Cristóbal Ruiz Florindo fue el segundo hijo de Juan.
Conocemos los datos más singulares de su biografía. Nació el viernes 25 de
agosto de 1724:
«En la villa de fuentes a sábado veinte
y seis día del mes de agosto del mil sett veinte y quatroa yo Don Bartolomé
Retamal y Pilares theniente cura de la Yglesia Parroquia de Santa Maria la Blanca de dha la villa exorzize catequice
y baptize a Xptonal Ramón hijo de Juan Ruiz Florindo y de Marina del Corral
sylexma mujer declaro la partera auer nacido en veinte y cinco de dho mes
fueron sus padrinos Domingo Martín y María de Carmona mujer de Domingo...».
Se caso en junio de 1745 con María Teresa Rodríguez, hija
de Andrés Martin Rodríguez y de María López Florindo, fueron testigos don
Francisco Vallejera Navalón (corregidor de Fuentes de Andalucía), don Lope Fernández
de Peñaranda y don Marco González de Mendoza (Alguacil Mayor de Fuentes de
Andalucía). No tuvieron hijos.
El marques de Fuentes le vendió hacia 1758 unas casas de
morada en la calle Mayor, que habían pertenecido a su padre, por 5.467 reales.
Poco antes se había desprendido de unas medias casas en la misma calle, a favor
de Martín Lara, por 800 reales. Aunque al menos entre los años 1767 y 1772 vive
en la calle Lora, esquina a la calle Mayor, al lado de su hermano Antonio.
En 1757 recibe su traspaso de dos años el cortijo del
Cochino, en el término de Marchena
Su primera esposa muere en 1763, otorgando a Cristóbal su
testamento.
En 1778 fallece la que seria su segunda esposa Isabel
Josefa Hidalgo de Morales, con la que tuvo al menos un hijo, Antonio, que
siguió carrera militar, en 1777 es sargento del regimiento de Infantería de
Saboya. En ese año recibe una parte de la casa que su madre había dejado en herencia.
La casa se encontraba en la calle Cruz de Valenzuela.
Una tercera mujer le sobrevivió, Juana Ruiz Castaño, quien
hace testamento en nombre del difundo en 1786. A la muerte dejo unas casas en
la calle Mayor, así como muebles, ropa de vestir y una tienda de especería.
Juana Ruiz Castaño murió unos meses mas tarde. Tampoco tuvo hijos con esta
mujer.
Cristóbal Ramón Ruiz Florindo murió en mayo de 1786, siendo
enterrado en el cementerio de la ermita de San Francisco de Asís por no haber
sitio en la parroquia Santa María la Blanca, la muerte le sobrevino
inesperadamente, por lo que dejo pendiente muchos asuntos y entre otros el
testamento.
En esas fechas su situación económica era precaria, como
demuestra la mención a su pobreza en el registro de su defunción. Su familia
debió cubrir sus gastos, pagando su padre, Juan Ruiz Florindo en 1787 lo
adeudado por la renta del cuarto de la Palmilla.
La trascendencia de este maestro en el ámbito de la
arquitectura del momento es muy relativa. El hecho de ser el “alter ego” de su hermano Alonso le
privó de actuar de manera independiente y anuló su propia personalidad
artística. Su nombre figurará siempre al lado del de su hermano, pero también
de manera secundaria.
Debió de formarse con su padre, pero sobre todo con su
hermano Alonso, a quién ayuda en la tarea de construcción de la iglesia de San Francisco
en la década de los cincuenta. Antes de 1764 trabaja de forma independiente
realizando la casa de María Vidal, mujer de Luis Hidalgo, sobre un solar
concedido a la salida de la calle Mayor.
De 1768 data una petición elevada al cabildo municipal para obtener permiso con el que construir uno o varios molinos harineros en terreno de propios. El municipio acepta su petición, incluyéndole una serie de condiciones. En el reparto de las tareas relacionadas con la reforma de la iglesia parroquial, a este mismo maestro le correspondió la ampliación de la iglesia con la nave sur añadida antes de 1769.
Sin duda tal oferta se debió en parte al hecho de que su
hermano Alonso se encontraba saturado de trabajo con la contratación de las
obras de las casas capitulares. En abril de 1767 Manuel de Perea Díaz, en
nombre de la fábrica, señalaba que una de las paredes se hallaba muy
maltratada, y la sacristía:
« (…) con motivo de haverse
aumentado el vesindario y ser la Yglesia extrecha se experimenta expecialmwntte
en
los días clásicos quedarse mucha parte de los fieles fuera sin poder entrara a
la asistencia de los Divinos oficios (...)».
Se pide la ampliación
aprovechando la obra al menos de media nave:
ݏ«con
que se completa las cinco por componerse de quatro naves y media».
Pedro de Silva
manifestaría que:
« (…) es de advertir que a el lado opuesto de
la Nave de el evangelio esta executada nuevamente la misma extensión en aquella
Nave (...)».
Por lo tanto
conviene se haga:
« (…) se reduce a avrir dos arcos con una
columna de material mui robusta en medio, que recibe las dhas mudar la puerta
colateral afuera labrar la pared exterior sacada de cimientos (...)».
Lo mismo que la
extensión de la del Evangelio. La obra costó un total de 20.000 reales.
En 1771 su
hermano le otorga poder para que actúe en su nombre siempre que las circunstancias
lo requieran, al ser “de la misma
facultad”, y, como diría el propio Alonso:
« (…) de quien por su abilidad ttengo enttera satisfacción».
La confianza que
tiene depositada en su hermano es total, hasta el punto de permitirle cerrar
tratos en su nombre:
« (…) y si
nesesario fuese la ebaquación de algún nuevo tratado la formalase y concluía».
Ejerció como
alarife municipal al menos durante los años 1764 y 1779. En cumplimiento de ese
cargo le correspondió apear diversas propiedades públicas y privadas. En
compañía de García Fernández Caño apreció en mayo de 1759 y en marzo de 1761
las casas de Alonso Conde en calle Cerrajeros en 5400 reales. Tiene 28 años y
el otro 50. Con la misma compañía aprecio en marzo de 1761 otra cosa de Alonso
Conde situada frente a la plaza, que hacia esquina a la calle del Toril,
valoradas en 5400 reales.
En 1761 con Bartolomé
Naranjo tasa en 5300 reales las casas de Juan Becerril. En mayo de 1764 le
sustituye su hermano Alonso en el cargo de alarife y como tal inspecciona el
sitio que Lorenzo Caro tiene para labrar casa de teja en la calle San Sebastián,
de 49 varas de largo por 11 de ancho.
Ese mismo año
hizo obras en casas de don Juan Magai, “una sala y una
alcoba para habitar”, no teniendo con que pagar, acordó con el hacerlo a
plazo.
En 1778 informa
del estado de las medias casas que Ana Ruiz, mujer de Jerónimo Gamero, tiene en
la calle Mayor, valorada en 3087 reales.
Entre 1770 y
1771 aprecia obras en el pósito.




