Fue el mas notable de los miembros de la dinastía Ruiz Florindo, mas incluso que el propio Antonio Ruiz Florindo.
Alonso Ruiz Florindo es el maestro alarife de mayor
personalidad; imprime a sus obras mayor riqueza ornamental, prodigando el
estípite, que con el tiene modalidades muy diversas y especificas.
Nació el 25 de octubre de 1722, siendo bautizado el 27
de octubre de 1722 (libro XIV de Bautismos, folio 12 v). Hijo de Juan y de
Marina del Corral. Consolido su formación con su padre, durante la década de
los treinta, teniendo además el posible asesoramiento del que será su suegro,
el maestro carpintero Andrés de Carmona (Andrés Carmona es el mismo que firma
con Alonso Ruiz Florindo el proyecto de las Casa Capitulares en 1763).
La toma de contacto con el medio artístico fue
importante si no decisiva. Según el Catalogo Alonso trabaja con su padre entre
1739 y 1740 en la reconstrucción del portal y el campanario de la iglesia de
San Francisco. De aquí se deduce que estaría trabajando con 17 años. Con esa
edad Alonso Ruiz Florindo debía ser oficial de su padre y estaría legalmente
incapacitado para ejercer por cuenta propia, además de encontrase todavía poco
preparado. Indudablemente este dato tiene el interés de asegurarnos el alto
grado de responsabilidad de Juan en la evolución formativa de su hijo. Ello se
pone de manifiesto en el apabullante endeudamiento estilístico de éste con aquél.
Sabemos que antes de 1750 Alonso ya se encontraba en
Sevilla, donde estuvo trabajando en la albañilería, como consta en su carta de examen.
Esta experiencia debió ponerle en relación con los tipos decorativos propios
del uso del ladrillo.
Alonso conoce estando en Fuentes y durante su juventud
al maestro del arzobispado José Rodríguez, que proyectó las obras de
terminación de la torre de la iglesia parroquial en 1942. El influjo sevillano
debió continuar, cuando en época de madurez conociese personalmente a alguno de
los maestros mayores diocesanos, Pedro de Silva y Ambrosio de Figueroa, con los
que demostraría a posteriori cierta afinidad estilística. Inevitablemente trato
a Pedro de Silva, a cuyas ordenes estuvo trabajando en la ultima ampliación de
la parroquia de Fuentes, entre los años 1767 y 1778.
Alonso Ruiz Florindo, a diferencia de su padre, sabía
leer y por lo tanto estaba capacitado para interpretar textos escritos. He
podido saber que al menos poseía algunos libros técnicos. En su testamento dio
cuenta de dos libros, uno en francés del que desconozco mas dato y otro el
Tosca.
En torno a 1746 se plantea la independencia
profesional, al casase con María Rosa Carmona y se instalan en una casa de su
propiedad, construida sobre solar adquirido en la calle Huertas esquina con la
calla Guijarrosa (Calle Estrella). En 1746 había recibido un solar de medias
casas en dicho lugar, que vendió en 1755 a Alonso López Pilares, le costo 300
reales.
Hasta 1750 no obtiene el titulo que le acredita como
maestro albañil y le permite ejercer libremente, firmando proyectos y
conduciendo obras.
El examen lo efectuó en Sevilla probando su aptitud
ante los alcaldes del oficio el 16 de agosto de dicho año. Para esa fecha
Alonso Ruiz Florindo aparenta menos edad de la que tenía. Según el examen, era
de buen cuerpo, blanco de rostro, de pelo rubio y con el defecto de ser “torpe
de oído”. A partir de estos momentos inicia una rápida carrera que le convierte
en el más importante alarife local del momento.
Este progreso laboral se nota en el incremento de la
actividad mercantil e inmobiliaria, porque adquirió un nuevo solar en la calle
Convento, en el 1754; una casa en la calle Mayor, en el año 1756 y media mas en
la calle Lora en el año 1761 a Cristóbal Martin y le cuesta 800 reales; y
también compra una tienda de tejidos a Juan Casaurbán Labanaque, vecino de Écija,
obligándose al pago de 20.994 reales liquido, en tres plazos de 3664,32 reales.
En seguridad del pago hipotecario sus casas de la calle Mayor, la ofrece como
deposito.
Ya en 1753 es propietario de unas casas en la calle
Huerta esquina a Guijarrosa, de las que venden media en 1755 a Alonso López
Pilares, por 2000 reales, creo que posiblemente sea la misma casa que habitaba,
y que le sirvió en 1755-1757 para fiar a su padre en una obligación de pago.
Mejoro su posición económica invirtiendo en ciertos
negocio, en 1757, fiado por Andrés Carmona, se obligo, como toldero, ala venta
de 680 fanegas de sal. También usufructuaba la alcabala del jabón, que poseía
por arrendamiento del marqués de Fuentes.
Como ha ampliado sus negocios se instala en una casa
de más calidad en la calle Mayor, aunque es posible que no abandone la de la
calle Huerta, que tenia vivienda baja y granero. Que se la había comprado a
María Carmona y a los herederos de Lázaro de Carmona en 3000 reales, estaba
situada entre la de los herederos de don Pablo de Escalera y la de Tomas
Alberto.
A comienzo de la siguiente década respalda a don
Miguel Bautista Caro en un traspaso de cortijos.
En sus avances tuvo una destacada participación su
propio padre, al implicarlo en las mismas empresas en las que tomó parte, cuando
todavía era bastante joven e inmaduro.
Esta apresurada madurez le permitió adquirir una
solida formación incluso antes de ser maestro titulado. Tal es así que apenas
dos años después de obtener el titulo toma un aprendiz, Jerónimo Lora, y algo
mas tarde, sobre el 1757 otro aprendiz Sebastián Conde, que le hace un contrato
de 3 años y le da un jornal de dos reales y medio.
Los últimos años de su vida Alonso Ruiz Florindo, los
pasa pleno de actividad laboral. Hasta su fallecimiento continúo ejerciendo
como alarife municipal, realizando varios aprecios. En 1785 se le encarga la
dirección de una ambiciosa obra de embellecimiento de las calles de Fuentes,
sufragada por los señores don Fernando, don Antonio María Escalera y don Fernando
de Aguilar, para mantener y ocupar a los braceros en paro por las lluvias.
Alonso Ruiz Florindo arregló la calzada existente en las calles Mayor y Huerta,
y dejo expedito el camino de Fuentes en el noroeste del pueblo.
Alonso Ruiz Florindo, que fue el más afamado de ellos,
fue enterrado en Fuentes el día 15 de
agosto de 1786, acompañado su cuerpo por todo el clero de Fuentes. Fue
enterrado en el convento de las padres Mercedarios, y su esposa, María Rosa
Carmona, murió el 5 de septiembre de 1795 y se enterró en la parroquia Santa María
la Blanca.
SUS OBRAS
Obras en al
torre de la parroquia (1756-1757)
El análisis de la producción de Alonso a lo largo de
su primera década de maestría demuestra una experiencia y capacidad creativa
muy alta, sin duda fruto de una formación sumamente completa. En estos años
trabaja como responsable en obras de enorme envergadura, que lo hacen el
alarife más apreciado en el ámbito de la construcción local. Su buen hacer será
refrendado con el nombramiento a fines de los años cincuenta como alarife del
concejo, alternando el cargo a partir de ese momento con su hermano Cristóbal.
A consecuencia del terremoto de Lisboa se hizo preciso remozar la parroquia. En ese año, tras el paso por la parroquia del maestro mayor de obras Tomás Zambrano y el parecer de los alarifes de las villas de Osuna, La Campana y Écija, la fábrica parroquial nombró a Alonso como director de las obras de reparación de la iglesia, especialmente de la consolidación de la torre como elemento más perjudicado. La elección de Alonso supone la demostración de la confianza en la labor profesional del joven maestro. En torno a 1756 el maestro Alonso hizo las obras de consolidación, en las que invirtió la mayor parte de los 15.000 reate que costó la reforma total47.
A consecuencia del terremoto de Lisboa se hizo preciso remozar la parroquia. En ese año, tras el paso por la parroquia del maestro mayor de obras Tomás Zambrano y el parecer de los alarifes de las villas de Osuna, La Campana y Écija, la fábrica parroquial nombró a Alonso como director de las obras de reparación de la iglesia, especialmente de la consolidación de la torre como elemento más perjudicado. La elección de Alonso supone la demostración de la confianza en la labor profesional del joven maestro. En torno a 1756 el maestro Alonso hizo las obras de consolidación, en las que invirtió la mayor parte de los 15.000 reate que costó la reforma total47.
Posteriormente, entre 1756 y 1757,
remató la inacabada torre, sobre fuste antiguo, que había perdido como
consecuencia del movimiento sísmico el remate que había proyectado en la década
de los cuarenta el maestro Mayor de Obras arzobispal José Rodríguez. Para ello
sustituyó el característico remate en chapitel o aguja trazado por Rodríguez
por una terminación más compleja, con varios cuerpos geométricos superpuestos,
en concreto una base troncocónica sobre ochavo, linterna cilíndrica y remate
final.
El resultado desde el punto de
vista volumétrico, aunque original, es muy tosco, con una ostensible falta de
unidad entre el cuerpo de campanas y el resto, y parece un intento de acercamiento
a los diseños de Diego Antonio Díaz para tales terminaciones. Destaca sin
embargo la labor decorativa, basada en el estípite y la azulejería policroma, al
estilo de las soluciones dadas por la arquitectura astigitana a estos tipos constructivos.
La obra parece suponer un ensayo de usos estructurales y sobre todo decorativos
de lo que será la producción posterior del maestro.
La ermita de San Francisco (1752-58)
Las reparaciones que durante toda
la primera mitad del siglo se habían efectuado sobre la vieja fábrica fueron a
todas luces insuficientes. En 1718 Andrés Martín Chaparro había realizado una
leve intervención, y Juan Ruiz Florindo, entre octubre de 1739 y junio de 1740,
otra de mayor envergadura que consistió en la construcción de un nuevo
campanario, reedificación del portal y consolidación de los tejados.
Esta última intervención, ha
desorientado a los historiadores que han analizado la ermita y mediatizado el
estudio de la producción de los Ruiz Florindo. Sin embargo, es preciso advertir
que en los años centrales del siglo se derriba la ermita para proceder a su
reconstrucción, con lo que desaparecen los testimonios de las intervenciones
previas. Sin duda debió ser éste anhelo de la Hermandad del Cristo de la
Humildad desde la primera mitad del siglo, como se desprende del pleito
promovido por estos años para verificar el patronazgo sobre el templo por parte
de la casa señorial de Fuentes.
Desde 1751 se procede a la edificación
de la nueva iglesia, a cuenta de diferentes aportaciones de instituciones y
particulares. Las obras principales no concluyen hasta 1758, fecha en la que se
habían gastado ya más de 50.000 reales en diversos apartados.
El maestro encargado de las obras
fue Alonso, ocasionalmente ayudado por su hermano Cristóbal. Como resultado de
las obras se levanta un templo de tres naves, cubierto con cúpula en el crucero
y bóvedas de cañón en el resto.
El escaso desarrollo de los brazos del crucero en relación con la anchura del cuerpo de la iglesia hace pensar en una reforma del proyecto original de planta en cruz latina con única nave, que quizás la buena financiación de las obras hizo posible sobre la marcha. Tras el testero plano del Altar Mayor se levanta el camarín del Cristo de Humildad, posiblemente resto de la antigua capilla, tal como su composición, con columnas salomónicas como soporte, y el difícil encaje de sus elementos con el resto de la fábrica parecen indicar.
En relación al ornato, Alonso
desarrolla sobre las paredes laterales de la nave central una variación sobre
el orden jónico, con friso cajeado y decorado con motivos geométricos y amplio
fileteado como cornisa.
Si bien la adopción de este orden pudo
deberse al conocimiento de los interiores de iglesias sevillanas como la parroquial
de Umbrete o la más cercana ermita de Jesús Nazareno de Lora del Río, ambas
proyectadas por el arquitecto Diego Antonio Díaz, lo cierto es que la incorporación
de las cajas del friso constituye un logro personal que recuerda los usos
compositivos de edificios manieristas o protobarrocos como la capilla del hospital
de las Cinco Llagas o la iglesia del Sagrario de Sevilla.
En cuanto a la decoración de
yeserías, ésta se extiende a modo de baquetón orlando fajas de la nave central
y claraboyas, y sobre todo cubriendo el desarrollo de las pechinas y la media
naranja, donde se distribuye en las características tramas de yeso hacia la
linterna, equilibradas con las ondulantes molduras horizontales que circundan la
bóveda.
Tanto su traza, que combina la
línea mixtilínea con detalles de roleos, como su acabado son de una altísima
calidad. En cuanto al exterior del edificio, bajo la línea de cubierta del
crucero se cierne un entablamento de orden dórico con metopas decoradas por
florones, aparentemente soportado por originales pilastras de pinjantes
invertidos.
Destaca la fachada, abierta en un
hastial que salva la diferencia de nivel de las naves con el remate mixtilíneo
de su testero.
La portada, con el reiterado
esquema de cuerpo y ático, contrapone a la aparente desnudez de su parte
principal, de pilastras jónicas aviteladas, con la exuberancia ornamental de la
calle superior, basada en el uso del estípite y el juego de planos de su
entablamento.
La capilla de San Francisco
evidencia las posibilidades creativas de Alonso Ruiz Florindo, poniendo de
relieve ante todo sus conocimientos técnicos pero también su capacidad
inventiva.
En estas fechas Alonso, esta dando
varios pasos en la conformación del estilo ornamental, comenzando atenuarse la
rigidez geométrica de algunos decorativos, como es el caso del entablamento exterior
de la ermita de San Francisco.
Mientras trabaja en la ermita afronta
dos encargos de arquitectura domestica en Fuentes: las casas n 8 de la calle
Lora del Río y n° 7 de la calle Fernando Llera y Díaz.
Casa de la calle Fernando Llera y Díaz, 7 (1753)
La casa perteneció a la familia
Fernández de Peñaranda con la que los Ruiz Florindo tuvieron muchos contactos.
Fechada en 1753, representa un paso adelante en la evolución del estilo
personal de Alonso, puesto que a él ha de atribuirse sin duda la obra.
Sobresale del conjunto la portada,
de la que se ha dicho que “es importantísima, dinámica, bien compuesta,
riquísima de motivos, capaz por sí sola de acreditar al citado artista”.
Anterior a la ermita de San Francisco, muestra un mayor grado de desarrollo formal, que se pone de manifiesto en la complejidad compositiva del marco y a la vez en la concreción de los elementos decorativos. Alonso evoluciona hacia una puesta al día de su repertorio ornamental: Mientras que el cuerpo superior de la portada de la ermita de San Francisco se asemeja a las creaciones de la retablística del momento, la de la casa de los Fernández de Peñaranda aún se remite a las complejas formas del manierismo europeo. Los estípites constituyen referente más claro. Los capiteles, que más recuerdan precedentes de la Grecia arcaica por la simplificación de las formas, y todos los fragmentos significativos del fuste, componen un estípite que a la vez delata las líneas fundamentales de un balaustre, con el jarrón central. Predominan las formas curvas y concéntricas en espirales y pinjantes.
Anterior a la ermita de San Francisco, muestra un mayor grado de desarrollo formal, que se pone de manifiesto en la complejidad compositiva del marco y a la vez en la concreción de los elementos decorativos. Alonso evoluciona hacia una puesta al día de su repertorio ornamental: Mientras que el cuerpo superior de la portada de la ermita de San Francisco se asemeja a las creaciones de la retablística del momento, la de la casa de los Fernández de Peñaranda aún se remite a las complejas formas del manierismo europeo. Los estípites constituyen referente más claro. Los capiteles, que más recuerdan precedentes de la Grecia arcaica por la simplificación de las formas, y todos los fragmentos significativos del fuste, componen un estípite que a la vez delata las líneas fundamentales de un balaustre, con el jarrón central. Predominan las formas curvas y concéntricas en espirales y pinjantes.
El arco rebajado ondeado forma parte del léxico constructivo del XVIII,
con obras tan señaladas como el del palco del Príncipe en la plaza de toros de
Sevilla, obra de Vicente de San Martín, y otros procedentes del campo de la
retablística. En el caso que nos ocupa parece una versión más abstracta del
arco de la portada del convento de San José de Fuentes, que se le atribuye a su
padre.
El quiebro del entablamento llega a un extremo no alcanzado hasta el
momento, con una fractura escalonada de la línea horizontal complicada con los
múltiples elementos ornamentales añadidos (fig. 8).
Con ser la portada el punto focal de la fachada, no es el único lugar
donde se sitúa la decoración. Alonso cuido en todo momento de evitar la
descompensación ornamental, de manera que todas las ventanas voladas se decoran
con tejaroces coronados por pináculos y una serie de pinjantes estarán
equilibrando los espacios vacíos.
La línea de separación de los dos pisos está muy marcada, enriquecida a tramos
con los citados pinjantes y desplazada en otros por la elevación de los
tejaroces de las ventanas inferiores.
El patio se abre tras el zaguán, a eje con la portada, y responde a las
características del modelo empleado en Fuentes.
Casa de la calle Lora, 8 (1755-1760)
Las analogías del cuerpo superior de la portada principal de la ermita
de San Francisco con la de la casa de la calle Lora del Río, así en el
tratamiento del festón, el uso del arco trilobulado, la configuración de
estípites y de entablamento, además de la plástica de la decoración foliar,
permite atribuir esta casa a Alonso Ruiz Florindo y fecharla a fines de la
década de los cincuenta.
Posee las características propias de la arquitectura dieciochesca del
lugar, con su mirador en planta superior a nivel de la fachada, que abre sus
vanos a la calle y al patio principal.
Este espacio interno también es muy significativo, con la superposición
de un cuerpo inferior con arcos trilobulados sostenidos por columnas dóricas y
otro superior con carpaneles sostenidos por columnas toscanas.
La portada reúne las características de la producción de Alonso, con
algunos elementos personales. Así por ejemplo las ménsulas colocadas en el
friso del cuerpo superior, que se convierten en aporte fundamental en otros
edificios y que están diseñadas como un híbrido de canecillo.
Posiblemente esta portada supone un paso más en la andadura decorativa
de Alonso hacia lo lignario y el influjo del campo de la retablística.
La de los Albornoz y otras
casas ecijanas
Basándose en los mismos antecedentes Sancho Corbacho relaciona con la
producción de Alonso la decoración de los cuatro vanos que abren al patio de
dicha casa. Tanto si se trata de obra personal del propio maestro, como si es
fruto de la influencia, las semejanzas se perciben especialmente en la
composición que recuerda a la de la casa de la calle Lora del Río.
No es habitual, en cambio, en la arquitectura fontaniega conocida tales
ornamentos dispuestos en torno a vanos de patios, puesto que las crujías de
patios suelen estar formadas por galerías con arquerías en plantas altas y
bajas.
Hay otras casas en Écija, como la casa de los Orduña, cuyo parecido se
advierte en el patio; o la casa de la calle Aguabajo.
Aparte de estas obras habría que mencionar algunos trabajos que se han
podido documentar, pese a no quedar rastro material de ellos, como el que hizo
en 1763 en la casa de Francisco Fernández y María Inés Caro en la calle Cruz de
Fuentes de Andalucía. En realidad labores menudas sin más relevancia.
Obras desde 1760
La obra fontaniega de Alonso, en especial su intervención en la
reconstrucción de la ermita de San Francisco, debió otorgar a Alonso un
protagonismo absoluto sobre la arquitectura local. En la plenitud creativa su
carrera tomará un nuevo rumbo que le vino dado por herencia. Sucedió a su padre
en la titularidad de alarife del municipio, ostentando el cargo en alternancia
con su hermano Cristóbal.
Desde fines de los años cincuenta asiste al municipio en las tareas
propias del oficio, en principio con bastante irregularidad al ser su hermano
Cristóbal el que ejerció como tal durante más años.
En 1765, en compañía del carpintero Juan Adalid y el platero Mateo de
Lara de Córdoba, es elegido para apreciar los bienes del mercader don Juan
Antonio Magai. Sus casas fueron apreciadas en 15.700 reales.
Además como alarife publico intervino durante años en los apeos de
edificios civiles.
En 1764 determinaba, en ausencia de su hermano Cristóbal, el sitio para
labrar una casa de teja en la calle San Sebastián.
En los años sucesivos apreciara diversos inmuebles, pertenecientes a
Juan Antonio de Aragón (1765), Gabriel Pérez (1766), Antonio Fariñas en calle
Flores (1766) junto con el carpintero Juan Adalid tasándola en 6659 reales,
Antonio González en calle Carrera, por 6426 reales (1766), Sebastián de
Orbaneja en calle Santa Lucia en 1766, valorada en 2402 reales; Antonio de
Flores en calle Carrera en 1767 junto al carpintero Bartolomé Naranjo por 4000
reales; herederos de Antonio Muños en 1771 en calle Huerta, Manuel de los Reyes
(1765) y Francisco de León en 1783 en calle Caldereros en 1868 reales, aquí le
asiste como carpintero Jacinto García.
Las lagunas van disminuyendo, y a partir de 1771 ocupa de una manera
habitual dicho cargo, siendo sustituido puntualmente por Juan y Cristóbal. En
1786 compartió con Juan el cargo de alarife. En estos años se titula varias
veces maestro de obras.
Pero sobre todo tuvo una destacada actuación en los edificios públicos.
En 1758 hacía obras en el Pósito por valor de 5000 reales. Igualmente, el
cabildo municipal le encarga el proyecto de las nuevas casas consistoriales en
1768.
Desde la década de los 60 Alonso es contratado para dirigir la mayoría
de las obras de ampliación de la iglesia parroquial de Fuentes.
Pero su fama traspasó los límites de su pueblo para extenderse por toda
la comarca de la campiña sevillana. Intervino en las obras de edificación de la
iglesia de la Misericordia de El Arahal. Más tarde recibe el cargo de Maestro Mayor
de las obras de la nueva población de La Luisiana, correspondiéndole la ingente
tarea de adaptar los servicios y facilitar habitabilidad de la población para
sus colonos.
Igualmente, a él se debe la importante obra del puente sobre el arroyo
Madre de Fuentes, entre los términos de La Monclova y Écija, sobre el que transitaba el camino real hacia Madrid.
Su prestigio le permitió ciertas licencias; el cabildo fontaniego esperó
para ver terminadas de su mano las obras del ayuntamiento, pese a sus continuas
ausencias. Celoso de su proyección, se hace nombrar “arquitecto” en las
escrituras públicas, y pide el reconocimiento de su labor profesional cuando ve
sus intereses atacados, como en el caso de la obra del puente sobre el arroyo
Madre.
Su obra avanza en el camino marcado por la reconstrucción de la ermita
de San Francisco. Sus diseños decorativos poseen un mayor equilibrio y un menor
abigarramiento. Se eliminan casi por completo los motivos vegetales, con
predominio de lo tectónico y anicónico, siendo el estípite el elemento más
sobresaliente. La rocalla se incorpora al ornamento a fines de los años
sesenta.
El hospital fue levantado de nueva planta junto a una ermita de
fábrica medieval desde 1743, gracias al capital de un rico indiano, Juan Leonardo Malo Manrique, agradecido a los
titulares de la hermandad por su
salvación milagrosa.
La construcción se interrumpió por problemas económicos, y la nueva
iglesia no se inauguró hasta 1761, fecha en la que aún se trabaja para realizar las yeserías de la media
naranja que vuela sobre el crucero y
las obras de terminación
de la torre. Que fue llamado atendiendo a su magnífica carta de presentación de la ermita de San
Francisco. La labor de yeso de la cúpula es parecida a la de la ermita
fontaniega. Por otro lado, el cuerpo de
campanas y el remate de la torre remiten también a los usos
constructivos de Alonso.
El campanario se abre con un único
vano trilobulado en cada frente,
flanqueado por arcaicas pilastras salomónicas, e insertado en un orden caracterizado por el uso del estípite
en ladrillo cortado. Asimismo, el juego de
volúmenes de ochavo, base troncocónica y linterna con que se remata la obra parece una versión, más lograda
en proporciones y verticalidad, que la torre parroquial de Fuentes.
Dentro del patrimonio
arquitectónico de El Arahal ha sido
relacionado con este estilo popular del ladrillo decorativo la llamada capilla de la Vera-Cruz. En efecto, en
el exterior de este edificio destaca la potente portada de acceso, configurada por cuatro balaustres de
extraordinaria limpieza de líneas
sustentados por pedestales de cantería, dispuesto el par más extremo al sesgo con respecto a la línea de
fachada. El uso de este elemento en la ordenación de la portada lleva a sus últimas consecuencias la libertad
creativa en el foco artístico de la campiña
sevillana.
Si al exterior prevalecen las
formas de los alarifes de Fuentes, en
el interior se pone de manifiesto, además, la asimilación de las novedades que se producen en la
arquitectura tardobarroca de nuestra región. Así el cornisamiento se alabea y dinamiza a través de un trazado
mixtilíneo, muy acusado también
en la traza de los óculos que recuerda a los diseños borrominescos.
Tales aspectos permiten datar la
construcción de esta pequeña capilla
en una fecha posterior a la iglesia de la Misericordia, probablemente en el
último cuarto del siglo, y por lo tanto vincularla a Alonso Ruiz Florindo de
Carmona, quien tuvo vínculos con esta localidad.
La primera ampliación de la iglesia parroquial (1764-1765) y otras agregaciones
Entre 1764 y 1765 Alonso Ruiz
Florindo dirigió la ampliación de la iglesia parroquial de Santa María la
Blanca por el lado norte, incrementándola en una nave de anchura similar a la
adyacente. Se pensó por la fábrica parroquial en abrir además dos nuevas
capillas, una bautismal y otra del Sagrario, y un cuarto para uso particular de
los curas64 (fotografías 26 y 27).
Alonso realizó la obra con un alto
grado de autonomía creativa. La nave se cubrió con bóveda de cañón. Lo más destacado
de la obra fue la puerta lateral del templo, construida en ladrillo cortado. Guarnecida
por dos columnas a cada lado sobre alto pedestal, la portada carece de
entablamento, salvo una ligera cornisa. La inventiva de Alonso se limita a lo tectónico,
como se observa en el diseño del frontón, muy pequeño y elevado sobre un plano
de límites mixtilíneos, invadiendo incluso el vuelo del techado.
Igualmente, las columnas a los
lados, tras un amplio resalte prismático, rematan en los característicos jarrones.
La puerta parece una variante del modelo de puerta decumana de Serlio, muy
utilizado en la obra de los ingenieros militares del XVIII. Su principal atractivo
radica en la fuerza expresiva del ladrillo cortado y avitelado, desnudo de
decoración y con una clara intencionalidad monumental.
La intervención de Alonso en las
obras de la iglesia continúa desde 1767, con la construcción de la sacristía,
cuarto contiguo, almacén y lugar común. Estas dependencias se construyen tras
la cabecera del templo, sobre una superficie donada para tal fin.
El arquitecto arzobispal Pedro de Silva realizó el proyecto, teniendo como maestro de las obras al alarife fontaniego. Estos espacios de uso litúrgico se dignificaron mediante la concentración decorativa en el mobiliario y paramentos murales. Alonso diseñó las yeserías que anima la bóveda de la sacristía en forma de una moldura mixtilínea que incluye en su interior motivos de rocalla y vegetales. La talla es plana y destaca la tendencia al esquematismo de las formas. Las obras se prolongaron hasta 1771.
El arquitecto arzobispal Pedro de Silva realizó el proyecto, teniendo como maestro de las obras al alarife fontaniego. Estos espacios de uso litúrgico se dignificaron mediante la concentración decorativa en el mobiliario y paramentos murales. Alonso diseñó las yeserías que anima la bóveda de la sacristía en forma de una moldura mixtilínea que incluye en su interior motivos de rocalla y vegetales. La talla es plana y destaca la tendencia al esquematismo de las formas. Las obras se prolongaron hasta 1771.
El ayuntamiento (1766-1772)
El terremoto del año 1755 dejó muy
maltrecho el antiguo edificio capitular. En consecuencia, en cabildo municipal
del 15 de marzo de 1763 se toma la decisión de nombrar dos arquitectos que
levanten la planta y el alzado de una nueva casa. Don Lope Fernández de
Peñaranda, que a la sazón ocupa interinamente el puesto de corregidor, le trasladó
el encargo a los alarifes Alonso y Andrés de Carmona el 20 de julio de ese
mismo año. Éstos presentaron su propuesta el día 27 con un presupuesto de
65.940 reales. Dicho proyecto fue remitido al Real y Supremo Consejo de
Castilla para su aprobación en 1766. El 3 de diciembre lo estudiaba Ventura
Rodríguez quien emitía una opinión adversa al mismo:
“La traza
no está con la claridad e inteligencia que es menester para explicar la forma
del edificio, pues no corresponde la planta con la elevación, ni ésta con las
condiciones, ni las condiciones con la tasa, de que resulta una suma confusión
y deformidad.”
Si bien es cierto que se producen
incongruencias en el proyecto al no coincidir los datos aportados por los
diversos documentos, no son más que cuestiones de forma que ocultan la
oposición de Ventura Rodríguez a los planteamientos estéticos del edificio, con
una densidad ornamental nada agradable a sus ojos.
En respuesta, ofrece su nueva
versión con un presupuesto que asciende a 77.000 reales, que es enviada al
Consejo en mayo de 1767, en donde obtiene el visto bueno y la petición de que
sea llevada a cabo una subasta para su adjudicación. A la misma se presentaron
Alonso Ruiz Florindo e Ignacio Moreno, Maestro Mayor de los Reales Alcázares de
Sevilla, aunque quedó sin adjudicar por la objeción que se hizo al uso de la
piedra como material de construcción, dado que la carencia de la misma en el
término encarecería mucho la obra.
De manera que fue devuelto el
proyecto con la referida indicación, a lo que Ventura Rodríguez contestó
aceptando la modificación en octubre de 1767, sugiriendo el nombre de Ignacio
Moreno como el del más capacitado de los arquitectos interesados en la obra.
El 19 de febrero de 1768 fue
rematada definitivamente la construcción de las casas capitulares en Alonso
Ruiz Florindo por 68.000 reales, después de haberse hecho la consiguiente
oferta pública en la localidad y en los pueblos colindantes.
Previo al contrato de obra hay un
acuerdo firmado por Alonso Ruiz Florindo y don Beltrán de Benauta el 1 de marzo
de 1768 por el que fija las condiciones de agregación de una propiedad aneja.
Una casa propiedad de don Andrés y don Miguel de Carmona Tamariz, vecinos de
Alba de Tormes, cuyo solar fue valorado en 11.000 reales, a pagar la mitad por
los contratistas, por aprovechamiento de los materiales del derribo que
ascendía a la misma cantidad.
La obligación para ejecutar las
obras según los planos de Ventura Rodríguez, arquitecto Mayor de la Corte,
tiene fecha del primero de diciembre de 1768.
En enero de 1771 solicita el
maestro el pago del primer tercio de la obra, 22.666 reales. En mayo de 1771 se
paga el segundo tercio de la obra, quedando pendiente el resto que se le
abonará al año siguiente.
El edificio fue construido bajo
diseño de Ventura Rodríguez con modificaciones de Ignacio Moreno. El director
de las obras fue Alonso Ruiz y las concluyó en 1772.
Ignacio Moreno introduce reformas
en la distribución espacial, teniendo en cuenta la concurrencia de todas las
partes, pues el resultado se asemeja a lo propuesto por cada uno de los
maestros que, en el fondo, no difería mucho.
La regularidad de este espacio
facilitó su organización y dio lugar a que las tres propuestas tuvieran
soluciones semejantes. Alonso ejecutó su propio proyecto distributivo que
apenas se apartaba del resto.
La puerta principal, situada junto
al vértice derecho de la fachada, conducía, tras un zaguán, a una escalera que
llevaba a las estancias principales, de las que estaba más inmediata la sala
capitular en cuyo muro derecho se abre la sala de secretos y la del archivo.
Como el dibujo de la planta no dejó
especificado si esta compartimentación era en el bajo o en el alto, ha dado
lugar a confusas interpretaciones.
El diseño de Moreno ofrecía una
mayor independencia del módulo carcelario.
En planta baja, pero con acceso por la otra puerta, situada en el ángulo opuesto de la misma
crujía, estaban las dependencias carcelarias, con una distribución similar. El ayuntamiento había hecho
consultas en 1769 sobre la posibilidad
de dedicar la primera pieza de la planta baja a sala capitular baja.
Ignacio Moreno giró visita para
estudiar la petición, de sus conclusiones el Consejo de Castilla determinó denegarla y mantener esta dependencia como
prisión para presos de clase.
Cristóbal Ruiz Florindo, hermano de
Alonso, se hizo cargo de gran parte de
la edificación, puesto que el adjudicatario tendrá en esas mismas fechas otras ocupaciones inexcusables.
El resultado de este trabajo es un
edificio desornamentado cuya única
concesión a la decoración proviene de la tectónica. Como toda
la producción de Ventura Rodríguez a partir de 1760, que entra dentro de un periodo que se ha dado en llamar
“funcionalista”, una evolución hacia la
pureza arquitectónica y el abandono
del añadido decorativo.
Las líneas cenadas del cuerpo prismático de este edificio
refuerzan la aparente compacidad volumétrica.
Por otro lado el seriado y la regularidad de huecos establecen un paralelismo de edificio con la arquitectura
doméstica. El equilibrio no obstante impera
y obliga a señalar un marco similar al portal del extremo opuesto. El ritmo continuo de los huecos produce
cierta monotonía. Los únicos elementos ornamentales
son los remarcos dispuestos en dos y tres niveles de profundidad y las ménsulas y placas bulbosas que
sostienen los balcones, como derivación del modelo barroco empleado bajo los balcones y la placa clasicista de
sobredintel. El sistema utilizado para enriquecer
plásticamente los vanos, con la superposición de planos, recuenta las soluciones que los seguidores de Tosca
están empleando en Valencia, como ocurre
con la iglesia del Temple, de Miguel Fernández (1761).
Ventura Rodríguez no dispuso el uso
de esas placas bubosas sanadas bajo
los balcones y entre ménsulas. Parece ser una novedad introducida por Alonso o su hermano Cristóbal, a imitación de
otros pedestales usados en la arquitectura
civil sevillana.
Por último, el dibujo del alzado,
adjudicado a Alonso Ruiz Florindo, muestra
las formas desarrolladas por la arquitectura de la comarca ecijana durante el XVIII.
Recordemos en este las obras que se
realizan por estos años en las
casas miradores de la plaza mayor de Écija, o la construcción del ayuntamiento
de Lora del río. El proyecto de Ruiz Florindo y Carmona divide la superficie
mural mediante elementos verticales, pilastras, y horizontales, cornisamento. A
su vez, su diseño dispone dos unidades diversas: una caracterizada por los
vanos cerrados por una rica guarnición mixtilínea, y otra resuelta en una
loggia, a la manera tradicional para las casas consistoriales de la tierra,
abierta en arcos, con balcón en el piso superior, y estípites como simulado
soporte. El aspecto lignario, a tono con la evolución que experimenta la
arquitectura del maestro, bien pudo ser intensificado por las indicaciones del
alarife carpintero y familiar Andrés Carmona; parece reducirse el aparato
vegetal en la decoración, y aparece la rocalla, un fragmento de significación
formal que había soslayado hasta el momento.
Otras obras públicas
Como maestro inteligente en cañerías, en 1764, le
fue encomendada por el ayuntamiento la inspección y la solución a los problemas
de agua que sufría el pueblo, una tarea de la que años más tarde se
denunciarían ciertas deficiencias de ejecución. Se decía que una de las cuatro
esquinas de la fuente se había resentido, a lo que el maestro repuso el
problema era debido a una puesta en marcha anticipada. Esta cuestión salía a
relucir a la par que era encargada la limpieza de la fuente a Cristóbal.
Intervino en 1771 en el
aterraplenado del terreno a la salida del arco del palacio, con un costo
estimado por Cristóbal Ruiz Florindo en 3.000 ó 4.000 reales.
En 1769 se remató en Alonso la obra
del puente sobre el arroyo de la Madre, de que se habían seguido autos en Écija.
Con tal motivo apodera a su yerno don Beltrán de Benauta y Abadía para firmar
la obligación. Tuvo algunas anomalías que obligaron al artista a presentarse
ante los tribunales.
En 1772 daba poder a Antonio
Pellicer para que le defendiera de las acusaciones que pesaban en su contra por
demasía en la construcción del puente, exponiendo las causas, principalmente haberse
aumentado contra su voluntad en algunas de sus dimensiones, elevación y
longitud.
El puente se encontraba en el
arrecife que recorría los términos de la Monclova y Écija, sobre el arroyo de
la Madre. Posiblemente la obra quedó enmascarada con los sucesivos arreglos del
camino real, sobre todo con las obras realizadas en la segunda mitad del siglo
XIX, que son las que parecen apreciarse bajo la mole de hormigón colocada en
los años noventa de este siglo. Madoz, que pudo conocer la obra de Ruiz
Florindo, lo describe como un “buen puente”.
Alonso, arquitecto de la Nueva Población de La Luisiana (1771)
En 1771, mientras andaba ocupado en
la conclusión del ayuntamiento de Fuentes, le fue encomendada una tarea de gran
envergadura, la dirección de las obras que se llevaban a cabo en la cercana
población de La Luisiana.
En mayo de ese año facultaba a su
hermano Cristóbal para que le sustituyera en caso preciso en los trabajos de
Fuentes, dado que su dedicación a la
gran empresa de la Nueva Población le ocupaba mucho tiempo. Ejercía como Maestro Mayor de la misma: “esttándolo [nombrado] ttambién ttodas las obras de la Real y nueva población de la
Luisiana como maestro maior de ella”.
Cabe preguntarse el grado de
responsabilidad creativa que tal nombramiento
acarreaba sobre la arquitectura de la localidad.
El cese, en agosto de 1770, de la
mayoría de los ingenieros militares
que habían dirigido hasta el momento la construcción de las Nuevas Poblaciones, obligó a contratar a los arquitectos
civiles de las comarcas colindantes.
Así ocurrió en La Carolina, donde pasó a trabajar Jorge Barbery.
Por tanto
es posible que Alonso Ruiz
Florindo fuera nombrado en esas
circunstancias. Poco antes de 1769, el propio Intendente Olavide había
solicitado, a los maestros radicados
en Fuentes y otras poblaciones cercanas, la asistencia técnica para acelerar el proceso constructivo de la nueva
población.
Los nuevos Maestros Mayores tenían
encomendada la dirección de
obra, y sólo en casos muy determinados, en el de aquéllos que estaban facultados, podrían
proyectar.
Por otro lado, el urbanismo de La Luisiana estaba definido ya a principio
de los setenta. Se conocen los nombres autores
del macroproyecto urbanizador de toda la comarca, pertenecientes a los ingenieros reales Simón Desnaux,
Casimiro Isaba y José González Terminar.
En definitiva, el papel que Alonso
Ruiz Florindo pudo jugar en la Nueva Población se reduciría a
la conducción de las obras ya iniciadas
y en todo caso, dada su capacidad, podría haber diseñado algunos edificios. Es muy posible que diera
planos para la casa de Postas, construida antes de 177587, lo que coincide con la fecha de nombramiento en el cargo. El
edificio es de planta rectangular con separación de la zona de hospedaje que gira en torno a un patio de dos plantas con arcos de medio panto. La
portada repite las formas utilizadas en la comarca, con decoración de clave y pinjantes, aunque en un tono sobrio, como
corresponde a la ocasión constructiva y
la tipología edilicia.
La iglesia de Fuentes, es un edificio rectangular de tres naves que emplea las columnas como soporte. Ha sido relacionada con las creaciones de la comarca de Écija, sobre todo debido al rico perfil de la cúpula.
La iglesia de Fuentes, es un edificio rectangular de tres naves que emplea las columnas como soporte. Ha sido relacionada con las creaciones de la comarca de Écija, sobre todo debido al rico perfil de la cúpula.
Este edificio muestra un repertorio
ornamental y un concepto del espacio cercanos al rococó. Sobresale la diafanidad
del cuerpo de iglesia, recuerdo propio del arte centroeuropeo, donde los
ámbitos eclesiales son despejados por efecto de la amplitud espacial, el acertado
manejo de los focos de luz y sobre todo la esbeltez de los soportes. En La
Luisiana no sólo se recurre al adelgazamiento de los fustes columnarios, sino que
también se abren óculos en el propio presbiterio. El ornamento también es trasunto
de ese barroco tardío europeo: he ahí las formas vegetales de las pechinas.
La fachada no puede ser estudiada
por ser obra contemporánea, fruto de una reforma efectuada en nuestro siglo. En
fotografías antiguas puede verse que en su estado primitivo estaba compuesta
por un pórtico que antecedía al resto, con un arco de medio punto sin mayor
ornamento, y que la espadaña estaba decorada por pilastras de fuste liso.
El compromiso de Alonso Ruiz Florindo
en la construcción de las Nuevas Poblaciones pudo llevarle a trabajar a otros
núcleos vecinos a La Luisiana, aunque la falta de documentos que confirmen este
punto debe hacernos mover en el terreno de la hipótesis.
En este sentido Rivas Carmona ha
relacionado el repertorio ornamental de los edificios de las nuevas colonias de
la parrilla cordobesa con la actividad de maestros del área ecijana,
mencionando expresamente las similitudes formales con la obra de los Ruiz
Florindo en construcciones de la villa de La Carlota como el palacio de
Intendencia, la iglesia parroquial o el propio cementerio de esta localidad.
FUENTES INFOMATIVAS.-
Internet.
El libro “Fuentes de Andalucía y la arquitectura
barroca de los Ruiz Florindo” de Francisco Ollero Lobato y Fernando Quiles
García.
Archivos parroquiales.
Archivos municipales del ayuntamiento de Fuentes de Andalucía.
Archivos municipales del ayuntamiento de Fuentes de Andalucía.







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2 comentarios:
Amigo Paco; otro de tus magistrales artículos,esta vez le ha tocado a los grandes alarifes fontaniegos los cuales han dejado para la posteridad una imborrable huella(si no actúa la piqueta Dios no lo quiera) en los muchos edificios que tu relacionas con toda profusión de detalles.
Sigue deleitándonos con tus amenos artículos y así por lo menos a mi me sacarás de la ignorancia y llegaré al conocimiento de los grandes personajes de nuestro pueblo.
Un cariñoso saludo
Amigo Paco, muy buena exposición de las obras realizadas por los Ruiz Florindo, si no fuera por las personas que publican estos temas estaríamos en la mas pura ignorancia.
Muchas gracias por ilustrarnos.
Un cordial saludo
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