El 11 de febrero del año 1844, a las cuatros de la mañana, nace en Fuentes de Andalucía. Bautizaron a Celia el día 13 de febrero.
El 4 de enero de 1862 se casa con Paulino Fernández de Córdoba, marqués de la Puebla de Obando, en la cátedra de Sevilla, ella con diecisiete años.
El 16 de agosto de 1874 se queda viuda.
En abril de 1876, Celia y su madre regresan a Fuentes de Andalucía.Una vez en Fuentes, intenta crear un orfanato para niñas pobres, pero el alcalde José Mª de Llera y Díaz lo impide, por asuntos politicos.
En el 1875 en una visita a su marquesado de la Puebla de Obando, conoce a su párroco Marcelo Spínola, y éste la convence para fundar la Congregación de Esclavas del Sagrado Corazón.
Celia Méndez, al ingresar en religiosidad, cambia su nombre por el de Madre María Teresa del Corazón de Jesús.
Murió en Sevilla el 2 de junio de 1908 y sus restos mortales reposan en la iglesia de la Inmaculada Concepción. Su santificación esta pendiente.
BIOGRAFIA DETALLADA
En el año 1844, Fuentes de Andalucía era una villa con Ayuntamiento al que estaba agregado el despacho del castillo de la Monclova. Tenía 800 casas, con 30 calles, dos plazas, en la principal de la cual se halla la casa consistorial, de arquitectura moderna de buen gusto, cárcel insegura, un pósito con 3.256 fanegas de trigo, un pequeño hospital "hospital San Sebastián", (hoy, casa de la cultura) sin rentas, escuela de primera enseñanza dotada con 4.000 reales anuales (actual consultorio de los médicos) y establecida en el ex convento de Mercenarios Descalzos; otras dos particulares y dos de niñas sostenidas con la retribución de los alumnos. El cementerio se hallaba enclavado a 500 pasos al norte de la población, edificado a expensas de un particular con bastante solidez y buen gusto. Tenía estafeta de Correos que dependía de la administración de La Luisiana. Su industria se reducía a la agrícola, con más de 30 tahonas y 12 molinos aceiteros. Su censo ascendía a 1.411 vecinos que sumaban 5.915 almas. Su capacidad productora alcanzaba la cantidad de 19.974.300 reales. Su capital imponible era de 674.944 reales. Por contribución pagaba la cantidad de 281.184 reales.
El 11 de febrero del año 1844, a las cuatros de la mañana, nace en Fuentes de Andalucía Celia Méndez y Delgado, precisamente en la casa de la calle Carrera número 15. Del casamiento constituido por don Manuel Méndez y Creus, nativo de Sevilla, y doña Ana Delgado y Parejo, oriunda de Puente Genil. Antes de Celia, tuvieron un hijo que nació en 1841, y le pusieron de nombre Ricardo.
Don Manuel era auditor de Marina y juez de Primera Instancia, (hay que tener en cuenta que Fuentes de Andalucía fue erigido por Real Orden del 24 de Abril de 1840, en cabeza de partido judicial - antes pertenecía al partido judicial de Marchena- compuesto por los pueblos: La Campana, La Luisiana, Campillo y Caña del Rosal). También era caballero de la Real Orden Militar de Alcántara y maestrante de la de Ronda. Con el tiempo sería magistrado de la audiencia de Madrid. La familia Méndez provenía de Higuera de la Sierra, a pocos kilómetros de Aracena, y eran hijosdalgos desde mediados del siglo XVII. El padre de don Manuel había sido cuadrillero mayor de la Real Hermandad de Toledo, gentilhombre con ejercicio, caballero de la Real Orden de Carlos II y maestrante de Ronda. Casó con doña Juana Creus y Soler, originaria de una antigua familia de Menorca.
Doña Ana Delgado, madre de Celia, era hija de don Juan Delgado y Montoro, natural de Arjona, y de doña Juana Parejo y Cañero, natural de Puente Genil. Los tres hermanos de doña Ana se llamaban Francisco, Carlos y Manuel y eran caballero de Calatrava, de Santiago y de Alcántara, respectivamente.
Bautizaron a Celia el día 13 de febrero y se celebró por todo lo alto. Fueron sus padrinos don José María de Soto y su señora doña Josefa Adalid, y testigos don Manuel Beltrán y don Francisco Colorado. El sacramento le fue administrado en la pila bautismal de la parroquia de Fuentes de Andalucía, Santa María la Blanca, por el cura teniente de la iglesia parroquial y capellán del convento de la Merced de Fuentes de Andalucía, don Fernando Conejero. Al nombre de Celia los padres le aumentaron en los documentos parroquiales los de María del Carmen, Francisca, Gertrudis, Juana, Josefa, Teresa, de la Santísima Trinidad.
Pero el 24 de mayo de 1846, el gobierno dicta una ley en la que Fuentes de Andalucía deja de ser cabeza de partido judicial y sus pueblos se distribuyen del modo siguiente: Fuentes, La Luisiana El Campillo y Cañada del Rosal al de Écija, y La Campana al de Carmona. Don Manuel Méndez y Creus es destinado al juzgado de Carmona, pero su familia se queda en Fuentes de Andalucía. Como medios de transporte ese año, había "galeras cosarias" con bestia a Carmona, una vez a la semana. Pero por la carretera nacional, en el cruce donde había una posada, pasaban galeras cosarias de Córdoba y Écija, que pasaban hacia Sevilla dos veces a la semana; la primera los miércoles y domingo, y la segunda los martes y viernes. También salía de Fuentes una galera cosaria con carros para Osuna.Celia pasaba el tiempo junto a su hermano Ricardo, espigada y perspicaz. Una niña agraciada, dice su primera biografía, con una infancia compartida. Los veranos los pasaba en Puente Genil, donde vivía la abuela de Celia y el resto del año en Fuentes de Andalucía, en la casa de la calle Carrera, que tenía la fachada principal por dicha calle, pero las cuadras y la cochera de entrada de los carruajes por la calle Arenal, hoy Maestro Vilches. La casa tenía patio sevillano y cancela que lo dejaba entrever, cinco balcones, tres a la calle Carrera y dos a la calle Arenal y un gran cierre de cristales.
En el año 1852, Celia tenía ocho años cuando murió su hermano, Ricardo: de una caída de caballo le había surgido una rara enfermedad. Los facultativos de Fuentes de Andalucía primero y luego los de Sevilla, le determinaron que estaba desahuciado. No obstante sus padres, con una luz de ilusión le trasladan al balneario de Carratraca, para que tomara los baños y le repare la salud. No fue posible. Allí, a los trece años, tuvieron el inmenso dolor de perderlo. Sería éste el primer desgarro en la vida de Celia Méndez, su primera relación con la muerte, con la que tanto se había de habituar después. El cuerpo del niño fue llevado a Puente Genil, entre la angustia de la familia, para ser sepultado en el panteón familiar.
Tras los primeros meses de pesar, don Manuel soluciona trasladarse con su familia a Sevilla. Tanto en Fuentes de Andalucía como en Puente Genil no hallaban más que memorias dolorosas; y en Sevilla, lejos de los abatidos escenarios en donde todavía concebía escucharse la risita del muchacho, reunirían todo su amor en aquella joven que solicitaba ya una instrucción concordada a su posición. Detrás permaneció la casa familiar pontanense, regida por la abuela de Celia. Y atrás se marcharon las correrías por las calles de Fuentes de Andalucía, los juego de su casa de la calle Carrera y las memorias extinguidas del niño muerto.
Don Manuel, doña Ana y Celia, se ubican en el centro de Sevilla. Primero en la calle Martínez Montañés y después en calle Zaragoza número 17, y años más tarde vivirán en la plaza Nueva.
Educadores muy selectos terminan por dar remate a la instrucción que solicitaba una señorita de la condición de Celia Méndez. Cultura general, francés, piano, dibujo, labores, equitación. A los quince años ya especulan sus padres que está bien constituida culturalmente, preparada para ser presentada a la florida sociedad sevillana. El padre alertaba de cerca aquella resplandeciente mocedad y no entorpecía nada a su hija en aquello que iba avivando su personalidad.
El miércoles 25 de enero de 1860, en un periódico de la época, "La Andalucía" dice así:"El domingo se celebró en la iglesia parroquial de San Roque, con una suntuosidad extraordinaria, el bautizo de un niño que el día anterior había dado a luz Antonia López, esposa de un cazador del Regimiento de Luchana, que en la actualidad se encuentra en África defendiendo, con sus compañeros, la honra de nuestro pabellón. Las circunstancias que han mediado en este año nos impulsan a tomar la pluma para consignarlas en las columnas de La Andalucía; no para enaltecerlas, porque repetimos lo que ya hemos dicho muchas veces: hay actos cuyo mérito no puede realzar más los elogios. Noticias a la señora doña Ana Delgado de Méndez de que aquella infeliz se hallaba en tan crítico estado y con su esposo ausente, se dirige a visitarla, le regala una buena cama se ofrece a costear todos los gastos de la cuarentena, añade un donativo de vestidos para el hijo recién nacido del cazador de León, y finalmente se dispone a costear el bautizo, que se verificó, según dejamos dicho, el domingo siendo madrina la señorita Celia Méndez y Delgado, hija de aquella señora y una de las más preciosas joyas con que se engalana la buena sociedad de Sevilla".
En unas anotaciones obtenidas de las cartas de Madre Carmen, religiosa esclava, al jesuita Padre Linares, se observa:"Puedo contarle a usted otro episodio… Es el siguiente volvía victoriosa a España el batallón de Húsares de la Princesa, en el que figuraba como oficial el marqués de la Puebla… A recibirlos en Sevilla acudió inmensa multitud. Un grupo de jóvenes de la aristocracia sevillana se acercó para obsequiar con flores a los bravos oficiales; entre ellos iba Celia, y su flores, ofrecidas con sencillez, quedaron en las manos del marqués, cuyas miradas se detuvieron más en aquella de quien las recibiera que en las mismas flores".
El soldado era Paulino Fernández de Córdoba, marqués de la Puebla de Obando, hijo de los condes de la Puebla del Maestre, grandes de España. Compasivo, ilustre, noble, héroe, joven y gallardo. Celia Méndez se desconcertaría ante tantos modos y sobre seguro que su corazón comenzaría palpitar. Nada dijo Paulino a la joven de sus aspiraciones en aquel primer encuentro, pero pronto halló una fecha para notificarle a su padre, don Manuel, lo que intentaba ser un amor puro y profundo. El señor Méndez permaneció orgulloso con las razones del joven, pero no pretendió prometer nada hasta no hablar primero con su hija, en la que ya había advertido cierta simpatía hacia el marqués. Doña Ana Delgado se rindió sin condiciones.
El 4 de enero de 1862 se enlazaban en la cátedra de Sevilla, ella con diecisiete años, consagra la unión don Fernando Conejero, el cura de Fuentes de Andalucía que la bautizó. Los testigos de la boda fueron: don Luis López Cordón, capitán del Regimiento de Húsares de la Princesa, don Joaquín de Urbina, auditor de Guerra, marqués de la Motilla. Por deseo de la novia se han repartido mil hogazas de pan a los pobres de Fuentes de Andalucía y de Puente Genil.
Los marqueses de la Puebla de Obando viven muy felices. No hay grieta en aquella sana felicidad. Un amor alegre impaciente sólo por la falta de los hijos, que no llegan. Los padres de ella, permanecen en un segundo plano. La casa es hermosa, alegre, muy sevillana. Viven en Plaza Nueva, a un paso del Ayuntamiento y a dos pasos de la Giralda.
En septiembre de 1870 se asiente gravemente enfermo don Manuel Méndez. Muchas horas persistió junto a su cama con un filial cuidado lleno de delicadeza. El 18 de octubre, abandona don Manuel este mundo, abandonando a su hija con el corazón fatigado de sufrimiento.
El 16 de agosto de 1874 despuntó el día lleno de negros auspicios; deteniendo las manos del esposo de Celia, fue estimando como aquella vida tan valorada se fugaba de las suyas. Todo estaba ya dado. La muerte venía ahora a escribir la promesa; su casamiento se vio mutilado por la muerte precoz de su esposo. El cadáver del marqués de la Puebla de Obando fue trasladado al mausoleo familiar de Puente Genil, donde permanecían los restos de don Manuel Méndez, el padre de Celia, y donde reposaba su hermano Ricardo.
Celia vuelve a Fuentes de Andalucía algunos días después, con teinta años, viuda y vencida en lo físico y en lo moral. Los doce años de matrimonio parecían ahora como un sueño.
Su madre, doña Ana y algunos parientes y amigos afines, se la llevaron a Sevilla y procuraban por todos los medios sacarla de aquel ensimismamiento que, de momento, sólo eran deseos de superación. Pero ella sabía bien que todos las distracciones que le brindaban para aminorar su padecimiento eran inservibles y que en lo más profundo de su alma lastimada se levantaba ya una apetencia de Dios que ella tenía que ir ordenando con la ayuda de alguien muy astuto en las entes divinos.
Con treinta años, viuda y sin hijos, Celia Méndez siente hondamente ese gran desconsuelo de su vida y emprende el vivir sus dogmas religiosos con más ímpetu, buscando un director espiritual que oriente su camino, Celia Méndez asiste al confesionario, muy célebre en Sevilla en aquella época, del entonces párroco de San Lorenzo, Marcelo Spínola y Maestre.
En abril de 1876, Celia y su madre se trasladan a Fuentes de Andalucía. A la marquesa le punza mucho tener que abandonar sus diligencias catequísticas, y más aún apartarse de don Marcelo, pues todavía se nota insegura en el camino que está preparadando andar, valga lo que valga. Pero doña Ana le impone pasar un período en Fuentes de Andalucía, donde viven muchos amigos de ellas. Celia quiere agradarla y, al mismo tiempo, tener ocasión de visitar las calles por donde jugaba con su hermano Ricardo.
Pero lo que no quiere es derrochar el tiempo. Una vez en Fuentes, intenta crear un orfanato para niñas pobres, para llevar adelante sus proyectos acude al alcalde accidental, su amigo don Sebastián Soto Adalid, hijo de su padrinos de bautizo, quien de momento se muestra muy propicio a dirigir a Celia en el tiempo que dure su estancia en Fuentes de Andalucía. Pero cuando llega el alcalde, que estaba en Madrid, don José María de Llera y Díaz del partido liberal, no entiende en absoluto los fervores ni las aspiraciones de Celia y pone muchos obstáculos. Celia escribe a don Marcelo y éste la manda a llamar a Sevilla. Este encuentro de la marquesa viuda de la Puebla de Obando, en 1875, con el párroco Spínola es el inicio de un largo y fructífero camino, a veces salpicado de dificultades y de espinas, que llegará con el nacimiento el 26 de julio de 1885 en Coria, Cáceres, diócesis de la que es prelado Marcelo Spínola, de la Congregación de Esclavas del Sagrado Corazón.
Volvamos un poco hacia atrás. El 6 de mayo de 1883 muere doña Ana. Celia la ha cuidado hasta el último momento. Ha poseído la suerte la señora de que sea el obispo don Marcelo Spínola quien la disponga a bien morir. Sí, doña Ana Delgado ha abandonado este mundo entre invocaciones y versículos de ilusiones. Ha tomado todos los sacramentos. Aparecieron familiares de fuera y los amigos más íntimos. Todos se ha hecho muy sosegadamente, con la amargura humilde de la paz de los creyente. Doña Ana descansa ya en el panteón familiar de Puente Genil, junto a su marido, junto a su hijo, Ricardo, junto al marqués de La Puebla de Obando. Celia vuelve a Sevilla preparada a todo. El Señor la ha dejado sola en este valle de lágrimas. Ya no hay uniones familiares. Ya no hay responsabilidades sociales. Ya no hay más que un corazón atraído por Dios y una aspiración de sumisión a ese Amor.Persuadida de que la instrucción de la juventud era el punto clave para la transformación de la sociedad funda la congregación de Esclavas del Divino Corazón, con don Marcelo Spínola, hoy extendidas por España: Coria, Málaga, Ronda, Corte, Moguer, Linares, Sevilla. Luego cederán los fronteras y se situarán por todo el mundo: América, Japón, Italia y Filipinas.
Celia Méndez, al ingresar en religiosidad, cambia su nombre por el de Madre María Teresa del Corazón de Jesús. Desde la fundación del instituto hasta su muerte, durante 23 años, Madre María Teresa del Corazón de Jesús rigió la congregación con sensatez y conocimiento, induciéndola en su formar catequístico educativo.
Celia Méndez tuvo una energía que concedió sin prudencias a la voluntad divina. Como efectiva esclava del Corazón de Cristo, la fundadora murió en Sevilla el 2 de junio de 1908, entre azucenas; eran las diez menos cuarto, hacía tres meses que había cumplido sesenta y cuatro años. La envolvieron con el hábito remendado que había vestido por vez primera en Coria, un hábito que abreviaba la historia de una esclavitud. Se propagó la noticia por toda Sevilla, por Fuentes de Andalucía y por Puente Genil, y con las primeras luces emprendieron camino sus amigos, benefactores y devotos, que anhelaban pasar por su cuerpo medallas, rosarios, estampas e ilustraciones. Se anegó su aposento de flores. Dos días y dos noches estuvo el cuerpo expuesto a al devoción del pueblo.
El pueblo de Fuentes de Andalucía estuvo representado en los actos fúnebres por su Corporación municipal, a la cabeza su alcalde don Francisco Javier de Escalera Fernández de Peñaranda, seguido de los concejales : don José González Hernández, don Antonio Conde Hidalgo, don Sebastián Gamero Hidalgo, don José Muñoz López, don Julio Velásquez Ruiz, don Castos Larios Gracne, don Ricardo Lozano Hernández, don José María Caso Ruiz, don Juan Jiménez Flores y don Francisco Ruiz Ruiz
Sus restos mortales reposan en la iglesia de la Inmaculada Concepción, que ella misma había ordenado levantar en distinción de este enigma de María, tan querido por la fundadora y por su congregación.
Su santificación esta pendiente.
Fuentes consultadas: Internet. Los libros: "Servir es Reinar" de don Francisco Garfias, "Del mundo elegante a las celdas de un claustro" de don Pedro Cantero. Archivo parroquial de Fuentes de Andalucía. Archivo municipal de Fuentes de Andalucía. Hemeroteca de Sevilla. Árticulo publicado en el periódico "ABC" del día 2 de junio de 1985.
2 comentarios:
¡¡Hola!! Soy una alumna de uno de los colegios de la congregación de las esclavas, y buscando información sobre Celia Méndez, dí con esta entrada de blog. Me parece una biografía muy interesante y está muy bien redactada. Me ha servido de mucho la información sobre nuestra fundadora. Muchísimas gracias.
Hola Patricia. Me gusta que te halla gustado, yo quiero que los personajes que han nacido en mi pueblo, Fuentes de Andalucía, se han conocidos en el mundo entero. De verdad gracia Patricia.
Paco Rodríguez
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