españoles que se establecieron en Veracruz fueron muy pocos, ya que la mayoría prefería el clima templado del altiplano central. El puerto de Veracruz se convirtió en punto de enlace entre España y sus colonias de América

Anualmente llegaba a Veracruz, la Flota de las Indias. El atraque de la Flota era saludado con grandes expresiones de alegría ya que había salido de Sevilla, dos y, a veces, tres meses antes, con el riesgo de ser alcanzado por tormentas o ataques de piratas. Subían a bordo las autoridades locales, don Pedro Gil de la Sierpe Romero y los funcionarios encargados del cobro de impuestos, que examinaban la carga y daban su asentimiento. Luego se daba la orden de entrada en el puerto y a continuación, comenzaba la descarga realizada por interminables hileras de hombres de color con los fardos a la espalda. Usualmente, la Feria de Veracruz duraba un mes. Acudían gentes de todos los sitios para comprar y vender. Se especulaba con todo y en todas partes. En las plazas, en las calles y en el puerto. En la Feria se vendían productos de América, y también mercancías traídas de España, como telas finas de Segovia, paños de Alicante, mantas de Toledo y vino de Andalucía.
Mientras la marinería acudía a sus habituales pulquerías y garitos donde se jugaban fortunas. También, la humedad de Veracruz favorecía el desarrollo de epidemias que diezmaban la población. En el siglo XVIII, las autoridades novo - hispanas decidieron trasladar la Feria a Jalapa, una población distante 16 leguas de Veracruz, pero con un clima más sano.
Del matrimonio de don Pedro Gil de la Sierpe Romero y de doña Dionisia de la Vera nacieron 3 varones: Pablo, Bernardo y Diego.

El primer hijo, Pablo Gil de la Sierpe de la Vera, que nació en el 1672. Y que murió en 1750. En el año 1703 se dicta un auto de la justicia eclesiástica del Arzobispado de México contra Pablo Gil de la Sierpe de la Vera, sobre el cumplimiento de los testamentos de don Pedro Gil de la Sierpe y su esposa doña Dionisia de la Vera. Aparentemente, uno de las labores que realizaba era asistir en el recibo, apresto y despacho de las naos de Filipinas en el puerto de Acapulco. Existe en el Archivo General de Indias una Real Cédula al duque de Linares, virrey de Nueva España, aprobando lo ejecutado por su antecesor el duque de Alburquerque cuando concedió una ayuda de costas a don Pablo Gil de la Sierpe por asistir a don Juan José de Veitia Linaje en el recibo, apresto y despacho de las naos de Filipinas que llegaban al puerto de Acapulco, sin que sirva de precedente, pues las nuevas órdenes y providencias encomiendan esta labor al castellano y oficiales reales de dicho puerto.
El miércoles 30 de agosto de 1679, don Pedro Gil de la Sierpe Romero, bautiza a su primer hijo Bernardo Gil de la Sierpe de la Vera en el Sagrario de la Catedral de México, Cuauhtemoc, México D F.

En el 1682 el matrimonio tuvo su tercer y último hijo al que le pusieron de nombre Diego, como el abuelo de don Pedro. El domingo 16 de septiembre de 1708 contrae matrimonio con María Jacobina Riba de Neira, en la Catedral de Ciudad de México, Asunción, Cuautemoc. Antes de 1711, es designado Alcalde de Tlayapacan. Murió en el año de 1750.
Los hijos son bautizados y contraen matrimonio en la Catedral de México, de donde se deduce que don Pedro Gil de la Sierpe y Romero, y sus descendientes tenían su hogar en Cuauhtemoc, en Ciudad de México D.F.

Incluso, en los últimos años de su vida, a pesar de ser el Tesorero de la Corona en Acapulco, don Pedro vivía en la ciudad de México, ya que el clima de Acapulco lo enfermaba, según relata el jesuita Miguel Venegas en su libro “Noticia de la California”, editado en Madrid, en 1757.

Así, viajaba a Acapulco sólo cuando era necesario, por sus funciones de Tesorero de la Corona, para atender el atraque, llegada y reparaciones del Galeón de Manila y, en sus últimos años, para enviar desde Acapulco los barcos con ayudas y provisiones para el padre Juan María Salvatierra, a sus Misiones de la Península de California.

En 1681 don Pedro es designado Tesorero Real y Factor de la Caja de Acapulco. El Puerto de Acapulco era el más importante de Nueva España ubicado en la costa del Océano Pacífico, a 350 Km. de Ciudad de México.


En 1694, una Real Cédula ordena que el Factor de la Real Caja de México remita diecisiete mil esclavos de diferente sexos a don Pedro Gil de la Sierpe Romero, para la reparación de la nao, que en realidad era un galeón “Galeón de Manila” que se espera de Filipinas, de unas 500 a 1.500 toneladas, que hacía la ruta Manila-Acapulco transportando una mercancía muy costosa, valorada entre 300.000 y 2.500.000 pesos. Iba mandada por el comandante o general y llevaba una dotación de soldados. Solían viajar también numerosos pasajeros, que podían ayudar en la defensa. En total iban unas 250 personas a bordo.

En su carácter de Tesorero de la Corona y Factor de las Cajas Reales de Acapulco, don Pedro Gil de la Sierpe y Romero tenía una estrecha responsabilidad en relación con el “Galeón de Manila”, ya sea en el apresto de la nave para su viaje anual a las Filipinas, como también en la reparación de la nao a su regreso a Acapulco. Aparentemente, también debía controlar las mercancías que eran almacenadas y descendidas por la nao hacia y desde las Filipinas.

En 1965, una Real Cédula relata el Informe de don Pedro Gil de la Sierpe y Romero, sobre los cien pesos que gastó en bastimento el capitán don Fermín de Olavarría, para la alimentación de la marinería del balandro de Pedro Torres.

En 1697 y años siguientes, apoya financieramente y con barcos la expedición del jesuita Juan María de Salvatierra a la Baja California.
El padre Juan María Salvatierra, visitador de las Misiones de Sinaloa y Sonora, al norte de Nueva España, es convencido por el padre Kino respecto a la necesidad de fundar misiones en California. Así, el padre Salvatierra solicita visado, para realizar nuevas expediciones a California, pero encuentra la oposición de sus superiores de la orden, de la Audiencia de Guadalajara y del propio Virrey de Nueva España.

El padre Juan María de Salvatierra, insiste, por varios años, en su idea con obstinación, hasta que, en 1697, es autorizado para organizar una expedición siempre que no afecte las Flotas ni el Tesoro de la Corona española.
En Ciudad de México, el padre Salvatierra apoyado por el padre Juan de Ugarte inicia la recolección de fondos para montar la expedición.

A pesar de que muchos consideraban absurda la idea, el padre Salvatierra encuentra financiación en don Alonso Dávalos, Conde de Miravalles; don Mateo Fernández de la Cruz “Marqués de Buena Vista”, juntaron con otros 17.000 pesos. El vecino de Querétaro, don Juan Caballero de Ozio, contribuyó con 20.000 pesos; la Congregación de los Dolores, de México, con 10.000 pesos y el fontaniego, don Pedro Gil de la Sierpe Romero, Tesorero de la Corona en Acapulco ofreció una lancha grande y una galeota de transporte. Más adelante ayudó también el marqués de Villa Puente.

Don Pedro Gil de la Sierpe Romero, entusiasmado con la idea, además del suministro de fondos, les facilita la galeota, “Santa Elvira”, con su tripulación completa para transportar la expedición a las Californias, además de una barca grande llamada “Nuestra Señora del Rosario”, nombre que le puso por ser la patrona de su pueblo natal: Fuentes de Andalucía.

La acogida y ayuda que don Pedro hizo al padre Juan María Salvatierra aparece, detalladamente descrita por el jesuita Miguel Venegas, en su obra “Noticias de la California”, editada en Madrid, en 1757, la obra está basada en las propias cartas escritas por el padre Juan María Salvatierra y en que aparecen, incluso, curiosamente, algunos párrafos de una carta enviada por el propio don Pedro Gil de la Sierpe Romero al jesuíta Juan María Salvatierra, el martes 14 de octubre de 1698.

Dado lo interesante y sorprendente de este relato, he estimado conveniente incluir textualmente la descripción que hace el jesuita don Miguel Venegas, utilizando la ortografía original:
"Entró un día el padre Salvatierra a pedir su limosna en casa de don Pedro Gil de la Sierpe y Romero, Thesorero de las Cajas Reales de Acapulco, a quien el padre hasta entonces no conozía, y a penas le declaró la pretenzión en que andaba, y para cuya execuzión pedía limosna, lebantándose el buen Cavallero de la silla en que estaba se abraxó con el padre, y sin hablar palabra, manifestó con muchas lágrimas la ternura, y goxo, que le quausaba aquella noticia para él tan deseada.
Recobrado después de aquel vehemente repentino afexto, que le havía embargado las palabras, le dixo, que todo aquel año havían sido vehementes sus desseos de que abriesse la puerta para la Conquista de la California tantas vezes malograda. Añadióle, que en el Puerto de Acapulco tenía una galeota llamada Santa Elvira, que aunque estaba muy vieja y podrida le había ordenado el Señor Virrey Conde de Galve, que procurara darle alguna carena para que pudiera servir siquiera otro año, pero que antes de poner mano a la obra, ella misma estaba tal, que se fue a fondo en el mar dentro del Puerto. Y aunque los Oficiales Reales, le resistían, porque les pazecía, que sería un gasto inútil, sin embargo el (don Pedro Gil de la Sierpe Romero) con una zelosa, y santa resolución, y sin saber lo que decía dio orden que la galeota se sacasse del agua, y se aderezasse, diciendo:
—Vayan, saquenla, y aderezanla, porque en ella ha de entrar la Fe en la California.
No sabía don Pedro [Gil de la Sierpe Romero] cuando esto suzedió la pretensión del padre Juan María, y assí fue excesivo el gozo que tubo con la noticia que el padre le dio, y prometió ayudarle quanto pudiese en sus intentos, y le aseguró el uso de la galeota, que de hecho a diligencias, e instancias suyas se había sacado del mar, y se havía compuesto, y aderezado de fuerte, que podría servir para la conducción de los víveres, y demás cosas necessarias en la California, y assí sucedió por algunos años. Y es muy digno de notar que mientras sirvió para esto anduvo sana, y segura la galeota. Pero quando después de la muerte de don Pedro, la negaron los Oficiales Reales, por concederla a los que iban al busseo de las perlas, ella por si misma se volvió a lo profundo del mar, sin que pudiesse ya servir.
Fuera de esta galeota endonó este piadoso Cavallero [Gil de la Sierpe Romero] al padre Salvatierra un barco grande que tenía nombrado san Fermín, y dos lanchas, una grande con el nombre de san Xavier, y otra pequeña con el nombre de Nuestra Señora del Rosario, en honor a la patrona del pueblo natal del señor don Pedro Gil de la Sierpe Romero. Y el costo de las tres embarcaciones, y otras alhajas, que dio, y socorros que hizo a la Misión de la California, se avaluó en más de 25.000 pesos. A esto añadió el costear de su bolsa el sueldo de uno de los cinco soldados, que llevase de escolta el padre Salvatierra. Y porque se conozca la grande piedad, y fervoroso afecto de este Cavallero, no me ha parecido dexar de poner una cláusula de Carta suya al padre Juan María, con fecha de 14 de octubre de 1698, y dice assí:
— No me olvido de lo que le dixe a V.R. quando le di el ultimo abrazo, que para esta obra pediría yo limosna. Y assí nada me queda, sino de hablar de las Californias, su conversión, y fomento, y nada tengo, que no sea para ellas, y en insinuandolo V.R. vendere la camisa, y de lo contrario haré escrupulo. O Dios ! O mi Padre ! Destruyasse el idolo de las gentes, y viva JESUS, y MARIA, y muera yo en la demanda".

Después del fracaso de veinte expediciones civiles o militares, a veces muy potentes, la armada que había de hacer la conquista espiritual de California estaba compuesta por dos jesuitas, cinco soldados con su cabo, y tres indios, de Sinaloa, Sonora y Guadalajara, más treinta vacas, once caballos, diez ovejas y cuatro cerdos que, por cierto, hubieron éstos de ser sacrificados, pues inspiraban a los indios un terror invencible.

Se puede apreciar en la carta, la entrega personal y el convencimiento que tenía don Pedro Gil de la Sierpe Romero sobre la necesidad de conquistar espiritualmente a las dos California, lo que explica las donaciones y asistencias de toda clase efectuadas al padre Salvatierra para que tuviese éxito en su expedición apostólica, incluso poniendo en riesgo su propia vida.

Cabe destacar, que estas donaciones fueron realizadas a título personal por don Pedro, ya que, como hemos visto, el padre Salvatierra estaba impedido de utilizar naves y fondos de la Corona.
Pero el apoyo de don Pedro no se detuvo allí. El capitán de la galeota “Santa Elvira“ y Comandante de la expedición era nada menos que don Juan Antonio Romero de la Sierpe, primo del benefactor, quien había explorado la costa interior de la Península de California un par de años antes.

Asimismo, don Pedro contrata como contramaestre de la galeota “Santa Elvira”, al excelente marinero genovés, llamado Antonio Justo, que había sido contramaestre de la armadilla de California con la que el almirante Isidro Atondo de Antillón pasó a California en 1683. La fallida expedición colonizadora de Atondo permaneció en la península hasta 1685.

El Virrey de Nueva España, Conde de Moctezuma, acuerda autorizar definitivamente la expedición del padre Salvatierra el 5 de febrero de 1697. El padre Salvatierra debe tomar posesión de los territorios a nombre de Su Majestad y es autorizado para llevar soldados a sus expensas, nombrar su Comandante, dando aviso al Virrey.

El martes 7 de febrero de 1697, el padre Salvatierra abandona Ciudad de México y se dirige al norte, por tierra, hacia Guadalajara, a 500 Km. al NO. para analizar los medios a ocupar en la expedición, más cerca del Río Hiaqui, frente a la parte sur de la Península de California.

Pocos días más tarde, en Acapulco, en febrero de 1697, el Tesorero de la Corona, don Pedro Gil de la Sierpe Romero, se despide de su primo, el capitán don Juan Antonio Romero de la Sierpe quien zarpa al mando de las dos embarcaciones con destino a la desembocadura del río Hiaqui, 1.500 Km. hacia el noroeste, frente al extremo sur de la Península de California. Don Pedro contempla alejarse a sus naves hasta que desaparecen de su vista detrás de los cerros que rodean la cerrada bahía de Acapulco.

El capitán Romero de la Sierpe arriba a la desembocadura del Río Hiaqui a mediados de agosto, y se reúne con el padre Salvatierra, tras siete meses de azarosa navegación desde Acapulco, luego de pasar muchos peligros, casi naufragios y peripecias y con la tripulación a punto de sublevarse, al no encontrar los lugares para la pesca de perlas que se les había prometido que iban a realizar.
Don Juan Antonio Romero de la Sierpe, luego de reparar las naves, permanece dos meses más en el puerto del Río Hiaqui esperando las provisiones provenientes de Nueva Galicia y la escolta de soldados que debía acompañar al padre Salvatierra.

Finalmente, las dos embarcaciones parten hacia las Californias, el día 10 de octubre de 1697, bajo la protección de cinco soldados. Demoran tres días en atravesar el mar interior de California, Mar de Cortés, y desembarcan en la bahía de Concepción, 30 millas al Norte de San Bruno, lugar donde había llegado en su fracasada expedición el Almirante Atondo, al Sur de la Península de California.

Don Juan Antonio Romero de la Sierpe, capitán de la expedición, recomienda un lugar más conveniente que había visto en una exploración que había realizado dos años antes. Este lugar era la Bahía de San Dionisio, a diez leguas de San Bruno. Desembarcan en ese lugar y establecen las habitaciones provisorias de la naciente Misión de Loreto.

Un par de semanas después, el capitán Romero de la Sierpe viaja, al mando de la galeota, de vuelta al puerto de Hiaqui, a buscar el resto de las provisiones y al padre Piccolo que acompañaría al padre Salvatierra en su misión apostólica. Deja en San Dionisio algunas piezas menores de artillería para defenderse de eventuales ataques de los indígenas.

El sábado 19 de octubre de 1697 desembarcó la expedición misionera en la costa californiana, frente a la actual isla del Carmen, y una vez plantada una cruz y entronizada la imagen de Nuestra Señora de Loreto, establecieron lo que había de ser Loreto, la misión central de California

El padre Salvatierra logra atraerse la buena voluntad de un grupo de indígenas guaycuros, especialmente de aquellos que, años atrás, habían tenido contacto con la expedición del Almirante Atondo, que había en su tiempo instalado una población a 10 leguas, llamándolo de San Dionisio, en honor a la mujer de don Pedro Gil de la Sierpe. Comienza a bautizar a los primeros indígenas que se hicieron leales a la misión y les coloca los nombres de Juan y Pedro, en recuerdo de don Juan Cavalero y Ocio y don Pedro Gil de la Sierpe Romero, a los cuales la misión les debía obligaciones infinitas.

Sin embargo, días más tarde la naciente misión fue atacada por un grupo de 500 indígenas, los cuales fueron rechazados haciendo uso del pequeño cañón pedrero dejado por el capitán Romero de la Sierpe y por el fuego de los arcabuces que llevaban los soldados.

Algunos días más tarde, regresa la galeota trayendo consigo más provisiones y al padre Francisco María Piccolo, quien había solicitado ayudar al padre Salvatierra.

Poco tiempo después, el padre Salvatierra estimó que había llegado el tiempo de dar las buenas noticias a los habitantes de Nueva España (México) y además, que era justo devolver la galeota a don Pedro Gil de la Sierpe Romero, Tesorero de la Corona en Acapulco, quien generosamente la había facilitado para iniciar la conquista de California.

El padre Salvatierra se despide calurosamente de su amigo y compañero de aventuras, don Juan Antonio Romero de la Sierpe, capitán de la galeota, quien regresa a Acapulco llevando cartas del padre Salvatierra para el Virrey; para su esposa, doña María Andrea Guzmán y Manrique, protectora señalada de la expedición; una tercera para don Juan Cavalero y Ocio, otra carta para don Pedro Gil de la Sierpe Romero y otra para el padre Ugarte en Ciudad de México, al que solicita despachar estas noticias, en forma detallada, al General de la Orden de Jesús, a su Majestad Carlos II y a su Consejo de Indias, solicitando la protección necesaria para esta conquista espiritual.
Al embarcarse el padre Salvatierra a California en 1697, el padre Ugarte se quedó en Ciudad de México para continuar recolectando fondos y asegurar el abastecimiento de la misión. En esta labor colaboró con don Pedro Gil de la Sierpe Romero, Tesorero de la Corona en Acapulco, el cual hasta el día de su muerte acaecida en 1701, se preocupaba personalmente de enviar desde aquel puerto, las embarcaciones a las misiones de California con toda clase de provisiones y artículos.

Al morir el padre Salvatierra, el padre Ugarte, con la ayuda de otros colaboradores entre los cuales figuraba también don Pedro estableció lo que llegó a ser el Fondo Piadoso de las Californias. Se le encargó cuidar la misión de San Javier al llegar a California en 1700; despidió entonces a los soldados que lo acompañaban y quedó solo, dispuesto al martirio. Enseñó a los indios el castellano y la doctrina cristiana, y a su vez aprendió el dialecto indígena tomando por maestros a los niños.

Para construir la iglesia enseñó albañilería y labrado de madera a los aborígenes, igual que a sembrar la tierra; introdujo en California el cultivo de maíz, trigo, frijol, garbanzo, melón, vid, calabaza, sandía, limón, naranja. Llevó ovejas y carneros e introdujo el hilado y tejido de la lana. Fabricó, lo mejor que pudo, ruecas, tornos y telares e hizo llevar a las Californias maestros de diferentes especialidades, siempre ayudado por don Pedro Gil de la Sierpe Romero. Procuró que los indios tuviesen tierras comunales, aves de corral, cabras, ovejas, y sementeras propias, donde cosechaban maíz, calabaza y frutas.

Una sequía de años arruinó su labor de San Javier. Instaló un hospital y sendas escuelas para niños y niñas.

En 1703, ya muerto don Pedro, exploró la costa occidental de la Península en busca de un punto apropiado que sirviera de escala al Galeón de Manila, en su viaje de retorno a Acapulco desde las lejanas Filipinas.

Después de vencer enormes dificultades, logró construir, en 1719, una balandra, el “Triunfo de la Cruz”, que sirvió a las misiones en 120 travesías durante 50 años y que reemplazó a las embarcaciones que don Pedro Gil de la Sierpe Romero les había regalado, las cuales se habían destruido años antes.

En 1700, don Pedro Gil de la Sierpe Romero es designado heredero de doña María Buitron Múxica. Fundó Capellanía de misas, como albacea y heredero de doña María Buitron Muxica, con dote de 2,000 pesos de principal. Se nombró patronos al deán y cabildos.

En 1701, fallece don Pedro en Ciudad de México. Las circunstancias de su muerte, aparecen descritas, con detalle, en las “Obras Californianas del padre jesuita Miguel Venegas”:
“Y bien lo mostró con las obras, que no estimaba su vida, sino para servir al Señor, y a su Santísima Madre en lo que tocaba a una Conquista tan gloriosa. Porque siendo assí que ya no bajaba al Puerto de Acapulco por serle notablemente adverso su temperamento, y por ello peligraba su vida, después que se abrió la puerta a la conversión de la California, prometió bajar todos los años aunque le costasse la vida a dar las providenzias necezarias tocante a la conducción de los víveres, y demás cosas necessarias desde aquel Puerto hasta la California, y lo executó los quatro años siguientes, sin que le sirviese de retractivo, el que cada año enfermaba de muerte. Y por fin al quarto año enfermó en Acapulco como solía, se hizo traer a México y no alcanzando las medicinas a la curación, entregó dichosamente su espíritu al Señor.”

Este indica que el clima de Acapulco le hacía muy mal a la salud de don Pedro. No obstante, luego de 1697, una vez abierta la colonización de California, decidió viajar a Acapulco todos los años, con gran sufrimiento, para preocuparse personalmente de enviar las provisiones y embarcaciones que requerían los jesuitas en California. Así, según describe el padre Venegas, al cuarto año de soportar los males que le aquejaban se sintió muy mal estando en Acapulco. Llevado a Ciudad de México, y al no hacerle efecto las medicinas, entregó su alma a Dios, en el año de 1701. Fuentes consultadas: Internet, y la página que me dio a conocer nuestro amigo y paisano, Sebastián Reyes Egea, cuyo autor es Fernando de la Sierpe.
Los libros: “La Blanca de la Carne de Sevilla” por José Díaz de Noriega y Pubull, ediciones Hidalguía, Madrid 1979 y “Antiguo Conchó loreto” de Alfonso de Newillate.

27 abril 2008

MANUEL MUÑOZ CONDE

Un Hombre honrado

Ya a sus 73 años, en el años 1956, abuelo sin más nietos que los hijos de sus vecinos de la calle “La Matea”, Manuel Muñoz Conde, entre aletazos de su bastón que le daba fuerza para sobrellevar un cáncer en el hígado, sentado en el patio terrizo donde la yerbagüeña se ponía en guardia de floridos fusiles pegadas a la tapia que daba a la calle.
Contaba muchas anécdotas en sus parlamentos solitarios, de su juventud, de su madurez, de cómo entro la Republica en Fuentes, de cómo en el 1934 escondía él en su casa a gentes de derechas y en el 1936, esas mismas gentes de derechas lo escondieron a él.
Los zagalones de entonces, hoy día personas pensionistas, hacían como que lo escuchaba, y se reían, pensando que Manuel Muñoz Conde había enloquecido en ese grado de loco de viejo, que no está para llevarlo al manicomio.
No, no era su locura. Lo parecía porque nadie podía imaginar que lo que Manuel Muñoz Conde hablaba eran las verdades sujetas durante todos los años que estuvo sirviendo en el Ayuntamiento al pueblo de Fuentes de Andalucía y a sus habitantes como médico titular y como alcalde. Eran verdades tan graves que parecían locura.
Pero empecemos por el principio, nace a las diez de la mañana del domingo 1 de julio del año 1883, aunque en el registro civil lo apuntaron el jueves 23 de agosto del mismo año. Sus padres eran, Manuel Muñoz Santiago y su madre Magdalena Conde Fernández, vivían en la cale San Antonio nº 27. Su abuela materna María Engracia Fernández Rodríguez, que era natural de Fuentes quería que el niño se llamara Ricardo Daniel, que tener más de un nombre, es síntoma de distinción, para su abuelo materno José Conde Acuña, de profesión propietario de tierras, le daba igual, pero la hija le puso el nombre de su marido y el que le dijo su madre: Manuel Ricardo Daniel.
Manuel Muñoz Conde pasó parte de su infancia en Ecija, ya que allí vivían sus abuelos paternos, Antonio Muñoz y María Santiago, y allí estudio hasta que su padre Manuel le propuso que estudiara medicina en Sevilla, porque sus abuelos paternos se habían trasladado a la capital hispalense a vivir.
Se licencio en medicina
Y con 27 años, en el Pleno Municipal celebrado el sábado 4 de septiembre de 1909 fue nombrado médico interino por el Ayuntamiento de entonces, en cuya alcaldía estaba de alcalde Manuel Arce Conde. Fue designado para la asistencia de los enfermos del distrito segundo cubriendo la vacante producida por la aceptación de renuncia a don Servando Amaya que trasladaba su residencia a Cádiz.
Ejerció de médico y de labrador.
Fue presidente de la sociedad “Juventud Obrera Republicana” de Fuentes de Andalucía mostrando gran activismo desde el principio de su creación y el jueves 4 de mayo de 1911, el presidente de la sociedad, Manuel Muñoz Conde, presenta ante la Alcaldía una solicitud para que se le autorice llevar a cabo “una manifestación pacífica”, que se celebraría el domingo día 7 a las diez de la mañana:
«Para pedir a los poderes constituidos la supresión del impuesto de consumos, instauración del servicio militar obligatorio, la revisión del proceso Ferrer y otros. En dicha manifestación figurará la bandera del partido y se organizará en la puerta del Centro Republicano siguiendo por la calle marques de Nervión y continuando por las siguientes calles Alfonso XIII (Lora del río), San Miguel, Canovas del Castillo (Carrera), bajando por Fernando de Llera hasta llegar al sitio otra vez a la calle marques de Nervión hasta el Casino Republicano donde se disolverá después de entregar a la autoridad las conclusiones definitivas.»
El alcalde, el liberal Manuel Arce Conde, concedió el permiso correspondiente:
«Siempre que no se entorpezca el libre tránsito, se guarde el orden debido y que no se produzcan escándalos ni molestias de ningún género.»
Y así fue, y al final de la misma, como se expresaba en la solicitud, se entregó a la alcaldía un documento con las conclusiones de los manifestantes en las que se decía lo siguiente:
«1. La supresión total del impuesto de consumos.
2. Apartamiento de toda política de aventuras belicosas en África.
3. Revisión de los procesos seguidos contra Josep Miquel Baró, el carbonero Ramón Clemente, Eugenio del Hoyo, Francesc Ferrer i Guàrdia y Antoni Malet (los cinco fueron condenado a muerte por los hechos de la Semana Trágica de Barcelona).
4. El indulto de nuestros compañeros José Ruiz Martín (que tenía 24 años) y Antonio Marín Peña (que tendría 25 años) condenados por delitos políticos.
5. Implantación del servicio militar obligatorio.
6. Transformación de la Hacienda Nacional en forma que los impuestos se asiente sobre bases firmes y equitativas y los gastos se apliquen a satisfacer necesidades del país.
Dios guarde a V. Muchos años.
Fuentes de Andalucía domingo a siete de mayo de 1911.
La Comisión:
Manuel Muñoz Conde, José Ruiz Martín, Antonio Marín Peña, José Gómez Pérez (tenía 35 años), José Marín Galán (era perito agrícola y nacido en Casariche) y Francisco Morillo Caro.»

Fue fundador de “La Casa del Pueblo” en 1919, junto con Francisco Morillo Caro, Diego Escobar López y Cristóbal González Ruiz.
Este hombre destaca en tres aspectos fundamentales de una vida: político, médico, y hombre bueno y honrado; y por encima de todo humano.
Como político hay que decir que fue el responsable local del Partido Republicano Radical y más tarde de Unión Republicana. Alcalde provisional de la Comisión Gestora cuando se proclamó la República el 14 de abril de 1931 y alcalde tras las elecciones parciales del 31 de mayo de 1931.
Manuel Muñoz Conde deberá enfrentarse a los graves problemas de la localidad, sobre todo el elevado paro de la población jornalera fontaniega.
Su trabajo al frente de la alcaldía fue importante. Sin embargo hubo personas que no actuaron con él limpiamente. Políticamente se declara de Martínez Barrio y más tarde, según acta, como masón al servicio del pueblo, en la Logia Isis y Osiris de Sevilla.
En el otoño de 1934, el 11 de octubre, tuvo que poner la dimisión de alcalde pues lo que se llamaban amigos suyos le había traicionado.
Cuando en febrero de 1936 gano el Frente Popular, al no poder acceder a la Alcaldía, se mantuvo en segunda línea política aunque controlando a los concejales de Unión Republicana.
Su humanidad era tal, que cuando dimitió como alcalde, los vecinos de Fuentes hicieron un escrito que se entregó al Ayuntamiento para que no dimitiera. Tenía fecha de 13 de noviembre de 1934.
Casado, ya mayor, con victoria Huertos Muñoz, camarera del paso de la virgen de la Hermandad de la Vera Cruz. No tuvieron hijos.
Condenado por masón a Manuel Muñoz Conde primer alcalde republicando de Fuentes de la II
República. Texto de la sentencia contra Manuel Muñoz Conde. Emitida el 14 de septiembre de 1942, con los vocales catedrático Wenceslao González Oliveros y un tal Pradera. El proceso se inicio el 19 de junio de 1942 y se cerró el 15 de octubre del 1947.
Los documentos se hallan en el Archivo General de la Guardia Civil, sección Masónica:
«En Sevilla a catorce de septiembre de mil novecientos cuarenta y dos, el Tribunal Especial para Represión de la Masonería y del Comunismo, en el sumario número ciento catorce del Juzgado Especial Uno, y doscientos seis del Tribunal, seguido por delito previsto en la Ley de 10 de marzo de 1.940, en contra del procesado en rebeldía MANUEL MUÑOZ CONDE, mayor de edad penal y con domicilio en calle San Antonio numero 27 de Fuentes de Andalucía, provincia de Sevilla:
1º Resultado: Que MANUEL MUÑOZ CONDE, afiliado a la Liga de los Derechos del Hombre, y fue miembro de la Logia "Isis y Osiris" de Sevilla, mil novecientos veinte y cinco.
A este escaso reflejo de sus actuaciones en el seno de la secta, hay que añadir una continua u celosa actividad masónica en la vida pública y política y una finalidad, nunca olvidada, de infiltrar en los organismos públicos y en toda la vida provincial, los postulados masónicos, según es notorio. En toda su larga vida política siempre se inspiró en la antipatriótica tendencia masónica, adulterando las situaciones de matiz moderado en que actuó, alentando la subversión al iniciarse el Movimiento con utilización de toda la red masónica, que manejaba, y alentando la revolución con todas sus energías y poderes durante el transcurso de la Cruzada salvadora.
2º Resultado: Que durante la celebración del juicio ante este Tribunal, el Ilmo. Sr. Fiscal formuló como acusación definitiva la de reputar al procesado como autor, con todo género de agravantes, del delito de masonería que define y sanciona la Ley de 1º de marzo de 1.940 y pidió la pena de diez años de reclusión mayor, con las accesorias de inhabilitación absoluta y expulsión
1º Considerando: Que los hechos declarados probados constituyen el delito de masonería que define el artículo 4º de la Ley de 1º de marzo de 1940 ya que el procesado con su significada graduación masónica, ha sido baja en la secta.
2º Considerando: Que de tal delito es responsable el procesado en concepto de autor de delito consumado.
3º Considerando: Que los hechos probados arrojan, en contra del procesado, las circunstancias agravante de haber formado parte de la Logia Isis y Osiris de Sevilla, concurrencia a asambleas provinciales, y haber sido miembro en la secta: en una palabra se dan todas y cada una de las circunstancias agravantes que definen en el artículo 6º párrafo 1º de la Ley mencionada. Procede, en consecuencia, la aplicación de la penalidad prevista en el grado máximo de su extensión.
4º Considerando: Lo que en cuanto a Responsabilidades Civiles preceptúa el artículo 8º de la Ley aludida, en su relación con la de nueve de febrero de 1939.
Vistos los artículos citados de la Ley de Represión de la Masonería y del Comunismo, los concordantes y relacionados de la misma, el artículo 142 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, los artículos 30 y 44 del Código Penal.
Fallamos: Que debemos condenar y condenamos al rebelde Manuel Muñoz Conde, como autor de un delito consumado de masonería, con la concurrencia de solas circunstancias agravantes, a la pena de treinta diez años de reclusión, con sus accesorias de interdicción civil, inhabilitación absoluta, extensiva, además, a cargos en entidades subvencionadas y empresas concesionarias, gerencias y Consejos de Administración en empresas privadas, así como cargo de confianza, mando y dirección en las mismas. Para la fijación de las responsabilidades civiles, remítase testimonio de esta sentencia al Excmo. Sr. Presidente del Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas. Notifíquese esta sentencia en la forma que la Ley previene para los rebeldes, remitiendo testimonio de lo conveniente al Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación a los efectos de la publicación en el Boletín Oficial del Estado, y para ejemplaridad y mayor difusión suplíquese la publicación de referencia de este fallo a Ilmo. Sr. Jefe del Servicio Nacional de Prensa y Propaganda.
Así por esta nuestra sentencia, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.
Publicación.- Leída y publicada la anterior sentencia por el Excmo. Sr. Presidente y estando celebrando audiencia en los Estrados del Tribunal, Sevilla a catorce de Septiembre de mil novecientos cuarenta y dos. Doy fé.»
Fue un hombre marcado por su destino. No obstante, nunca fue rencoroso, y buena muestra de esto es que cuando murió, donó al Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, gran cantidad de material médico. En la actualidad no queda nada de lo que dejo.
Falleció una noche sin luna, en verano, el sábado 30 de junio de 1956, y se enterró a las once de la mañana del día siguiente, a consecuencia de neofelasia metástasis de hígado.
Su hombre de confianza y a la vez jornalero de la familia, Benedicto Liarraz Crespo fue el encargado de llamar al médico don José Rubio López, para que certificara el fallecimiento.
El 1956, fue año donde las sandías de secano, salieron como tinajas.
Fue un hombre honrado.


20 marzo 2008

PADRE TEJERO


Fontaniego de corazón, servidor de Dios y del pueblo humilde.


Fuentes de Andalucía no lo conoce. Lástima, ya que fue un personaje extraordinario.
La vida del padre Tejero va unida a la de Madre Dolores; uno y otra revistieron un capitulo excelente de la Historia de Sevilla del siglo XIX. Sin informes, sin ostentaciones, se plantearon la quijotesca empresa de limpiar la degradación de muchas mujeres, hincar cara ente la sociedad que las rechazaba y restituirlas con un trabajo instruido o como enamoradas esposas.


Pero yo aquí solo me dedicare a la relación que tuvo el Padre Tejero con Fuentes de Andalucía.
Que yo sepa los ayuntamientos de Sevilla y el de Ecija le dedicaron hace unos años una calle. En Sevilla en una amplia avenida, aun costado del estadio del Betis. En Ecija justo donde esta el convento de las filipensas, muy cerda de la plaza de abasto.
Pusieron un rótulo en la puerta “Casa de arrepentidas”. Y esperaron que se llenara de mujeres que lanzaba el fango de la prostitución. Era el año de gracia de 1859. Reinaba en España su majestad la reina Isabel II, y regía los destinos de la provincia de Sevilla como gobernador el señor Jiménez Cuenta y como alcalde de Fuentes de Andalucía don Fernando Armero y Fernández de Peñaranda, hermano menor de don Francisco Armero, marqués de Nervión.

En 1859 Fuentes de Andalucía estaba atravesando una gran sequía por falta de lluvias, ha esta conclusión se llega al comprobar que los hermanos de la Cofradía de Jesús de la Humildad, no salió por falta de fondos con los que adquirir la cera, causada porque algunos hermanos no habían satisfecho sus cuotas en el momento oportuno, se pactó, para no gravar a dichos hermanos que estaban apenados por la falta de lluvias, bajar al Señor y decirle una novena.
Unos días más tarde se presentaron tres sujetos, según el acta correspondiente de la Hermandad, representando al gremio de los Arrieros o Tragineros, de Fuentes de Andalucía y dijeron que ellos tenían reunida cierta cantidad y que querían bajar al Señor y sacarlo a la calle en procesión.
Los hermanos acordaron, en un principio, hacerle la novena y:
«(…).que si el Señor los remediaba en el transcurso se le hiciera una función de acción de gracias y que si Su Divina Majestad no se hubiera dignado en remediarlos se sacaría en procesión de rogativa; pero no aceptamos la imposición de ningún extraño a ella (…)».
Pero empecemos por el principio. Buena parte de la historia de la Campiña sevillana está transigida por una serie de familias que cruzaron los lindes de Despeñaderos y en continuadas oleadas se asentaron en los bellos repliegues de esta tierra. Trajeron sus costumbres y temperamento, con los años terminaron, volviéndose sevillanos incondicionales.
Si los sorianos llegaron a la campiña sevillana, a fin de siglos, el tío del Padre Tejero fue un adelantado. Se afincó en Fuentes de Andalucía en el primer tercio del siglo XIX. Vino el tío don Teodoro García, que así se llamaba, plantó su comercio de telas, ahorro, y se casó con una chica de Fuentes de Andalucía, doña Catalina Sánchez.
El Padre Tejero nació en Garray, pueblo de Soria, el 11 de mayo de 1825; fue bautizado dos días más tarde, en la parroquia de San Juan Bautista, le pusieron el nombre del santo del día de su nacimiento: Francisco de Jerónimo. Su padre se llamaba don Manuel García Sanz, natural del mismo Garray, y secretario del Ayuntamiento. Casó con una muchacha de Tardesillas, llamada Marta Tejero. El escribiría más tarde que sus padres:
« (…) eran pobres, pero muy honrados (…)».

Cuando tuvo un año, fue confirmado de manos del obispo don Juan de Gavia en Dombellas, a orillas del Duero. Era el 28 de junio de 1826. Dos meses más tarde, el 11 de agosto, nace su hermana Tiburcia, que muere al año siguiente, el 11 de septiembre de 1827. Las desgracias familiares continúan: el 18 de octubre nació muerta una hermana a quien pusieron de nombre Petra. Y en 1828, el 10 de noviembre, muere su madre de parto. La niña, también muerta, recibió el nombre de Andrea.

Don Manuel García Sanz, queda solo con un niño pequeño y el hueco de una gran soledad. Como no puede cuidarlo, Francisco es enviado a casa de unos tíos maternos, en Tardesillas, a dos kilómetros de Garray. Allí vivió hasta los ocho años.

En el 1833, Francisco pisa por primera vez tierra fontaniega, había cumplido nueve años de edad. El tío don Teodoro García, hermano del padre, contaba en sus cartas que el negocio le iba bien y precisa un crío en el mostrador.
El ayuntamiento de Fuentes de Andalucía lo regia don Antonio Armero y Almansa, padre del General Francisco Armero, que más tarde le concedieron el titulo de marqués de Nervión.
Y así, desde pequeño, se encontró tras un mostrador al que, según cuenta él en sus memorias:
« (…) desde el principio le mostró gran repugnancia por lo que se oponía al espíritu de recogimiento y de silencio que él comprendía debía pasar su vida (…)».
En Fuentes de Andalucía vivió Francisco los años de su juventud. Halagado por su tíos era querido también por la gente que acudía a su tienda, le llamaban “Francisquito”. Su tío Teodoro García, buen comerciante, inició a soñar que no estaría mal una futura boda con algunas de sus hijas. Su tía Catalina Sánchez, sabía algo del secreto del chico: Le fastidiaba el mostrador, Francisco sentía vocación religiosa.
Siendo ya mayor, se desahogó a un sacerdote de Fuentes con el que confesaba usualmente. Éste le gestionó una gramática latina para que vislumbrara que dificultosos Alpes deberían coronar para llegar a la cumbre del sacerdocio. Era como decirle:
— Amigo, el sacerdocio no está hecho a la medida de un tendero.

Pero Francisco estudió en las largas noches de inviernos. Sin maestro, sin ordenación, cuenta en sus memorias:
« (…) El confesor, aunque bueno, no se ocupaba más que de los pecados, y de todo lo demás se desentendía (…)».
Este buen cura se muere, Francisco se encontró con las manos libres para elegir nuevo director espiritual; contaba dieciocho años, y esta vez quiso atinar bien. Eligió al párroco de Fuentes.
«(…) Del cual se tenía formado gran concepto por su ilustración, por su virtud y por su ardiente celo en el bien de las almas… él sólo bastaba para conservar la moralidad de todo el pueblo de Fuentes de Fuentes de Andalucía y tanto era el aprecio y estimación en que lo tenían que todavía, después de muchos años que hace que falleció, no lo han borrado de su memoria (…)».
El viejo párroco acogió con cariño los desvelos de Francisco, cuando se persuadió de que su disposición era dura, le dio ánimos y le ayudó a superar la negativa de su tío. Don Teodoro García, no acogió bien el hecho de que quisiera ser cura. Una guerra se había declarado entre tío y sobrino; más su director espiritual le propuso lo siguiente:
— ¿Te asusta a romper con todo y salir a Sevilla a emprender los estudios?
En septiembre de 1846, llego a Sevilla y se matriculó en la Universidad Literaria. Sus estudios en Fuentes de Andalucía le valieron la excepción del primer año de Latinidad; remediando así los extensos esfuerzos que empleó con la Gramática Latina. Emprendió, pues, el segundo año académico de Filosofía.
En diciembre elevó una solicitud al Rector para faltar durante dos meses, ya que debía mostrar alegatos para no prestar el servicio militar forzoso.
Salió de Fuentes de Andalucía el 17 de diciembre y se encuentra de vuelta el 3 de febrero de 1847. La vuelta a Fuentes le devolvió de nuevo a sus estudios en Sevilla. Pero en el viaje a Garray, su pueblo natal, se gastó los pocos ahorros que le quedaban.
Las cartas de recomendación de su viejo párroco de Fuentes, no le sirvieron de mucho, y a su tío, don Teodoro García, no podía acudir. ¿Qué hacer? Cuenta en su autobiografía que antes de llegar hasta el extremo de mendigar le hablaron de un sacerdote de Sevilla muy conocido por su posición y caridad, y sintiéndose en la necesidad de acudir a él. Este le oyó, pero a principió le puso en aprietos. Entonces, con unos de esos arranques que de cuando en cuando quiere la gracia de Dios, le dijo el joven con firmeza:
—Padre, mi vocación es de Dios y estoy seguro que no me ha de desamparar.

Fueron palabras que conmovieron de tal modo el corazón de este buen sacerdote, que le mandó se trasladase a su casa, en donde nada le faltará, y donde sólo debe de preocuparse de sus estudios. A sus cuidados vivió unos años el Padre Tejero y después de varios años llegó a cura. Contaba entonces 26 años.
Francisco García Tejero se ordena a título de beneficio y recibe del cardenal Romo el cargo de segundo sacristán de la parroquia de Fuentes de Andalucía. Su confesor, don Juan de la Carrera, no pudo felicitar a su pupilo, viejo y enfermizo, murió en el Oratorio de San Felipe el sábado 19 de julio.

El martes 7 de octubre de 1851, fiesta del Santo Rosario, celebró su primera misa en Fuentes de Andalucía.
«Sus ojos fueron, durante toda ella, dos fuentes de lágrimas, considerándose indigno de tan alta dignidad, y agradeciendo al Padre de las misericordias por las que había ya concedido la gracia de su vocación, que era el sacerdocio».
Sus tíos, primos, primas y amigos de la infancia y de su juventud, en trajes de fiestas, llenan la parroquia Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía. Al final, un fuerte abrazo al tío Teodoro.

Volvió Francisco García Tejero a Sevilla para continuar sus estudios de teología y cánones. Pero el ejemplo de su director espiritual, el filipense don Juan de la Carrera, y los ejercicios espirituales que en aquella casa ejecutó para su ordenación sacerdotal, crearon en él un cambio de ánimo proclive a pedir su entrada en el Oratorio. Compaginaba de este modo su nostalgia por la soledad y el recogimiento del claustro con sus ansias incontenidas de apostolado. Ingresó en la orden de San Felipe Neri.
En aquellos años de conflictos en España, se retira a la Iglesia de San Roque y se consagra a dar catecismo por los corrales de Sevilla, lo que le pone con el submundo sevillano ignorado para él.
El Padre Tejero, con unos setenta feligreses, recorría semanalmente los corrales en donde predicaba, por lo que se ganó el mote de “el cura de los corrales”. Cada predicador le correspondía tener, cuando menos, dos corrales a su cargo, visitándolos y gestionando formar pequeño grupos para la instrucción del catecismo.
El Padre Tejero se define con la sencilla lógica de la práctica evangélica:
“Si no viene, es menester ir a buscarlos”.

Cuando llegaba la ocasión, el Padre Tejero, en medio del patio, lanzaba su homilía para todos los vecinos. Aquella tarde, el corral era una fiesta. Treinta y un corrales visitaban por este tiempo, según una lista del Padre Tejero, con su distribución por calles y números.

En el verano de 1859 entra el padre Tejero en el Hospital de la Sangre o de las Cinco Llagas, conocido como Hospital Central de la Macarena (hoy Parlamento de Andalucía), designado a la sala Santa María Magdalena, donde se hallaban las adolescentes y jóvenes que “hacían la calle”. Fue allí donde le rondó al Padre Tejero una nueva aventura. Es como una chispa que irradió de pronto su imaginación y se esfumó repentinamente; algo así como un torbellino de viento que injerta el polen de las flores y lo siembra, algo determinado, tenue, como la semilla que se hunde en el surco. El Padre Tejero, después de ensayar varias fórmulas, acierta con la definitiva. Se pregunta a sí mismo cómo era posible que Sevilla tuviese establecimientos para toda clase de personas y ninguno para estas infelices.

Después de pedir limosnas para esta causa, sólo obtuvo dificultades, aunque encontró varios utensilios y con la ayuda de doña Rosario Muñoz, soltera, ya madurita de cuarenta y seis años, natural de Marchena. Rosario sirve de criada en una casa de Sevilla. El Padre Tejero le repite los problemas, quiere poner a prueba su decisión, vivirá con las chicas, será para ellas una madre, no recibirá salario alguno. Así pudo fundar la “Casa de las Arrepentidas”, en el barrio de Santa Cruz, en la calle Jamerdana, frente a la iglesia de los Venerables (viernes 22 de julio de 1859).



Con el tiempo se aumentó la casa y con ella la Constitución por la que se administraba. Se hizo necesario alguno de mayor carácter en su dirección. Ésta llegó, se llamaba Dolores, y venía de Constantina, con deseos de ingresar en las Carmelitas Descalzas. Trató al Padre Tejero en el confesionario, y éste le dirigió hacia su obra.

Tomando como guía los estatutos de las Filipensas de Roma, escribió con María Dolores Márquez y Rosario Muñoz, los artículos de la nueva Congregación, a la que bautizó con el nombre de “Congregación de las Hijas de los Dolores de María Santísima y de San Felipe Neri”.

A finales de octubre de 1868, el Padre Tejero se traslada a Fuentes de Andalucía, el pueblo de su juventud, a casa de sus primos García Sánchez. Desde ahí le será más fácil observar el espacio político de Sevilla con la llegada de la I República, y esperar la hora serena del regreso. Pero en Fuentes de Andalucía, igual que en otros pueblos de la Campiña sevillana, se descubre una participación popular importante que llegó en algún momento a comprometer el orden y la propiedad. El inicio del acontecimiento fue acompañado de toda una serie de actos en ese sentido: el asalto de la casa de don Manuel de Llera Moreno, uno de los grandes propietarios de Fuentes de Andalucía, líder del partido moderado y concejal, es un ejemplo; la entrada en el “Casino de los señores” y en la fabrica de sal que había en Fuentes fueron atacadas por grupos armados, el telégrafo cortado y los hurtos en los campos fueron denunciados repetidamente.
Meses más tardes, el diario carlista de Sevilla “El Oriente” en su edición del viernes 1 de enero de 1869, recordaba la situación vivida a último de octubre de 1868 de la forma siguiente:
« (…) No es fácil que se haya caído en el olvido lo que en Fuentes de Andalucía pasó en los primeros días de la revolución gloriosísima de septiembre; allí se dio el espectáculo de un pueblo en el que las turbas se lanzaron a toda clase de exceso, saqueando algunas casas principales, y penetrando en otras a tiros, ni más ni menos que si fueran falange de beduinos, si bien comandados por gentes que vestían la mesocrática levita característica del ilustrado siglo decimonónico (…)».
El Padre Tejero elevó una instancia al Cardenal donde solicitaba para esta Congregación la profesión religiosa. Aunque la Congregación se fortaleció después de diez años de coexistencia y tiene reglas aprobadas desde 1865, no está eclesiásticamente establecida. Además, el Cardenal perdona a siete Madres, que vivieron en este Instituto casi desde su fundación, de las obligaciones que requieren las reglas para la toma del hábito y profesión de votos.
En cuanto a las demás Madres, corresponderán efectuar el noviciado.
La toma de hábitos se fijó el viernes 10 de febrero de 1871. Y el día siguiente para la profesión religiosa.
El Padre Tejero, de acuerdo con madre Dolores, acopla el nuevo plan de estudios que emprende en octubre de 1872. Es un calco del sistema empleado por las Hijas de la Cruz francesa:
«División de las niñas en seis grupos. Desde la edad más tierna, en la escuela de párvulas, hasta la época en que, con el arte u oficio que eligió, gana ya honradamente su subsistencia, en la clase - taller. El sexto curso, que es el último, recibe el nombre de clase – taller, en él las chicas aprenden el oficio que más les agrada y gana un jornal en proporción a su habilidad y destreza».
En realidad, la gama de oficios no es muy extensa: costura, bordado, zapatería. Madre Dolores ha solicitado al taller de doña Antonia Maldonado una ofíciala para que instruya a las chicas el arte del calzado. Doña Antonia, su taller goza de gran prestigio, no en vano allí se calzan los canónigos, envía a una ofíciala, Angelita Guerrero, que enseña a las chicas a hacer las botas altas y ajustadas que ha impuesto la moda de París.
Angelita Guerrero tres años más tarde se haría llamar, Sor Ángela de la Cruz.

El viernes 12 de agosto de 1870, es el entierro y le llega la noticia al Padre Tejero de la muerte de su padre el día anterior, a la una de la tarde de la enfermedad de parálisis cerebral. Esta muy dolido y es invitado por el párroco de Fuentes de Andalucía a pasar unos días, en el pueblo. En esos días hay elecciones de diputados provinciales y a Cortes y salen por el distrito de Ecija para diputados provinciales: Federico García de Leániz que era republicano progresista y nuestro paisano Fernando Llera Díaz que era unionista o lo que se llamaba entonces progresista conservador. Y para diputado a Cortes salió Nicolás María Rivero, que mas tarde llegaría a ser Presidente de las Cortes y Ministro.

El martes 10 de marzo de 1874 el Papa Pío IX otorgó “decreto de alabanza” a la congregación de Madres Filipenses. Es la mayoría de edad, la confirmación de tantos años de briega. La Congregación ha recogido el placet del Vaticano, lo que no ha sido cómodo. Pero el Padre Tejero tenía en Roma a un buen emisario que le llevaba sus cuestiones: el padre Ríos, una cuantiosa correspondencia se mantiene entre ambos a lo largo de 1873.
El Padre Tejero le envía los documentos que la Congregación de obispos y Regulares exige: origen del Instituto, estado actual disciplinar, personal material y económico, informe del arzobispado, etc, Resignadamente, el padre Ríos lo pasa al latín.

El verano de 1882 lo pasa el Padre Tejero en Fuentes de Andalucía, cerca de su familia. Nada mas llegar, uno de los médicos que había en el pueblo exploró sus dolencias y le prescribió un vaso de agua mineral en ayunas e inyecciones frecuentes por los oídos, porque le duele un oído, le supura, lo tiene mal. Ya lo exploró el especialista cuando estuvo en Madrid. Tiene poco arreglo. La terapia de aquel tiempo no cuenta con elementos suficientes para una cura total. Pierde un oído, una sordera que se acentúa.
Pero el Padre Tejero esta inquieto en Fuentes de Andalucía, viendo la pobreza y la falta de trabajo que hay en el pueblo. Algunos braceros van a verlo y le explican su situación. Y el Padre Tejero les indica que a salió una ley donde:
« (…) los braceros sin trabajo, no tienen que pagar billetes en el ferrocarril, si van a buscar trabajo, a otro pueblo de su provincia (…)»

Entonces un grupo de vecinos de Fuentes de Andalucía fueron a hablar con el Jefe de Estación de ferrocarril del pueblo porque querían ir a Utrera, donde se estaba haciendo carreteras, para lo del billete gratis, pero este no le hizo caso y volvieron a ver al Padre Tejero, y este los acompaño y le expusieron el tema al alcalde, pero no fue el Ayuntamiento quien mando a los bracero a Utrera, como algún libro sobre Fuentes de Andalucía dice, en la copia del acta del archivo municipal se amplia más la información:
«En al Villa de Fuentes de Andalucía en diez y nueve de agosto de mil ochocientos ochenta y dos: bajo la Presidencia del señor alcalde don Sebastián Soto Adalid, se reunió el ayuntamiento constituyente de ella en su sala de acuerdos para celebrar la sesión ordinaria de hoy, compuesta de los señores capitulares Herce, Ramos, Caro, Andrea, González, Flores y Conde, que al final serán reconocidos por sus firmas.
Se leyó y aprobó el acta de la sesión anterior.
Se hizo prescrita que consiguiente a la acordado por el Municipio en sesión de cinco del corriente se habían subastado los escombros de los Barrancones de las veredas del Mellizo y Encinilla, no habiendo habido postor, mas que para este último, y por la cantidad de veinte pesetas. El Ayuntamiento enterado por unanimidad acordó:
Aprobar la mencionada subasta del Barranco de las Encinillas, en favor de don Juan Carmona Rivero, y por la suma de las veinte pesetas, y respecto al de la vereda del Mellizo, que se anuncie de nuevo, bajo el tipo de ochenta pesetas, admitiéndose todas las posturas que se hagan, teniendo lugar el remate el jueves próximo veinte y cuatro del corriente con todas las formalidades legales
Se dio cuenta y leyeron los Boletines Oficiales numero 337 al 42 inclusive, acordándose el cumplimiento de las ordenes en ellos insertas, y que le fuesen expedidas, habiendo quedado enterado el Ayuntamiento de la circular y Real Decreto que aparecen en los de los números 38 y 40 relativo á facilitar billetes gratuitos en todas las estaciones de ferrocarriles enclavados en esta Provincia, á los braceros que se presenten para salir de su domicilio, en busca de trabajo.
Por el señor Presidente se manifestó que á consecuencia de lo dispuesto en el Real Decreto y Reales Ordenanza de ocho del corriente se le habían presentado varios braceros pobres, acompañados de varios clérigos, solicitando billetes gratuitos para pasar a Utrera en el ferrocarril, y trabajar en una carretera que dicen se está construyendo, y que habiendo accedido á ello había formado las listas, con arreglo á lo mandado y remitido al Jefe de estación, el se negó á admitirlo, fundándose para ello, en que no tenía ordenes de sus superiores; que en su virtud le telegrafió en el día de ayer al señor Gobernador, participándole de lo ocurrido, que la calamidad tomaba proposiciones alarmantes, temiéndose conflictos graves, y que se esperaban socorros ó determinaciones, o también la Alcaldía las toma para evitar se altere el orden y se cometan actos vandálicos, habiendo tenido que acompañar la Guardia Civil, a los que conducen Pan á las posesiones del término; que el señor Gobernador había contestado, que consultaba el asunto con el señor Ministro de la Gobernación y que se le dijera hacia donde se dirigían á buscar trabajo los jornaleros, habiéndosele contestado con fecha de hoy, que á Utrera, sin que haya habido contestación.
El Ayuntamiento, enterado acordó: Que el señor Presidente obre en lo sucesivo con arreglo a las ordenes que le dicte su superior autoridad.
En cuyos términos se concluyó esta sesión que se firma por los señores del ayuntamiento, concurrente de que yo el secretario, certifico. Soto = Herce = Ramos = Caro = González = Conde = Jiménez = Flores = Atusen = Manuel Becerril».



El Padre Tejero está bastante achacoso. En 1887 ha sufrido una operación en el ojo. En 1892 cesa como Prepósito del Oratorio a consecuencia de sus achaques y es elegido don Manuel de la Oliva, conocido como gran predicador en Sevilla, a finales de siglo.

El miércoles 8 de diciembre de 1909, moría en el Oratorio de Sevilla el padre Tejero. Murió fatigoso, después de larga enfermedad, por los muchos trabajos de su vida, contaba 84 años.

El viernes 14 de enero de 1910, hubo una oración fúnebre, pronunciada por don Antonio Muñoz y Torrado en la iglesia de San Alberto, en sufragio del alma del Padre Tejero. Su pueblo de adopción, Fuentes de Andalucía, estuvo simbolizado por su corporación, al frente su alcalde del partido liberal don Manuel Arce Conde, acompañado de los señores: Francisco Mola Falcón, Juan Carrera Flores, Marín Cantalejo Ramos, Sebastián Soto Adalid, Francisco Pruna Miranda, José González Hernández, Isidoro Moreno de la Rivas, Francisco Javier de Escalera y Fernández de Peñaranda, José Caro Talavera, Antonio Márquez Andrade, Luis Soto Adalid, Juan Jiménez Flores, Francisco Ruiz y Ruiz, Francisco Márquez Caro, Manuel Hidalgo Tortolero, Jesús Gómez Caro, Antonio Lucena Pavón
Se celebra su memoria el 11 de mayo.

Hoy día la Congregación esta implantada en: España en 25 ciudades, sobretodo en Andalucía. Argentina en 3 ciudades. Brasil en 1 ciudad. Nicaragua en 2 ciudades. Uruguay en 2 ciudades.






















Fuentes informantes: Internet. Diario “El Porvenir” de Sevilla. A don Manuel Pérez Vasco por dejarme el libro “Dolores Márquez, sevillana del XIX” de don Carlos Ros ( sacerdote que estuvo en Fuentes de Andalucía como coadjutor de la parroquia, siendo don Eduardo el párroco). El libro “Historia de Sevilla” del señor Guichot. Diario de Sevilla “El Oriente”, de los días 16 y 24 de marzo de 1871.